El retorno de Astaroth SEGUNDA PARTE
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SEGUNDA PARTE

Pasan las horas y por fin Naser se pone en contacto con Rastra y Ulloa.

—La operación ha sido un fracaso. Solo hemos detenido a Manzur; del resto de nombres de la lista no hemos encontrado a nadie.

—¿Está el ejército en Saqqara?

—No, irán esta mañana.

—Me temo lo peor. Esta ha sido la noche de la resurrección.

No has encontrado a nadie porque estaban celebrando la ceremonia en el Serapeum de Saqqara, ya que el de Heliópolis estaba vigilado, la policía entretenida buscándolos y el ejército burocratizado esperando la orden.

Creo que hemos llegado tarde. Vamos a Saqqara.

Mientras la policía egipcia iba casa por casa buscando a los sectarios y el ejército rellenaba órdenes para al día siguiente entrar en Saqqara, los miembros de la hermandad del mal se reunían en el Serapeum de Saqqara, un grupo por la tarde había raptado a un indigente en la Ciudad de los Muertos, otros llevaban al recinto el Vaso Canopo de Mnevis robado, otros una imagen del demonio con su serpiente y Llul Ra, el sumo sacerdote, hacía acto de presencia con el Libro de los Muertos y la daga ceremonial, con la que mataba al indigente y colocaba las vísceras del toro encima del cadáver aún caliente.

Entonces todos entonaban el sortilegio del Libro de los Muertos: «Despierta de tu letargo, gran Astaroth, abandona el Duat y ocupa el cuerpo que te ofrecemos, guíanos hacia la maldad y haz que el mundo regrese a sus orígenes de caos y destrucción».

Unos rayos de energía cósmica, atravesaban el cuerpo sin vida, el espíritu del demonio y de la serpiente, ocupaban su lugar, entonces se producía el proceso de reencarnación, cuando finalizaba, Astaroth se ponía de pie en el altar junto a Apep.

Un ser corpulento con las orejas puntiagudas, mirada rojiza, dos cuernos en las sienes y dos pequeñas alas en la espalda, la serpiente, un reptil largo, de grosor considerable, y con la cabeza grande con enormes fauces, los sectarios se arrodillaban en señal de sumisión. La ceremonia había concluido.

Los sectarios salían y se dispersaban, Llul Ra, Astaroth y Apep, se refugiaban en una de las cuevas excavadas debajo del espacio donde están los grandes sarcófagos de granito, en las cámaras laterales esculpidas en la roca, un espacio desconocido, el sumo sacerdote era el encargado de proteger a los seres hasta que estos se recuperaran de su trance de resurrección.

El arqueólogo, la teniente y Naser cogen un coche de la policía, atraviesan la ciudad y se dirigen a la ribera occidental del Nilo, a unos 30 kilómetros al sur de El Cairo, donde está Saqqara.

Cuando llegan a la entrada, aparcan y descienden al interior de la necrópolis.

Recorren el espacio hasta un altar situado en el centro del recinto.

—Mirad, aquí en la base del altar hay unos harapos que pueden pertenecer a un indigente.

Fijaos, esto es el vaso canopo que robaron, roto y vacío.

El altar está manchado de sangre, lo que indica que han matado al pobre aquí mismo.

Sin duda, la ceremonia ha sido esta noche.

Después se han dispersado. Lo que no sabemos es si han tenido éxito; si así ha sido, ¿dónde están los maléficos personajes?

—No creo que estén muy lejos, traeré a mis hombres y perros, registraremos todos los rincones.

—Los sectarios habrán regresado a sus casas, detenlos a todos, Mercedes y yo, iremos al museo a estudiar como detener y destruir a Astaroth y Apep.

—Primero habrá que localizarlos.

Suena el teléfono de Naser.

—Me comunican que hombres armados han asaltado la comisaría, buscaban los Cartuchos que encontramos, pero no se los han llevado, el ataque ha sido repelido.

—Claro, necesitan los cartuchos con sus nombres porque les sirven de protección frente a los maléficos. Estos no actuarán hasta que sus seguidores no se sientan seguros.

—Esto nos da un cierto margen de tiempo.

—Ve a la comisaría y destruye los cartuchos con los nombres, son de oro, fúndelos, cuando se vean desprotegidos alguno abandonara la secta y hablara.

—De acuerdo. Después regresaré aquí y registraré todo el Serapeum. Os iré informando.

Cuando regresan a la capital, Naser va a su oficina; el arqueólogo y la teniente van al museo. Cuando llegan:

—Vamos a la biblioteca de papiros, volveremos a leer el Papiro de Ani, es el original del Libro de los Muertos, en él se describe a los demonios y los sortilegios necesarios para vencerlos y llegar al juicio de Osiris y a la nueva vida, en el Aauru, también el relato de los dioses, donde se expone quien es cada uno, sus poderes y sus debilidades.

Mientras se sumergen en el estudio de los escritos, el policía recoge los cartuchos y los lleva a un taller de joyería. Allí son fundidos y convertidos en lingotes. A continuación, reúne a un nutrido grupo de agentes y perros rastreadores y regresa a Saqqara.

Entran en la sepultura esparciéndose por todo el espacio.

Algo llama la atención de los perros: un ligero pero evidente olor a azufre que antes nadie había notado.

