El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 12
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Capítulo 12

Un aroma inevitable

Ivanna

Resignada bajé poco a poco las escaleras de madera y en el pasillo principal me encontré a Doris, quien me dirigió una amplia y cálida sonrisa en cuanto me vio.

—¿No hay café? —pregunté, frotándome un poco los brazos.

—El que quieras, mi niña —respondió Doris con gesto amable—. En este rancho siempre hay una cafetera recién hecha ahí en el pasillo. Es que los chicos no quieren tomar otra cosa, así que con toda la confianza toma lo que te apetezca.

—Gracias, Doris... —le sonreí sinceramente antes de hacer la pregunta que me rondaba la cabeza—. ¿No sabes a dónde fue Caden? Salió hace rato, y es que tengo algo que hablar con él.

—Debe estar en el granero —contestó ella señalando hacia la salida—. Bajando a mano derecha lo encuentras; es una construcción color naranja, no hay pierde.

—Muchas gracias, Doris.

Salí de la casa, aunque todavía no me había cambiado de ropa; llevaba puesta la misma falda ajustada y unos tacones de aguja. Apenas di los primeros pasos en el patio, sentí la tierra suelta bajo mis pies.

—¡Maldición! —mascullé entre dientes mientras los tacones se me hundían a cada paso. Caminé con dificultad hacia la construcción naranja, pero me detuve al escuchar la voz firme de Caden hablando con sus hombres.

—A partir de ahora, lo que diga Ivanna es ley en este lugar, ella es la dueña y señora, quiero que la ayuden en lo que puedan hasta que pueda adaptarse—decía él con un tono impregnado de autoridad y respeto.

Aquellas palabras me hicieron detener en seco.

Un calor extraño me recorrió el pecho. No alcanzaba a asimilar lo que acababa de oír cuando un labrador que andaba por el establo notó mi presencia y empezó a ladrar alegremente.

El ladrido hizo que todos se asomaran. Caden se giró y, al verme parada en la entrada, se acercó a mí con pasos largos.

—Dime, Ivanna, ¿necesitas algo?

—Es que te estaba buscando —respondí, tratando de mantener la compostura—. Tenemos que hablar porque hay algunas cosas que necesito saber ahora.

—Claro —dijo Caden sin dudar—. Vamos a mi despacho.

Me tomó ligeramente de los hombros para encaminarme de regreso a la casa. Mientras caminábamos, mis tacones volvían a enterrarse en la tierra del patio, Caden bajó la mirada hacia mis pies y negó suavemente con la cabeza.

—Debes usar otro tipo de ropa para el rancho —comentó en tono práctico—. Usar esa falda y tacones no te ayudará en absoluto para moverte, aparte, en este sitio hay todo tipo de insectos y, al dejar al descubierto tus piernas, es más probable que puedan picarte.

—Muy bien, haré lo que pueda —respondí encogiéndome de hombros—.

El problema es que no tengo ni botas ni vaqueros que ponerme.

Mi madre me acostumbró a vestir con falda desde que tengo memoria; ella decía que era una mujer y las mujeres deben vestir como tal, aunque yo no estoy muy de acuerdo, en la escuela todas las chicas vestían con vaqueros, así que necesito comprar unos si puedes decirme dónde hacerlo...

porque en este lugar no parece haber muchas tiendas.

Caden soltó una risita baja.

—Es verdad lo que dices, siempre me pareció extraño aquellos enormes vestidos que usabas de niña, pero no te preocupes, esta tarde te llevaré al pueblo y ahí podrás comprar todo lo que necesites.

—Gracias, Caden.

Entramos a la casa y caminamos por el pasillo hasta llegar a una habitación situada al fondo, al cruzar la puerta, me quedé sorprendida.

Esperaba un despacho rústico de madera, pero el lugar estaba equipado con tecnología de punta: pantallas, varias computadoras de alto rendimiento y un sistema completo de cámaras de vigilancia.

Era realmente extraño tener algo así en un simple rancho.

Caden notó mi ceño fruncido y me explicó de inmediato:

—Es mi centro de operaciones. Como comprenderás, por mi naturaleza no puedo acercarme demasiado a los animales, así que vigilo todo desde aquí, por eso está lleno de cámaras.

—Ah... entiendo —asentí, asimilando la lógica. Me senté en una de las sillas mientras él tomaba su lugar en el amplio sillón de cuero frente al escritorio.

—¿Qué quieres saber? —preguntó, apoyando los antebrazos sobre la mesa.

