El retorno de Astaroth PRIMERA PARTE #4
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PRIMERA PARTE #4

—¿Qué piensas que es esto? ¿Adónde conduce?

—No lo sé, traed luces, vamos a bajar.

Rastra y Ulloa, con linternas en sus manos, inician el descenso. Dos trabajadores los acompañan. A medida que descienden, van observando el entorno.

—Parece bien conservado, ¿es normal?

—No, sospecho que aquí se esconde algo.

Cuando llegan al final de la escalera, encuentran un rellano que continúa con un amplio pasillo.

En los laterales del mismo hay unas cámaras excavadas en la roca que albergan lo que podrían ser sarcófagos de piedra rotos.

Al final del largo corredor se abre una gran sala en cuyo centro hay un altar de piedra; al fondo, presidiendo el espacio, un gran sarcófago de granito rojo con un nombre grabado, Mnevis; encima de la tumba, dos objetos, El Anj o cruz ansada, y el cetro Was.

Cuando enfocan las paredes, están decoradas con pinturas que representan momentos de la vida de Mnevis, del demonio Astaroth y de la serpiente Apep, intercaladas entre las imágenes de lo que, según Mohamed, son fragmentos del Libro de los Muertos.

Mientras el arqueólogo está leyendo unos jeroglíficos, Mercedes enfoca un objeto en una de las paredes, algo que le resulta familiar, una especie de palanca, la mueve y nota que puede subirla, de repente todo el complejo subterráneo queda iluminado.

—Vaya, nunca había encontrado nada igual.

—Esto hace años que está restaurado y cuidado, es el Serapeum de Heliópolis, al parecer el cuartel general de la secta de los seguidores de Astaroth. Ya me parecía muy conservado.

—¿Y los objetos que están encima del sarcófago?

—El Anj representa y fortalece la inmortalidad; el cetro de Was concede autoridad y poder, lo que requiere el demonio.

—Voy a llamar a Naser.

—Hola, Mercedes, estamos siguiendo a Manzur, de momento nada significativo, ¿vosotros qué tal?

—Hemos encontrado el Serapeum de Heliópolis, arreglado y con instalación eléctrica, tienes que venir, estamos seguros de que es el punto de reunión de la secta, además Mohamed tiene algo que contarte.

—Dejo a mis hombres siguiendo al sospechoso y vengo.

Cuando el policía llega al parque, acompañado de uno de sus hombres, que vigila en el exterior, se reúne con el arqueólogo y la teniente y no da crédito a lo que ve.

—Esto lleva años y nadie se había dado cuenta, es impresionante.

—Tienen el canopo. Ya sabemos dónde puede celebrarse la ceremonia. El sacerdote de Ra seguramente será un miembro de la secta. Solo nos queda el cadáver; aquí tendrías que estar atento, investigar cualquier desaparición, asesinato o robo en algún depósito de cadáveres.

—Es imposible lo que me pides, en Egipto mueren cada día unas 1.

800 personas, más o menos la mitad solo en la capital, no tengo manera de controlar esto, puedes ir a la ciudad de los muertos, donde hay indigentes que viven allí, si matas a uno y te lo llevas, nadie se va a enterar, nadie va a reclamar su cuerpo.

—Tenemos que desmantelar la secta antes de que actúen o estamos perdidos.

—Vamos a registrar todas las propiedades y a detener a Manzur. Lo haremos hablar. Aquí pondremos al ejército a vigilar; seguro que no lo podrán usar.

—Que vigilen también el Serapeum de Saqqara, no olvidemos que deben usar un lugar sagrado, esté donde esté.

—Empecemos por los registros y las detenciones.

Aquella misma noche los hombres de Naser detienen al comerciante y registran las tiendas del bazar, su casa, y otras propiedades.

La teniente se levanta temprano, desayuna y se va al museo, sube al despacho de Mohamed, entra y lo encuentra trabajando.

—Buenos días, ¿qué haces?

—Estoy estudiando el Papiro de Ani, es el original del libro de los muertos, tengo una copia, el auténtico está en el Museo Británico, en él podemos hallar la fórmula, el texto para volver a la vida cualquier alma perdida, supongo que es lo que usarán para despertar a los malignos.

—Me ha llamado Naser, quiere enseñarnos algo que han encontrado en el sótano de la casa de Manzur, ¿vamos?

Cuando llegan a la casa, aún se está registrando, pero Naser los acompaña a un silo subterráneo.

—Hemos forzado la entrada y hemos encontrado este arcón, en su interior un libro que podría ser el de los muertos y este álbum con hojas de plástico con espacios que contienen cartuchos egipcios antiguos.

—Déjame ver, esto es una copia fidedigna del libro de los muertos, donde está el texto para resucitar almas, y los cartuchos no son antiguos, son nuevos y en cada uno de ellos está el nombre de alguien, yo diría que es la lista de los miembros de la secta, en los cartuchos el círculo que rodea el nombre sirve como protección frente a seres malignos, creo que los tienen para salvaguardarse de lo que pretenden despertar.

—¿La puedes leer, Rastra?

—Sin duda.

—Vamos a detener a toda la lista.

—En cada cartucho tienes los nombres y el lugar que ocupa cada uno en la jerarquía de la secta, Manzur es el brazo ejecutivo, pero el importante es el que se considera el sumo sacerdote: Llul Ra, no sé si actualmente se llamará así.

Todo un inmenso operativo policial se pone en marcha.