El rey Alfa y su Luna desterrada (Hombres Lobos el poder de la sangre nº 6) Capítulo 2
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Capítulo 2

Subí al avión con mi pequeña maleta de mano. Llevaba lo más importante para mí en ella, los recuerdos que más me importaban... excepto uno: la espada de mi padre.

Por las políticas del vuelo no podía llevarla conmigo en la cabina, así que la envié por paquetería al aeropuerto de Australia, mientras hacía el despacho de mi paquete, sentí una mirada fija sobre mí.

Al girar la vista, descubrí a un hombre de piel morena, cabello negro bien recortado y una barba crecida pero impecablemente alineada, sus ojos eran de un verde intenso, tan magnéticos como peligrosos, y me miraba fijamente, exactamente como un depredador observa a su presa.

Miré el paquete que contenía la espada de mi padre; no quería alejarme de ella, pero no había otra opción si deseaba abordar ese avión.

Caminé por el pasillo y me senté justo al lado de la ventanilla.

Cuando apenas me estaba acomodando, el extraño hombre que había visto antes se acercó.

Tendría alrededor de unos 25 años en adelante y caminaba con una seguridad imponente.

Se dirigió justo a mi fila y se detuvo frente al asiento continuo al mío.

Le sonreí por pura cortesía. Él me devolvió una cara de absoluto fastidio y se sentó de mala gana.

Eso me pasa por ser amable, maldito engreído, pensé para mis adentros mientras rodaba los ojos hacia la ventanilla.

Suspiré profundamente. Me quedaban varias horas de vuelo, casi un día entero metida en ese armatoste de metal, sería un auténtico infierno si iba a ir sentada junto a ese engreído durante casi 24 horas.

Me recargué en el asiento y quise mover el respaldo un poco hacia atrás, para ponerme cómoda, pero el hombre me volteó a ver de inmediato como si hubiese cometido un delito grave.

—Disculpé —dije tajante—, es que quiero recargarme para el vuelo.

Él me miró fijamente, pero no dijo una sola palabra.

Acomodé el respaldo y empecé a mirar por la ventana mientras el avión iniciaba las maniobras, unos minutos después de despegar, la luz roja de los cinturones se apagó.

Decidí sacar mi celular para distraerme, así que abrí mi bolso y busqué en su interior. Nada.

—Maldición... —se me escapó en voz alta. Me puse de pie. El hombre me miró de nuevo con fastidio.

—Disculpé —dije intentando mantener la calma—, necesito pasar.

Él se quitó desganado y me dio el paso. Intenté abrir el compartimento superior para sacar mi equipaje de mano, pero la manija estaba atorada, forcejeé unos segundos hasta que el hombre, perdiendo la paciencia, se levantó y lo abrió de un tirón mientras soltaba un gruñido bajo.

—Espero que se apure, porque no me gusta estar de pie en un vuelo, dijo irónicamente.

Lo miré con odio. ¿Qué se creía ese cretino?

Saqué mi maleta, hurgué rápido, tomé mi celular, la volví a cerrar e intenté subirla de nuevo, pero las otras maletas se habían movido, y ya no cabía bien además estaba pesada, así que me esforcé empujándola con todas mis fuerzas, pero no se movieron en absoluto, al notar mi lucha, el hombre me quitó la maleta de las manos de un manotazo y la metió con un golpe fuerte, cerrando el compartimento de un portazo.

—Ya quedó —dijo en tono seco—. ¿Ahora usted cree que podrá sentarse para poder hacerlo yo también?

Al decir aquello, se dejó caer sobre su asiento.

—Si, gracias por su ayuda ahora sino le molesta, voy a pasar... —respondí entre dientes.

Pero el muy cínico no se levantó para dejarme espacio. Tuve que pasar como pude, tropezando y golpeando sus piernas al entrar, lo miré de reojo mientras me acomodaba y descubrí que el muy desgraciado me estaba mirando descaradamente el escote mientras sonreía con deleite.

Me senté de golpe, me recosté sobre el respaldo, busqué la aplicación de música en el teléfono y saqué los audífonos del bolso, en cuanto lo hice, una mujer sobrecargo rubia de muy buen aspecto, apareció frente a nuestra fila.

