Capítulo 7
Voces en la mente
Ivanna
Llegamos a Australia varias horas después, era evidente que el cansancio me pesaba hasta las pestañas y el cuerpo me dolía por la misma postura durante casi un día entero.
Sin embargo, al bajar del avión, la tensión no dio tregua.
Apenas estábamos cruzando los últimos pasillos de la terminal cuando la chica del vuelo —la diseñadora de modas que se había presentado como Megan— detuvo a Caden a pocos pasos de la salida.
Caminó con un contoneo calculado y le extendió un pequeño rectángulo de papel.
—Oye, guapo... —dijo con una sonrisa insinuante—. Estaré en Australia un mes entero, si estás aburrido, llámame, estoy cansada y estresada por el viaje, y tú puedes ayudarme a disminuir el estrés.
Caden la miró, tomó la tarjeta entre sus dedos y le sonrió con una amabilidad que me revolvió el estómago.
—Claro que lo haré, preciosa —le respondió con voz pausada—. Solo tengo que hacer algunas cosas antes.
—Espero tu llamada, pronto. —dijo ella, guiñándole un ojo antes de alejarse con sus tacones resonando contra el piso brillante.
Yo estaba parada a unos metros de distancia y lo escuché todo, de repente algo dentro de mi cabeza empezó a hablar sin parar, con una furia salvaje que jamás había sentido:
«¡No puede ser! ¿Qué se cree esa mujer? ¿Acaso no nos está viendo paradas enseguida de él? ¡Es una desvergonzada!, y este maldito tipo le respondió que la llamaría…»
Me detuve en seco a mitad del pasillo. El corazón me dio un vuelco violento. ¿Qué era esa voz que escuchaba tan nítida dentro de mi propia mente? Dios mío... me estoy volviendo loca, pensé con pánico, llevándome las manos a las sienes.
En ese momento, noté que Caden ya estaba casi en la puerta de salida. Se giró hacia mí y me habló con clara frustración en el rostro:
—Ivanna, camina de una vez, debemos irnos ya.
Aceleré el paso para no quedarme atrás y lo seguí en silencio hasta el estacionamiento. Frente a nosotros se alzaba una camioneta 4x4 color negro, enorme, altísima y con aspecto imponente.
Caden abrió la puerta del copiloto, intenté subirme por mi cuenta, pero la falda estrecha que llevaba me impedía alzar la pierna con facilidad para alcanzar el estribo.
Caden me volteó a ver con cara de fastidio, y sin decir una sola palabra, se acercó, me tomó firmemente por la cintura con sus manos enormes y me levantó en el aire como si no pesara nada, sentándome de un golpe sobre el asiento del copiloto.
—¡Maldita sea! Puedo subir sola, quizá si tuvieras un auto normal en lugar de esta nave espacial tamaño jumbo, una persona normal podría hacerlo sin problemas…
—maldije entre dientes. Siempre he sido muy bajita, pero justo en ese instante, mientras él me sostenía y me levantaba, me di cuenta de lo ridículamente alto y ancho que era a mi lado.
Me toqué la cabeza con desesperación, sintiendo cómo esa extraña voz en mi interior seguía gruñendo en silencio.
Caden me escucho después se encogió de hombros, y rodeó el auto, se subió al lugar del conductor, encendió el motor con un rugido potente y se incorporó de inmediato a una carretera de tierra, acelerando a gran velocidad mientras el polvo se levantaba detrás de nosotros.