—Bueno... es que quiero saber cómo están mis finanzas —fui directo al punto—. Sé que mi padre era rico, porque el dinero nunca fue un problema en mi familia, aunque él se empeñara en que pasáramos desapercibidos. Necesito saber qué me corresponde.

—Por supuesto —dijo Caden.

Se levantó, caminó hacia un Cuadro en la pared, lo desvió para revelar una caja fuerte, marcó la combinación y sacó un grueso legajo de documentos que depositó justo frente a mí.

—Aquí está el testamento de tu padre.

Abrí la carpeta y empecé a leer. Había un montón de términos legales y cifras astronómicas que no terminaba de comprender.

—¿Me puedes explicar qué es todo esto? —pedí con frustración.

Caden sonrió con paciencia.

—Sí, mira. Esas son las acciones que el Corporativo Kingston tiene en Europa y América.

En ese corporativo hay un consejo de accionistas; todos son Alfas de distintas manadas de hombres lobo, y nos reunimos cada mes para revisar inversiones y dividendos.

La corporativa vela, en primer lugar, por la preservación del linaje de los cambia formas.

—¿Cambia formas? —interrumpí extrañada—. ¿Que no se supone que todos son hombres lobo?

—Nooo —sonrió él—. Hay todo tipo de especies mezcladas en la Tierra.

Nosotros solo pertenecemos a la de los lobos, y la prioridad siempre ha sido la continuidad de nuestra especie, mi padre era el presidente del consejo del corporativo cuando murió; y era también el guerrero principal del reino, aunque también llevaba sangre Alfa, tengo entendido por lo que mi madre me contó, que él renuncio a un territorio propio, porque tu padre era su mejor amigo, y necesitaba una persona de confianza, en el momento cuando mi falleció, me estaba instruyendo para ser guerrero como él, yo siempre he creído que tenían un plan oculto sobre nosotros, sin embargo tu padre cambió eso, porque me envió a Inglaterra a convertirme en un experto financiero.

No te niego que fue difícil, pero creo que se me ha dado bien.

Caden hizo una pausa, mirando los papeles antes de continuar.

—Unos días antes de su muerte, tu padre reapareció en mi rancho y me nombró su sucesor ante el corporativo, en ese momento entendí porque me dio su apellido y su marca de familia, aunque todos saben que no soy de su sangre, lo aceptaron porque mi padre también era uno de ellos.

Ahora bien, hay algo que no sabes: el testamento y la riqueza de tu padre te pertenecen a ti.

Yo solo soy el responsable de administrar tu parte.

—¿Y qué parte es esa? —pregunté.

—El cincuenta por ciento —respondió sin titubear.

—¿Y el resto? —insistí.

—Le pertenece a tu pareja predestinada.

Fruncí el ceño de golpe.

—¿Y ése quién es?

Caden soltó una carcajada baja e indescifrable.

—Pues yo... La condición para ser su sucesor fue una sola: que me convirtiera en un Kingston real. Y la única forma de hacerlo es adquiriendo su apellido al casarme contigo, convertirte en mi Luna y tener herederos. Supongo que te han contado las historias...

Sentí un vuelco violento en el pecho. El corazón empezó a me palpitar con fuerza en los oídos.

—O sea que esto es un convenio de negocios... un matrimonio arreglado como mencionaste antes… —murmuré, procesándolo.

—Así es, princesa, por lo menos en parte, porque hay algo más que debes saber… —sonrió de lado—. lo que más te va a perturbar es…. Que tu loba ya despertó, y una vez que eso ocurre tu vida cambiará, En este momento yo la puedo oler.

Parpadeé confusa.

—¿Y cómo haces eso? Yo no huelo nada.

Caden se inclinó ligeramente hacia adelante, la sombra de sus ojos volvió a teñirse de ese dorado magnético.

—Es que no te das cuenta... soy tu compañero, ese era el plan de nuestros padres, ellos ya sabían que tú eres mi Luna. Ahora mismo tu cuerpo me está llamando... Te lo digo solo para que estés enterada, porque cuando llegue la luna llena, será inevitable que te des cuenta.

Te aseguro que, en ese momento, estaremos más cerca de lo que quisieras, por eso te dije que estar aquí es para conocernos, para que te sientas más cómoda, porque es seguro que pasará, recuerda que nuestra especie se rige por instintos biológicos …

Ahora, si no tienes otra pregunta, tengo trabajo que hacer.

Se levantó del sillón sin darme tiempo a reaccionar, dejándome sola en el despacho, en silencio, mirando fijamente la puerta por la que acababa de salir.