CUARTA PARTE #2
Cuando el sol aparece en el mar por el horizonte, frente a la ciudad de Abusir, los trabajadores empiezan a descargar la sal y a repartirla en las diferentes posibles salidas de los pasadizos subterráneos del templo, siempre con la supervisión del profesor.
Otros, dirigidos por la teniente, rellenan con agua bendita los depósitos de las máquinas de fumigar que se cuelgan de la espalda para esparcirla en el ambiente y remojar la sal. Al final del día, todo está preparado.
—Mañana, faltarán dos días, invocaremos al demonio para que salga.
Solo podrá hacerlo por la entrada principal de los pasadizos; entonces le arrojaremos sal y agua bendita.
Esto lo paralizará a él y a la serpiente.
Entonces Rastra y tú, con los collares y los anillos, recitaréis los sortilegios del Libro de los Muertos y tú, Ulloa, los acuchillas a los dos.
No tengas miedo, estarán inmóviles. Te apartas, pasará un tiempo y se abrirá una puerta cósmica que los engullirá, caerán en el Duat y se acabó.
—Tarek, ¿cómo invocarás a Astaroth?
—Lo llamaré por su nombre con un tazón de sangre humana en mis manos. Dejaré el bol en el suelo, a un par de metros de la entrada y me retiraré.
—¿Estás seguro de que saldrá por donde queremos?
—Seguro que saldrá. Seguramente intentará varias salidas para sorprendernos, pero con la sal y el agua solo le quedará una opción.
—Pero si sale en tromba como en las otras ocasiones, volverá a causar muertes y escapará de nuevo.
—No escapará, mojaremos y esparciremos sal, en el límite del suelo de la entrada, cuando aparezca y ponga un pie fuera del túnel quedará inmovilizado, varios hombres nebulizaran agua con las fumigadoras, que lo paralizaran del todo, entonces, Rastra y tú recitareis el conjuro, antes de acercarte y clavarles la daga, los volverás a fumigar con tu mochila de agua bendita.
Aún es de noche, aunque ya se vislumbran las primeras luces, es cuando Rastra y Ulloa se colocan los collares Usej y los anillos además ella se ciñe la daga, Tarek llena un recipiente con una bolsa de sangre cedida por un hospital y se sitúa frente a la entrada del pasadizo, varios trabajadores también se ponen cerca del acceso al túnel.
Después de comprobar que todo está en orden, Tarek chilla con fuerza.
—Astaroth, la sangre de un inocente te espera.
Deja el bol en el suelo y se aparta, entonces el arqueólogo y la teniente se colocan detrás del recipiente y esperan.
Pasados pocos minutos la figura del demonio con la serpiente a su lado aparece en la entrada, antes que puedan valorar la situación reciben una lluvia de agua bendita y unos puñados de sal, inmediatamente quedan ambos inmóviles, lo que permite a Rastra y Ulloa poner su mano izquierda encima del collar y señalarlos con el dedo corazón de la mano derecha portador del anillo, al tiempo que recitan «Lo maligno se hunde y no sobrevive al bien, volved al Duat para siempre», a continuación la teniente con la mano izquierda aún sobre el collar se les acerca y con su mano derecha clava la daga en el pecho del demonio y seguidamente en el cuerpo de la serpiente cerca del cuello, ambos seres se retuercen y emiten un grito desgarrador, Ulloa se aparta con rapidez, frente a los malignos cae un rayo, aparece un círculo nebuloso rojo que los engulle, desapareciendo de la faz de la tierra para siempre.
Un grito de júbilo explota entre los presentes, por fin la pesadilla ha terminado.
Rastra, Ulloa, Akil y Tarek se abrazan.
—Parece que por fin el peligro ha pasado, al menos eso quiero creer —comenta Mercedes.
—Mercedes, puedes estar segura. Volvamos a El Cairo.
—Mañana por la noche era cuando aparecía el Halo lunar, mañana iremos a casa del tarotista Khafra, también estará la vidente Aya, para seguir de cerca el suceso astronómico.
Mercedes se levanta, se acicala y se va al despacho del profesor Rastra. Allí se encuentra también el profesor Tarek; ambos la reciben afectuosamente.
—Supongo que has dormido bien.
—La verdad es que hacía días que no lo hacía, pero esta noche ha sido perfecta: paz y tranquilidad. Muy bien.
—Pues vamos a casa de Khafra.
Un chofer del museo les acompaña hasta Al-Galatma. Una vez allí, son recibidos por el tarotista, que les comenta que ha invitado a comer a la astróloga Aya para, después del ágape, por la tarde, montar una sesión para valorar todo lo sucedido.
Cuando el astro rey ya declina, los cinco se colocan alrededor de una mesa circular.
Khafra, coge una baraja de tarot egipcio y mezcla las cartas durante unos momentos, saca una carta y la coloca cara abajo encima de la mesa, cuando hace para sacar otra carta, la baraja se desparrama por el suelo con lo que no puede sacar otra carta.
El tarotista lo interpreta como un signo de que no debe seguir sacando más figuras. Entonces pone la que había sacado boca arriba: es el Sol.
—El sol simboliza la alegría, la felicidad, la abundancia y el éxito, que es lo que habéis conseguido al vencer al demonio. Podéis estar contentos: las fuerzas de la cartomancia confirman vuestro triunfo. Supongo que ahora Aya tendrá algo que decir.
—Ayer, cuando conseguisteis vuestro objetivo y vencisteis al mal, se abrió el círculo cósmico que engulló a los maléficos; entonces noté en mi cuerpo una vibración.
Observé los astros, vi cómo su posición respecto a la anterior observación había cambiado.
Ya no se producirá el halo rojo, la puerta de los avernos está cerrada.
—Bueno, parece que todo son buenas noticias.
—No todo, a ti Mercedes tengo que avisarte, que un peligro te acecha, es algo terrenal, algo que tiene que ver con tu trabajo de estos días, te he preparado un amuleto para protegerte, es el escarabajo egipcio, en la base te he grabado un cartucho con tu nombre, cuélgatelo del cuello, no puedo decirte nada más, solo que estés atenta y volverás a vencer.
—Solo dime una cosa, Aya. ¿Has visto mi muerte?
—No, he visto un peligro proveniente del Este, del lugar donde sale el sol.
—Mi trabajo implica estar casi siempre en peligro, gracias por el aviso, pero seguiré con mi vida.
Es de noche, ya se ve la luna en el cielo y reflejada en las aguas del Nilo, la noche es clara y el satélite presenta un perfil nítido.