SEGUNDA PARTE #3
—Hay varias salas o espacios como este unidos por estrechos corredores.
En ellos los templarios encontraron el tesoro de Salomón, el Arca de la Alianza, el Santo Grial, varias reliquias, papiros de textos sacros y más cosas, pero nunca se ha hablado de la vasija que buscáis.
También es verdad que falta mucho por excavar, que no podemos hacerlo porque queda debajo de la explanada de las mezquitas.
—Rastra, ¿qué opinas?
—Tendríamos que recorrer todas estas galerías con el apoyo de un detector de metales.
También revisar en los museos para ver si la vasija fue encontrada y está expuesta como objeto sin conocer la realidad de la misma.
Tenemos que invocar con los salmos del Libro de los Muertos para averiguar si el demonio está cerca de nosotros.
Los siguientes días el equipo pasa largas horas intentando encontrar el objeto, pero la búsqueda resulta infructuosa, la visita a los museos tampoco da resultados, también es cierto que no conocen exactamente lo que buscan pues nunca han visto una imagen de la vasija.
En un par de ocasiones invocan al demonio pero sin éxito.
Una noche, Rastra y Ulloa están cenando con el embajador Estany. Este les comenta que han detectado varios intentos de hackear el sistema de alarma de la embajada, sin resultado.
—Esto no había pasado antes, empezó dos días después de vuestra llegada.
—Podría ser por las joyas. ¿La alarma es segura?
—Sí, ahora cambiamos las contraseñas, cada día dos veces, nuestro informático está muy atento.
—Mañana llamaré a Naser, para saber si tiene alguna novedad en la investigación.
Al día siguiente, a primera hora Mercedes llama por teléfono a Naser.
—Buenos días, ¿cómo estás? ¿Hay novedades?
—Hoy pensaba llamarte. Una y muy importante, he estado investigando la aparición de la diosa Isis, me parecía muy surrealista la aparición de esta mujer, cinco mil años después.
Para llegar al despacho de Rastra paso por varias cámaras, en la entrada del museo y después en los pasillos, nos costó pero conseguimos varias imágenes que hemos analizado con reconocimiento facial, a pesar del disfraz, resulta que su nombre es Rut Sander, conocida ladrona y estafadora, montó el teatro, diciendo que el demonio se había ido, para que salierais de Egipto y evidentemente os llevarais las joyas, robarlas del museo sería prácticamente imposible pero si están viajando es más fácil.
Es posible que Astaroth siga aquí en Egipto, aunque ya pienso que todo haya sido una farsa montada para robar los collares y los anillos. ¿Dónde están ahora las joyas?
—Están en la cámara acorazada de la embajada española en Jerusalén. Me asombra un montón lo que me explicas, es un plan muy complicado, robar en Madrid, la secta de seguidores del demonio, los muertos que ha causado, la historia del Rey Salomón.
—Piensa que las alhajas tienen un valor incalculable, creo que podría ser el encargo de un coleccionista multimillonario, que sabe que no las puede comprar pero su deseo es tenerlas. ¿Habéis encontrado algo en las excavaciones?
—De momento, no.
—Bueno quería avisaros de un posible ataque para robarlas.
—Gracias, Naser, hablaré con el embajador. ¿Tenéis detenida a la tal Rut?
—No, ha desaparecido, imposible localizarla, te mando la foto por si está en Jerusalén.
—Cuando sepamos algo nos llamamos.
Cuando Mercedes se encuentra con el profesor le comenta lo que Naser ha averiguado, entonces van al despacho del embajador, le explican la posibilidad de ser atacados y le muestran la foto de la posible organizadora del robo.
—Vamos a reunirnos con el jefe superior de policía de Jerusalén, para pedir más efectivos, que deberán mantenerse fuera de la embajada, pero será un cordón importante y después para que intenten localizar a la delincuente.
Cuando el jefe de policía de la ciudad es informado, inmediatamente toma medidas, cuando revisan sus expedientes para ver si tienen constancia de la malhechora, descubren que tiene una orden de arresto en Israel por el robo de varios objetos bíblicos que no se recuperaron.
—Vamos a reforzar la seguridad de la embajada y la vuestra personal. Supongo que queréis seguir trabajando.
—De momento, sí, hasta que se aclare un poco la situación y sepamos si el demonio es real o si todo es una farsa. Hay muchas vidas en juego.
Al final de la tarde, cuando regresan de la excavación, un cordón policial rodea toda la embajada; en la entrada, arcos de seguridad para detectar metales y restricciones en el acceso.
—Parece que se lo han tomado en serio.
—Si nos roban las alhajas, los que quedaremos mal, con posibles consecuencias diplomáticas, seremos los españoles. Toda precaución es poca.
—Creo que no tardaremos en regresar a El Cairo, aquí no encontraremos nada.
—Perdona Mercedes, pero será un alivio para nosotros.
—Lo sé Estany, Rastra quiere trabajar en una zona de los corredores que aún no hemos investigado, serán tres o cuatro días, después regresamos a Egipto.
