El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 14
29%

Capítulo 14

Fuego cruzado

Ivanna

El silencio en la tienda se podía cortar con una navaja, Brenda dio un paso atrás, con la boca ligeramente abierta, recuperándose del impacto de mis palabras, me barrió de arriba abajo con una mirada envenenada de desprecio antes de cruzarse de brazos y encarar directamente a Caden.

—¿Tu prometida? ¿De qué diablos está hablando esta niña, es verdad que te vas a casar?

—escupió Brenda, riéndose con amargura. — ¡Por favor, Caden!

¡Pero si es una niñita! ¿Cómo puedes preferir a esta chiquilla en lugar de a una mujer de verdad?

¿O es que ya se te olvidó todas las noches que pasaste en mi casa?

¡Me usaste para pasarla bien cuando estabas aburrido y ahora me sales con que estás comprometido!

Al escuchar lo que Brenda le dijo apreté los puños con tanta fuerza que las uñas se me clavaron en las palmas.

No pude controlar a mi loba interior así que me giré hacia Caden con los ojos echando chispas.

—¿Estuviste con esta mujer sabiendo que estabas comprometido conmigo?

¡¿Quién te crees que eres?! —le reclamé de frente, alzando la voz sin importarme la anciana del mostrador ni nadie más—.

¡¿Por qué rayos no le dijiste a…?! Brenda desde el primer segundo que estabas comprometido?

! Caden carraspeó ligeramente, perdiendo por un instante esa calma indestructible que siempre ostentaba.

—Ivanna, tranquila... Solo es una amiga con la que salí de vez en cuando, no es era nada serio… —dijo intentando suavizar el tono.

—¿Solo una amiga? —lo desafié, dando un paso hacia él—. Pues ella parece creer lo contrario, así que dímelo a la cara, Caden: ¿tuviste algo que ver con ella antes? Él volvió a carraspear, apartando la mirada un milisegundo antes de sostenerme el pulso.

—Bueno... sí, hemos salido una que otra vez...pero todavía no estábamos comprometidos…

—Eres un Sinvergüenza ¡Me lo imaginé en cuanto te vi! —solté con una ironía venenosa. Sin darle tiempo de responder ni de cruzarse en mi camino, me quité la otra bota de tacón, me encajé el par de botas vaqueras nuevas que tenía a la mano y me dirigí al mostrador.

Caden reaccionó de inmediato metiendo la mano en el bolsillo para sacar su billetera, pero fui más rápida: saqué mi propia tarjeta de crédito y se la entregué directamente a la anciana.

—¿Qué haces? Eso no es necesario—dijo Caden, intentando detener mi mano—. Yo pago esto, Ivanna ¡Eres mi mujer!

—¡Hazte a un lado, Caden! —lo empujé del pecho con firmeza, mirándolo con absoluto desdén—. No necesito tu caridad. Te recuerdo que lo que menos me falta es dinero, así que no te metas.

La señora del mostrador cobró en silencio, visiblemente incómoda, Lo hizo muy rápido pero eficiente. Tomé el resto de la ropa que había elegido, la metí en la bolsa y, sin esperar a que Caden articulara otra excusa, me di la vuelta y salí a zancadas de la tienda.

—¡Ivanna, espera! Ella no significa nada no tienes por qué enojarte……

No te vayas, tenemos que hablar... —escuché el rugido de Caden a mis espaldas, que dejó a todos estupefactos, dentro de la tienda, entre ellos se encontraban Bill y Jean, dos granjeros vecinos de Caden que habían presenciado toda la escena desde el pasillo de herramientas, negaron con la cabeza mientras se acomodaban los sombreros.

—Vaya, vaya... quién diría que el hombre callado del rancho resultó ser todo un sinvergüenza —comentó Bill en voz baja, soltando un silbido asombrado.

—Pobre muchacha, pero qué carácter tiene, creo que esta noche el muchacho dormirá en el sofá —asintió Jean, viendo cómo Caden salía disparado detrás de mí.

Caminé a toda prisa por la acera de madera del pueblo, sintiendo la tierra bajo mis botas nuevas y el sol ardiente de la tarde sobre los hombros.

Escuché los pasos pesados y acelerados de Caden alcanzándome en cuestión de segundos hasta que ye su mano firme se cerró alrededor de mi muñeca, obligándome a detenerme en seco en medio de la calle.