El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 6
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Capítulo 6

El reencuentro en las alturas

Ivanna

Me quedé un minuto entero apoyada contra la puerta del baño, escuchando el golpeteo frenético de mi corazón. Me lavé la cara con agua fría, tratando de borrar la imagen de esos ojos verde-dorados que me observaban en el espejo.

¿Caden? ¿El muchacho de quince años que lloraba sobre el cuerpo de su padre? ¿El protegido de mi papá?

El hombre que estaba afuera no tenía nada de aquel muchacho desprotegido que yo recordaba, era un Alfa alto, imponente, arrogante y peligroso.

La sola idea de que me hubiera estado observando todo este tiempo, disfrutando de mi frustración mientras se burla de mi inocencia, me encendió la sangre llena rabia. Giré el pestillo y abrí la puerta de golpe, sentí unos ojos de mirada penetrante fijos sobre mí.

Él estaba recargado contra la pared del pasillo, con los brazos cruzados sobre el pecho y tenía una ceja levantada, esperándome a que saliera con calma.

—¿Te tomó bastante tiempo procesarlo, ¿no? Supongo que tus recuerdos y los míos no son iguales, porque yo te recuerdo como aquella chiquilla que me perseguía a todos lados, hablando sin parar, queriendo llamar mi atención. —dijo con esa voz grave que me hacía vibrar hasta los huesos.

—¡Eres un idiota y un engreído! Y para que te enteres, no te perseguía por todos lados, solo que eras el único joven que estaba siempre en mi casa y no tenía con quién jugar—escupí en un susurro furiosa, acercándome a él sin importar la diferencia de tamaño—.

¿Por qué no me dijiste quién eras desde el principio?

me dejaste hacer el ridículo, me trataste como a una niña mimada y pagaste mi comida como si fuera una desconocida, además, pudiste haberme dicho que estabas en Tennessee cuando te llamé, y no dejarme creer que estaba hablando a Inglaterra, con el joven protegido de mi padre.

Caden se despegó de la pared con elegancia y dio un paso hacia mí, reduciendo el espacio entre los dos hasta que su presencia en el pasillo fue innegable.

—Si te lo hubiera dicho antes de subir al avión, ¿habrías subido?

—preguntó, mirándome fijamente a los ojos—.

Con el carácter que heredaste de tu padre, te habrías negado a venir conmigo solo por orgullo, según lo que tu padre, él te pidió personalmente que convivieras conmigo, en cada evento importante, y tú te negaste rotundamente a hacerlo, tuviste que esperar a que tu madre te lo pidiera en su lecho de muerte para tomar el maldito teléfono y hablarme, además necesitaba asegurarme de sacar de Tennessee, al único vestigio que queda de la familia de Axel, antes de que Linus o sus rastreadores olieran tu rastro, y por lo que me dijo tu madre creo que ya las habían encontrado.

Aprete los puños al escuchar el nombre de Linus.

—No necesito que me protejas —dije, aunque la voz me tembló ligeramente—.

No te conozco, es verdad que te vi de niña, pero para mí eres un completo extraño, y si te llame es solo porque mi madre me dijo que te buscara, pero no para que me trates como si fuera de tu propiedad, solo lo hice porque necesitaba cumplir una promesa que le hice antes de morir, pero te puedo asegurar que no te necesito para nada, yo puedo protegerme sola.

Una sonrisa amarga y apenas perceptible cruzó sus labios, mientras sus ojos volvieron a encenderse con ese destello dorado, y su aroma a madera y tormenta envolvió el aire a nuestro alrededor.

—Bueno Ivanna... yo también estoy aquí porque le hice una promesa a tu padre antes de que muriera, y después volví a hacer la misma promesa a tu madre hace tres días, cuando me llamó por teléfono, es decir; antes de que diera su último aliento —dijo, inclinándose ligeramente hacia mí—.

No me importa si me odias durante todo el vuelo, porque mi único deber es mantenerte a salvo, así que puedes seguir haciendo berrinche si quieres, yo tengo mucha paciencia, pero vendrás a Australia conmigo porque necesito estes segura y ahí vas a estarlo.

—¿Y qué se supone que haremos en Australia? —pregunté a la defensiva—. ¿Encerrarme en un rancho? Te advierto que yo no sé nada, de lo que se hace en un lugar como ese.

—Vas a aprender a convivir conmigo; ese punto no es negociable; además, todavía no sabes lo implicada que estás con los asuntos de la familia Kingston —respondió cortante—.

También está un detalle que no estas tomando en cuenta, y es que tu loba está despertando, puedo olerla desde que me senté a tu lado, porque por si acaso lo ignorabas, eres mi compañera predestinada, mi padre y el tuyo lo sabían, por ese motivo hay un vínculo entre nosotros, que no se puede romper, creo que ha llegado el momento de aceptar que ya no puedes seguir fingiendo que eres una humana común y corriente.

Porque no lo eres. La pesadilla no ha terminado... solo está cambiando de escenario.

Me quedé sin aliento, pero mantuve la mirada, aunque por dentro mi mente era un caos, Caden no esperó mi respuesta; dio media vuelta y caminó de regreso a sus asientos, dejándome parada a mitad del pasillo con la cabeza llena de confusión.