Capítulo 5
Revelación a diez mil metros
Caden
El vuelo hacia Australia solía ser muy cansado, por más que este acostumbrado a realizarlo una vez al mes, cada ocasión termino exhausto, y esta ocasión no es la excepción, son demasiadas horas metido en este armatoste de metal, reducido a un simple asiento.
Sin embargo, esta vez había algo distinto, porque me quedé dormido por un rato mientras disfrutaba de ese aroma dulce a lavanda que despedía Ivanna a mi lado.
Olía a loba joven, percibía algo, que estaba a punto de cambiar en ella; podía sentir perfectamente lo que se acercaba.
Sin que ella siquiera lo analizara o lo supiera, su loba estaba despertando, pero había sido tanta su necesidad de mantenerse oculta y pasar desapercibida, que no le había permitido emerger durante años; eso era más que evidente.
«Quizá por eso está tan frustrada y enojada con nosotros. Ella necesita nuestro calor», se río mi lobo en mi mente, disfrutando de su resistencia. «Mírala, te odia. Debemos marcarla para que aprenda que no puede vivir sin nosotros, ella debe saber que nos pertenece».
«No», le respondí tajante. «Ya te dije que será a mi manera, no pienso presionarla, ni siquiera nos conoce…debemos ganar su corazón».
Traté de distraer a mi bestia platicando con una mujer sentada al lado de nuestra fila, quien me miraba como halcón cazando a su presa, era evidente que estaba interesada en mí.
En medio de la conversación, escuché a Ivanna soltar un bufido de pura ironía, con lo que mi lobo reaccionó de inmediato, erguido y atento, sintiéndose orgulloso de nuestra virilidad.
«Obsérvala, nuestra compañera está celosa», se jactó. «Está enojada porque no le hacemos caso a ella, debemos mimarla, o domarla…».
«No molestes, déjala en paz», le ordené, intentando mantener la cordura.
Después de algunas horas, Ivanna se puso de pie. Me levanté para cederle el paso y la dejé ir hacia los baños, pero apenas dio unos pasos, un olor extraño me hizo incorporarme de golpe.
Olía a rancio, una esencia desagradable que comenzaba a envolver ligeramente el aroma puro a lavanda de Ivanna, mi compañera.
Me asomé por el pasillo y la vi sonriéndole a un hombre que fácilmente le doblaba la edad.
Era evidente que el tipo estaba intentando seducirla, pero ella era tan inocente en estas dinámicas que no se daba cuenta del peligro ni de las intenciones del sujeto.
La rabia me quemó la garganta, así que me puse de pie de inmediato y caminé hacia ellos.
Al acercarme, vi que estaban jugando póker, el hombre la observaba como zorro sobre su presa, mientras ella miraba sus cartas con total distracción, me acerque a ella para observar la jugada que sostenía en la mano, no pude evitar que mi lobo hablara a través del vínculo y le dijera directamente:
—Espera....es una buena mano, podemos ganar…
Ella levantó la vista hacia mí, completamente extrañada. El hombre frunció el ceño, molesto por mi interrupción, y me preguntó quién era yo.
—Soy su compañero —le respondí con una voz que no admitía réplica.
Ivanna abrió la boca para protestar y replicar que no era verdad, pero no se lo permití, solo observe al sujeto con frialdad y le dejé claro que era mejor que mantuviera la mirada lejos de ella.
El hombre suspiró, diciendo que ya se le hacía demasiado bueno para ser verdad, y recogió sus cosas.
Tomé a Ivanna firmemente del brazo y la levanté del asiento, ella comenzó a forcejear, diciendo que yo no era nadie para hacer eso ni para darle órdenes. La arrastré unos pasos hasta quedar frente a la puerta del baño, donde nadie pudiera oírnos.
Me incliné hacia su rostro, me puse a escasos milímetros de su oído y, sintiendo cómo se erizaba su piel con mi cercanía, le susurré la verdad de quién era yo:
—No quería tener que hacer esto de esta manera, pero te lo diré fácil: yo soy Caden. Y soy precisamente la persona que vienes a buscar…