Los sabuesos pegan sus hocicos al suelo y siguen el rastro.

Cuando llegan a la parte posterior de un determinado sarcófago, situado en uno de los espacios laterales, empiezan a ladrar.

De pronto un montón de piedras y trozos de granito saltan por los aires, el demonio y su serpiente aparecen golpeando todo lo que encuentran a su paso, él dando manotazos y el reptil usando su cola como flagelo, varios agentes y perros mueren aplastados, la confusión es tal que les permite escapar y perderse en la inmensidad del desierto.

Naser, herido, entra en el interior de la cueva. Allí encuentra el cuerpo sin vida del sumo sacerdote Llul Ra. Cuando sale al exterior, empiezan a llegar las ambulancias.

Cuando el agente sale del hospital donde han curado sus heridas, que no han sido graves, se dirige al museo para encontrarse con Rastra y Ulloa.

—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

—Sí, las heridas no son importantes, pero hemos tenido varias bajas, además han escapado y se han perdido en el desierto, será muy difícil localizarlos de nuevo. Ya he destruido los cartuchos y hemos encontrado el cadáver del sumo sacerdote en el lugar donde se escondían.

—Hemos estado estudiando varios papiros, al parecer Akenatón y su esposa Nefertiti, eran muy temerosos de los poderes infernales, el dios Ra, les obsequió con un collar, el Usej, que los protegía de los posibles maleficios y les concedía poder para luchar con los demonios, también les dio dos anillos el Shen-Ring para ella y el Ojo de Horus para él, estos objetos junto con los hechizos mágicos del Libro de los Muertos garantizan la victoria sobre los poderes maléficos, tenemos que estudiar más este asunto, pues no sabemos dónde encontrarlos, ni el poder que tienen.

De repente se abre la puerta de la sala de papiros, entra un agente.

—Perdón, un barrio de la ciudad ha sido atacado, Abu Sir, está cerca de Saqqara, al parecer hay muchos muertos y heridos, los testigos hablan de un ser enorme acompañado de una serpiente, arrojaban fuego y destruían todo a su paso, después han desaparecido.

—Me tengo que ir. Seguid buscando una solución o estamos perdidos. Ha empezado el caos.

—La encontraremos.

—Mohamed, ¿tienes idea de dónde buscar estos objetos?

—La verdad es que no. Insistamos en el papiro de Ani, seguro que nos dirá cómo usar los objetos. Para encontrarlos habrá que estudiar los informes de quienes descubrieron las tumbas y las momias de Akhenatón y Nefertiti.

—Así pues, ¿dónde buscamos?

—En 1817 Giovanni Belzoni, dijo haber encontrado la tumba y la momia de Nefertiti, en la KV21 del Valle de los Reyes, pero las pruebas de ADN no corroboraron el descubrimiento, en 1912 Borchardt, un arqueólogo alemán, dijo haber encontrado a Nefertiti, pero solo había hallado el busto de la reina, que por cierto lleva el collar Usej, esculpido y pintado, en la década de 1880 se dijo que habían encontrado a Akenatón, pero, resultó ser falso, hace relativamente poco, parecer ser que a la reina la han encontrado en la tumba KV35 y Al faraón en la KV55 del Valle de los Reyes, no obstante falta confirmación.

—Puede ser que hayan encontrado las momias, pero ninguna joya.

Los dos fueron enterrados con sus joyas siguiendo la costumbre en Amarna, su ciudad, pero, al destruir la ciudad, sus cuerpos fueron trasladados seguramente donde se encuentran ahora.

Posiblemente las joyas se perdieron o fueron robadas, pero no necesitamos las momias; necesitamos las joyas.

—El collar y los anillos a partir de Akenatón fueron muy usados por la realeza, quizás podamos encontrarlos en tumbas que no sean las de Akenatón y Nefertiti, su hijo Tutankamón también utilizaba estas joyas para su protección frente a los malos espíritus.

—¿Sabemos dónde están el collar y los anillos del Rey Tut?

—Sí, todo lo que se encontró en la tumba de Tutankamón, está en el Museo del Cairo, hay objetos expuestos y otros en el almacén.

—Terminemos de estudiar el Libro de los Muertos y, cuando sepamos cómo actuar, vamos al almacén del museo, donde se guardan las piezas no expuestas, cogemos las joyas y trazamos un plan. ¿Sabemos si ha habido más ataques?

—Naser no ha dicho nada, lo llamaré.

Pasados dos días de intenso estudio e interpretación de los textos, consiguen elaborar un tutorial para usar las joyas, tanto el collar como los anillos, estas deben colocarse y activar sus poderes recitando unos sortilegios del Libro de los Muertos, para enviar de nuevo a Astaroth y a Apep al Duat, pues han decidido que serán ellos dos, los que se enfrenten a los maléficos.

También han descubierto que, para enviar definitivamente a los demonios al inframundo, al Duat, de donde no podrán volver, deben ser acuchillados con la daga de Tutankamón forjada con el metal de un meteorito. Solo este cuchillo tiene poderes celestiales contra los demonios.

—Voy a llamar a Naser, no sabemos nada de él, hace días.

Pero antes que esto suceda se abre la puerta del despacho del doctor Rastra y entra el policía.