—¿Van a querer algo para comer? —preguntó amablemente, mientras me miraba con una sonrisa.

Yo iba a hablar para pedir algo sencillo, pero el hombre me interrumpió sin mirarme.

—Si, traiga dos comidas completas, para la señorita y para mí.

Lo volteé a ver con cara de odio. Él solo se encogió de hombros con una arrogancia.

—Es más fácil si yo pido de una vez.

La azafata acercó la terminal para hacer el cobro. Saqué mi tarjeta de crédito de inmediato, pero él se me adelantó, extendió la suya y le dijo a la mujer:

—De aquí se cobran las dos comidas.

La mujer procesó el pago y se alejó por el pasillo. Apenas estuvo fuera de alcance, lo confronté directamente.

—Oiga... ¿usted qué se cree? Yo puedo pagar mi propia comida sola, no necesito que un extraño me pague nada.

Él simplemente me ignoró, acomodándose en su lugar como si yo fuera transparente, se puso sus propios audífonos y fingió no escucharme

Es un maldito tipo creído y desgraciado... qué mala suerte tengo, pensé furiosa. ¿Por qué no me tocó con la viejita que está sentada dos asientos enfrente?

Miré alrededor intentando calmar la rabia. Justo en la fila de al lado se encontraba una mujer de alrededor de 25 años, quien le sonreía descaradamente al hombre sentado junto a mí.

Él, para mi sorpresa, le devolvió la sonrisa; una sonrisa increíblemente atractiva que le transformaba la cara por completo. Hice un gesto de absoluto fastidio al verlos.

—Hola, guapo, me encanta tu cabello... soy Megan —dijo la chica con voz coqueta.

—Hola preciosa—respondió él, escueto pero sonriente.

—¿A dónde vas? —preguntó ella.

—Voy a un desfile —dijo ella al notar que él no preguntaba—. Soy diseñadora de modas y voy a supervisar a un grupo de Modelos antes de estreno de la colección

Él se río con ligereza.

—Pues yo diría que tú deberías de ser la modelo, no la diseñadora.

La chica se río, encantada con el halago.

—Gracias, guapo... ¿Y tú a dónde vas?

—A Australia —respondió él. Luego, señaló hacia mí con la ceja y la chica preguntó:

—¿Y ella? ¿Es tu novia?

Él sonrió con ironía y contestó:

—Noooo, soy soltero, ni la conozco.

Un par de voces femeninas que no pude identificar procedentes del pasillo resonaron:

— ¿Escuchaste amiga, ese tipo es soltero, que suerte tan buena tienen algunas mujeres que ni lo buscan, porque no me tocó ese asiento a mí? …. y En cambio me toco estar con la persona que más ronca de todo el avión…

— Oye que te pasa si vienes conmigo….

Luego la voz de la mujer sentada al lado se escuchó con más claridad

—¡Qué afortunado eres! Yo también soy soltera y sin…. compromiso…—se río ella—. Jajaja, ¿qué te parece si te cambias de lugar a este asiento enseguida de mí? Está libre.

Él la miró de arriba abajo y dijo:

—No, preciosa, estoy bien aquí.

—Muy bien, como tú digas... aquí estaré para lo que necesites —coqueteó ella guiñándole un ojo.

Yo solté un bufido de pura ironía que se escuchó claramente sobre el ruido del motor.

Él volteó a verme de inmediato. «Nuestra compañera, esta celosa», insistió mi lobo dentro de mi cabeza.

—¿Qué fue eso?

—¿Qué? —pregunté haciéndome la desentendida.

—Ese sonido. ¿Acaso quiere que me cambie de lugar? —preguntó alzando una ceja.

—Nooo —le respondí mirándolo fijamente—, yo no sé de qué habla, pero si se quiere cambiar por mí no se detenga, adelante...

Él soltó una carcajada profunda. Mientras mi lobo resonaba en mi mente «Es posesiva como nosotros, debemos acercarnos para que se tranquilice».

—Como tú digas, princesa... pero por el momento me quedaré en el sitio que compré y elegí si estás de acuerdo. «Marquemos nuestro territorio», insistió mi lobo

Maldito creído, pensé recalcitrante. Me puse los audífonos, cerré los ojos con fuerza y traté de dormir un poco para escapar de aquella tortura.