TERCERA PARTE #3
El equipo egipcio y la teniente Ulloa se retiran, regresan al submarino para recoger sus cosas y son los japoneses los que incautan el navío.
Una lancha de la policía traslada al equipo a la ciudad de Fukuoka y, una vez allí, los llevan al aeropuerto, donde esperarán la llegada de un avión de las fuerzas aéreas egipcias.
Mientras esto sucede, elaboran y presentan a las autoridades japonesas un informe completo de todo lo sucedido.
Es media tarde. Han transcurrido veinticuatro horas cuando el equipo aterriza en el aeropuerto de El Cairo.
Un minibús los recoge y los lleva directamente al ministerio de cultura y antigüedades, donde son recibidos por el ministro y por el doctor Rastra.
Allí son agasajados y felicitados por el feliz resultado de su misión.
Cuando el sol inunda la habitación de Mercedes, se levanta, se acicala y, después de un desayuno continental, se dirige al museo a ver a Rastra; llama a la puerta y entra.
—Buenos días, ¿cómo estás?
—Algo más tranquilo, pero sigo pensando en qué momento reaparecerá Astaroth. Hemos recuperado las joyas y todo el mundo está contento, pero el peligro sigue latente.
Llaman de nuevo a la puerta, es Naser.
—Estamos hablando de cuándo reaparecerá y dónde pueden estar el demonio y la serpiente.
—Precisamente venía a ver si queréis acompañarme. Voy a casa del tarotista Khafra; me ha llamado porque tiene novedades.
—Vamos.
Los tres abandonan el museo y se dirigen a Al-Galatma —en coche—, una población a orillas del Nilo, a las afueras de la capital, dirección norte.
La casa está en un montículo, aislada del resto de edificaciones, son recibidos por un sirviente que los acomoda en una amplia terraza con unas vistas al rio Nilo de gran belleza, al tiempo que les sirve un Té frio.
—El señor vendrá enseguida.
Pasados unos minutos, Khafra se reúne con ellos.
—Ayer estuve con Aya, una astróloga y vidente a la que, cuando empezó todo esto, le pedí que estuviera atenta a lo que pudieran manifestar los astros.
Me dijo que el halo lunar es un fenómeno meteorológico que ocurre dependiendo de la temperatura y la humedad de la atmósfera.
Puede mostrar diferentes colores, pero cuando es solo rojo intenso indica que el infierno se ha abierto y, en consecuencia, se produce la salida masiva de demonios.
Según sus cálculos, el halo rojo alrededor de la luna aparecerá en el cielo en tres semanas, que es cuando los astros se alinean de una determinada manera, lo que produce que aumenten sus energías.
Esto crea un campo energético muy propicio para rituales y acontecimientos paranormales.
Entonces también saldrá, de donde esté, Astaroth para comandar los demonios escapados del Duat.
—Tenemos que actuar antes de que esto suceda.
—Esta noche no he podido dormir pensando en lo que me comentó Aya.
De madrugada me he levantado y he tirado las cartas del Tarot egipcio; confío plenamente en él.
Es la herencia de la Tabla Esmeralda y del Libro de Thoth de hace tres mil años.
Era para intentar descubrir dónde se esconde el rey de las tinieblas.
Después de mezclar las cartas me ha salido «el Jerarca», que representa a Anubis, dios con la cabeza de un perro negro, guardián del portal del mundo de los muertos.
No he tirado más cartas, pues la visión del Jerarca me ha sumido en un profundo sueño.
En él me he encontrado con la diosa de la sabiduría Isis y el propio Anubis.
Me han mostrado imágenes de una gran tumba subterránea debajo de una ciudad costera.
Al despertar de mi visión, en mi cerebro se repetían continuamente dos palabras: Alejandría y Kom-el-Shuqafa.
Creo que allí están escondidos Astaroth y la serpiente Apep.
—¿Sabéis qué es esto? La ciudad está clara, Alejandría, ¿y lo otro?
—Se refiere a las Catacumbas de Kom-el-Shuqafa.
—Es un gran complejo funerario construido ya en época de dominación romana, su estilo arquitectónico es egipcio-greco-romano, es poco frecuentado. Tendremos que visitarlo, lo haré cerrar al público, pasaremos por el museo y nos llevaremos las joyas por si acaso. ¿Te parece bien, Rastra?
—Khafra, ¿quieres venir con nosotros?
—Agradezco tu invitación, teniente Ulloa, pero me quedaré aquí invocando la seguridad para vosotros.
—Vamos.
Los tres abandonan la casa del tarotista y se sumergen de lleno en el caótico tránsito de la capital egipcia, cuando llegan al museo, Rastra va en busca de los collares, los anillos y del tutorial de uso que elaboraron ellos y de la daga cósmica.
Antes de iniciar el viaje hasta Alejandría, Rastra y Ulloa se colocan los collares Usej, el anillo de Horus para el arqueólogo y el Shen-Ring para ella, mientras Naser ha pedido un helicóptero que los llevará a Alejandría.
—Mercedes, ¿te sentirías más segura si te dejo una pistola?
—La verdad es que sí.
Un helicóptero de la policía egipcia despega de su base, en él viajan los tres, el arqueólogo, la teniente y el policía, el viaje es corto, algo más de doscientos kilómetros. Toman tierra cerca de la jefatura de la ciudad y se reúnen con el comisario jefe y sus ayudantes jefes de grupo.
—Buenas tardes, soy Aarón, el jefe de policía de la ciudad. He recibido instrucciones del ministerio para facilitarles todo lo que necesiten. Agente Naser, sé que está usted al frente de esta operación, estamos a su disposición.
—Mañana a primera hora cerraremos las catacumbas de Kom-el-Shuqafa al público y la circulación por la calle Bab-el-Molouk, también acordonaremos todo el barrio de Karmouz. Hay que avisar a la población de que no salga a la calle; solo entraremos nosotros tres a la necrópolis. ¿Alguna pregunta?
Todo el mundo asienta con la cabeza, –solo una pregunta, podemos disparar–.
—Por supuesto que sí, en caso de amenaza severa podéis disparar. ¿Algo más? Sin más preguntas, se levanta la reunión.
Los tres protagonistas se van al Hilton.
Durante la cena, Naser, comenta que ha recibido un correo de la policía japonesa, explicando que se han hecho registros en la casa principal de la familia Hikaru y en la sede de sus negocios, en Tokio, han detenido ha varios miembros del clan pues el patriarca tenia en su casa información detallada de todos los delitos cometidos por miembros de su clan, con el fin de chantajearlos, retenerlos y obligarlos a obedecer sus órdenes, en el edificio de la sede, han encontrado un sótano, repleto de obras de arte, joyas importantes por su origen y época, además tesoros arqueológicos, van a pedir la colaboración de varios países para esclarecer y devolver todo este patrimonio robado.
—Con esto cerramos la conexión nipona; ahora falta devolver el demonio al Duat. Espero que podamos hacerlo mañana.
—Esperemos que así sea.