Es noche cerrada, la embajada está tranquila, todos duermen, no obstante los policías españoles asignados recorren las estancias, los pasillos e incluso el sótano del edificio.
Ninguno de ellos se percata de que un parapente aterriza encima de las tejas.
Por el tejado del inmueble, una sombra se mueve hasta colocarse encima de un tragaluz cuya misión es iluminar de forma natural el hueco de la escalera.
Un chirrido muy suave indica que se está cortando el cristal.
El intruso mete la mano y levanta la claraboya, lo que le permite introducirse en el interior.
Con gran sigilo, desciende por la escalera, se detiene debajo de cada videocámara que encuentra y coloca un inhibidor de señal, con lo que esta queda anulada.
Cuando tiene posibilidad de cruzarse con algún vigilante, se esconde detrás de alguna cortina, mueble o planta.
Pasado el peligro, sigue hasta llegar al sótano, entra en la habitación, anula las videocámaras y se sitúa frente a la puerta de la cámara acorazada.
Coloca un artilugio electromagnético por encima de la rueda de la cerradura; el aparato será capaz de descubrir la combinación.
Cuando la pantalla digital se ilumina, la puerta de la habitación se abre. Dos agentes de policía entran y disparan el Taser. La descarga eléctrica inmoviliza al ladrón, que cae al suelo sin sentido.
Trasladan al asaltante al despacho del embajador. Allí ya se encuentran el profesor, la teniente, el diplomático y varios agentes. Le quitan el pasamontañas que cubre su rostro.
—Mira a quién tenemos aquí: a la señorita Rut Sander, alias la diosa Isis. Avisa a la policía israelí para que se la lleven; es cosa suya.
—Bueno, parece que hemos frustrado el robo, como pensábamos que podían intentarlo usando inhibidores de señal, pusimos dos tipos de alarma, nadie lo sabía, uno bien visible y otro con rayos láser totalmente invisible y sin posibilidad de ser hackeado, al parecer ha dado resultado.
—La verdad es que si, Francisco, tu y tus agentes, muy bien.
—Gracias Mercedes.
Tres días más tarde, la teniente entra en el despacho del embajador.
—Buenos días, hemos terminado las excavaciones, mañana por la tarde nos vamos. ¿Crees que necesitamos escolta hasta el aeropuerto?
—Creo que sí, pondremos las joyas en una valija diplomática. Los collares, los anillos, la daga y el maletín llevarán un GPS de última generación, diminuto e indetectable, y os llevaremos en un furgón blindado hasta la puerta del avión. En el hangar haremos un despliegue policial. ¿Te parece bien?
—Sí, los malos nunca se rinden, en El Cairo también nos estará esperando el ejército.
Al día siguiente, después de comer, el doctor Mohamed Rastra y la teniente Mercedes Ulloa se despiden del embajador y de los dos compañeros de trabajo agradeciéndoles su hospitalidad y ayuda.
Un convoy formado por un coche de la policía israelí, con dos agentes, seguido de un furgón blindado y, detrás de este, otro coche de policía con dos agentes, el arqueólogo y la teniente, abandonan la sede de la embajada con destino al aeropuerto Ben Gurión, un trayecto de algo más de cincuenta kilómetros y una hora de duración.
Se dirigen al norte para incorporarse a la carretera 443, el viaje transcurre con normalidad, cuando llevan recorridos unos treinta kilómetros, un todoterreno adelanta a la caravana policial y se cruza delante del primer vehículo obligándoles a parar, otro coche se sitúa detrás de la caravana para evitar su marcha atrás y un tercero al lado a cierta distancia, de los automóviles bajan varios encapuchados que abren fuego con armas automáticas sobre los autos de la policía, cuyos agentes responden pero son abatidos, el arqueólogo y la teniente no tienen armas por lo que no salen de su coche, permanecen agachados en el interior, dos de los asaltantes colocan una pequeña carga explosiva en el portón trasero del blindado que al explotar abre las puertas, uno de los asaltantes entra y coge la valija diplomática que contiene la joyas.
Los atracadores abandonan el escenario del robo a toda velocidad.
El conductor del blindado no ha salido del furgón, por lo que ha salvado la vida, además ha dado la alarma a la central.
El atraco se ha producido en un lugar de la ruta alejado del aeropuerto y de la ciudad, por lo que la policía tarda en llegar.
Seis coches de policía hacen acto de presencia en el lugar del atraco, pero ya no hay rastro de los malhechores, el conductor explica lo sucedido, versión que coincide con lo que cuentan Rastra y Ulloa. Sin pistas, la policía y los implicados regresan a Jerusalén.
Después de declarar en la central de policía y explicar lo sucedido al inspector Levi, que asegura que los tendrá informados, reemprenden el viaje al aeropuerto y ya de noche abandonan Israel con un vuelo de las fuerzas aéreas españolas rumbo a El Cairo.