El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 19
39%

Capítulo 19

Seda, penumbra y un suspiro

Caden

Ivanna fue la primera en levantarse de la mesa.

Con una sonrisa suave para Doris y un gesto de despedida para el resto, se retiró hacia la habitación principal.

En cuanto sus pasos se perdieron escaleras arriba, la mesa se relajó en una ronda de chistes y bromas ligeras.

Estuve un rato más conversando con mis hombres sobre el trabajo del día siguiente hasta que la noche terminó por asentarse por completo.

Bill se puso de pie, se acomodó el sombrero y me dio una palmadita en el hombro antes de salir hacia la puerta.

—Me voy a mi rancho, Caden —dijo guiñándome un ojo—. Suerte con tu mujer... creo que la vas a necesitar.

Todos se fueron retirando uno a uno a sus dormitorios, yo me quedé solo en el comedor en penumbras, tengo que admitirlo: sentí algo de miedo de subir a esa habitación.

Dominar a un ejército de hombres lobo o negociar millones en el corporativo era un juego de niños comparado con la tensión de compartir mi espacio a solas con Ivanna.

Finalmente, subí las escaleras a pasos lentos.

Abrí la puerta con cautela y el espectáculo que se presentó ante mis ojos me dejó sin aliento.

Ivanna estaba en la cama, metida en las cobijas hasta la cintura. Llevaba puesto un camisón de seda largo de color marfil que se amoldaba con sutileza a su figura, tenía el cabello suelto, cayendo en ondas rubias y alborotadas sobre sus hombros... exactamente como la recordaba cuando era una niña.

Sonreí sin poder evitarlo; la nostalgia y el deseo se mezclaron de un modo peligroso en mi pecho. Giré la cabeza para disimular, me adentré en el baño, me despojé de la ropa del día y salí vistiendo únicamente un bóxer negro.

En cuanto crucé el marco de la puerta, Ivanna dio un brinco en la cama y me miró con los ojos abiertos de par en par, mientras el rubor comenzaba a encendérsele en las mejillas.

—¡Caden! ¿Qué haces? —exclamó acomodándose el edredón contra el pecho.

—Pues dormir ¿Qué otra cosa voy a hacer? —respondí con total naturalidad, caminando hacia mi lado de la cama.

—¿Pero por qué no tienes ropa?

—Sí tengo —dije señalando la prenda negra—. Tengo puesto un bóxer, y lo hago por ti, te lo advierto porque yo suelo dormir completamente desnudo, pero dormiré así para no incomodarte por ahora.

Ivanna

Mi corazón no dejaba de latir cuando Caden finalmente entro a la habitación yo estaba en la cama con mi ropa de dormir puesta, me había acomodado en uno de los extremos, y estaba intentando calmarme para descansar, cuando apareció frente a mí, vestido únicamente con unos diminutos bóxer color negro, que no pude evitar mirar con fascinación «¡Dios mío!

», chilló mi loba interna en el fondo de mi mente, dando vueltas de pura euforia.

«¡Es un Adonis! Mira ese torso esculpido, no tiene ni un solo gramo de grasa...

¡¿Cómo se puede estar tan bueno?! Y es solo nuestro... ¡todo un macho Alfa!».

Sentí cómo el rostro me quemaba, apreté las mantas entre mis dedos, tratando de ignorar la forma en que los músculos de su abdomen y de su espalda se marcaban a cada movimiento, me resultaba imposible no mirarlo.

Caden tomó el control remoto de la mesa de noche, me observó de reojo y arqueó una ceja con una sonrisa inclinada.

—¿Por qué estás tan sonrojada, princesa? ¿Viste algo que te agrade?

—¡No lo estoy! ¡Lo que pasa es que te crees irresistible! —negué de inmediato, desviando la mirada hacia la televisión con torpeza. Caden soltó una risita baja y profunda que me erizó los bellos de los brazos.

Caden

Mi lobo tomó el control dentro de mi cabeza al verla tan vulnerable y hermosa entre las sábanas de mi cama.

«Esta mujer es realmente bella... y es nuestra Luna», rugió la bestia, frotándose en mi conciencia.

«¿Qué estás esperando? ¡Marquémosla de una vez!

». «Nooo», le respondí tajante a mi lobo, cortando sus impulsos. «Te dije que a mi manera».

Apagué la televisión con el control remoto, mientras la habitación, quedó sumergida en una penumbra cálida, iluminada únicamente por la luz de la luna que se filtraba entre las cortinas, y yo me acomodé de mi lado de la cama, manteniendo la distancia prometida, pero en cuestión de segundos el aroma dulce e inconfundible a lavanda que despedía Ivanna envolvió todo a mi alrededor.

Inhalé hondo, cerré los ojos y, por primera vez en años, me dejé llevar por un sueño profundo y reparador.