PRIMERA PARTE #2
—Pues es grave inspector, no tanto por su valor económico sino por su poder, hable con El Cairo y se puso en contacto con nosotros el Doctor Mohamed Rastra, arqueólogo del museo, resulta que la vasija contiene los testículos del dios-toro Mnevis, según cuenta un papiro que estaba en el Serapeum de Heliópolis donde están enterrados los toros sagrados de aquella antigua ciudad egipcia, las criadillas del vaso canopo robado, son incorruptas y capaces de despertar al demonio Astaroth y su serpiente Apep, dios del caos y la guerra, lo que provocaría el desorden y la beligerancia a nivel mundial.
Es muy importante recuperar la vasija y destruir lo que contiene.
—Me lo pone muy difícil. Mandaré a la científica a buscar huellas al piso donde se mandó el bulto. A lo mejor tenemos suerte; le diré algo.
Cuando llega a la comisaría, se pone en contacto con la jefa de la científica, la teniente Mercedes Ulloa, y le explica la delicada situación y la necesidad urgente de conocer al cerebro del robo y localizar el Canopo.
—Iremos al piso donde se envió el paquete, buscaremos huellas en toda la casa, si rompieron el envoltorio, la caja, papel o plástico que lo envolvieron, en el buzón, el ascensor, también preguntaremos al conserje, te contaré lo que encontremos, no será fácil.
Con una orden judicial el equipo de la policía científica entra en la casa, varios agentes se reparten por el piso buscando huellas, otros registran muebles y armarios, otros el buzón, incluso el pasamanos de la escalera y la puerta de entrada.
Interrogado el conserje, este solo sabe que, muy de tarde en tarde, una pareja pasa la noche, pero él no los ha visto nunca, pues hace horario solo de mañana. El portero cree que el apartamento es un picadero de un lío de faldas.
Durante dos días, el equipo de la policía registra y busca huellas en toda la casa, parte de la escalera y el ascensor; incluso cogen muestras de ADN de utensilios hallados en el cuarto de baño.
Unos días más tarde, llega la teniente con los resultados al despacho de Morales.
—Buenos días, inspector. Soy la teniente Ulloa; hablamos por teléfono.
Hemos estado analizando las muestras. Nos ha costado bastante encontrar de quién se trata, pues había huellas de al menos cuatro personas que hemos ido descartando con la ayuda del ADN y buscando sus posibles antecedentes o fichas policiales.
Por fin hemos llegado a la conclusión de que se trata de una mujer rusa, Silvana Petrova.
Primero buscamos aquí, en nuestro país, pero no encontramos nada: ni huellas, ni ADN, ni ficha policial.
Pero buscamos en la Interpol; allí tiene de todo: un rosario de antecedentes, robos de obras de arte, asesinatos por encargo, tráfico de estupefacientes…
Ha sido detenida, pero nunca ha sido juzgada; en todas las ocasiones se ha escabullido de la justicia.
—¿Ahora sabemos dónde está?
—Creemos que con el paquete se ha marchado de España; no sabemos dónde.
—¿El piso de quién es?
—La propiedad es de Juan Ramírez, tenemos pendiente interrogarle, unas huellas eran suyas. Tenemos sus datos.
—¿Tenemos fotos de la señora?
—Sí, en la ficha de la Interpol.
—Haremos una cosa, compararemos la foto, si se puede, mediante reconocimiento facial, con las grabaciones de las cámaras de todos los aeropuertos, estaciones de tren, fronteras terrestres y marítimas. Y por otro lado traedme al propietario del piso, pero detenido, voy a interrogarlo.
—De acuerdo, nos ponemos a ello.
Horas más tarde, esposado, entra en la sala de interrogatorios de la comisaría. El policía le enseña la foto de la Interpol.
—Sr. Ramírez, ¿conoce usted a esta señora?
—Sí, es Isabel, nos hemos acostado un par de veces, la conocí en una discoteca, le he dejado mi piso, yo no lo uso, ella viaja mucho por trabajo, me dijo que era solo por unos días.
—¿Qué más sabe de ella? ¿Sabe si aún está en el país?
—Creo que no, yo quería quedar, pero me comentó que se iba pero volvería en unos días y me llamaría.
—¿Tiene su teléfono?
—Sí.
Morales entrega el número de teléfono a uno de sus asistentes para que intenten triangular la posición de la sospechosa. Pero pasada una hora no han conseguido averiguar nada.
—Hablad con la Interpol.
—¿Qué hacemos con este?
—Nada, que se vaya. Pero que esté localizable o lo acusaremos de cómplice; explícaselo.
—Soy Mercedes Ulloa. Creo que tenemos algo; voy a tu despacho.
—¿Tienes a la prófuga?
—Creo que sí, ha alquilado un coche, aquí en Madrid, tenemos una grabación de las cámaras del establecimiento y los coches tienen GPS, sabemos que ha llegado a Almería, allí la tenemos cogiendo un ferry a Nador en Marruecos, como ves fronteras muy laxas, la policía de allí ha colaborado, al parecer allí ha alquilado otro vehículo, pero no es seguro ya que no hay cámaras ni GPS, pero la han localizado en el aeropuerto de Casablanca embarcando con destino a El Cairo, donde aún no ha llegado, pero sabiendo el vuelo, tiene que ser fácil detenerla cuando baje del avión.
—A ver si es verdad, estaremos atentos.
—He hablado con Naser, es el policía que lleva el caso en El Cairo. Me ha comentado que el nombre que les hemos dado no figura en la lista de pasajeros, pero la están esperando a la salida del fínger del avión con la foto. Cuando salga, la detendrán. Ya la tenemos.
Después de esperar unas dos horas, con cierta inquietud por parte de la policía española, reciben la llamada de Naser.
—Sí, dime, ¿la tenéis?
—Lo siento, teniente, pero, como le comenté, estábamos justo a la salida del túnel de desembarque.
Ha salido por una puerta lateral que hay al lado del pupitre por donde se maneja el fínger, que da a la pista de rodaje.
Al ver que no salía, la hemos visto por la cristalera de la terminal, cómo corría sorteando los vehículos de servicios.
Se ha subido a un Peugeot 504 negro que la estaba esperando y se ha ido.
—Vaya desastre, ¿no podías entrar en el avión y detenerla?
—Aquí se necesita una orden para hacer esto, no había tiempo de pedirla, estamos revisando las cámaras de salida del aeropuerto, tenemos una matrícula, pero una vez incorporada al tráfico es muy difícil seguirla, aquí tenemos pocas cámaras en las calles.
—Está bien, seguid investigando, con la matrícula algo podréis hacer, yo cojo un avión y vengo a El Cairo.
Al día siguiente un avión de la fuerza aérea española aterriza en El Cairo, la teniente es recogida en un hangar por la policía egipcia.
—Bienvenida a Egipto, soy Naser, la acompaño al Hotel Ramsés Hilton y tengo noticias para usted.
—Gracias, ¿son buenas?
—Tenemos el nombre del dueño del automóvil y una dirección, hemos pedido una orden, la estábamos esperando a usted para entrar en acción.
—Perfecto, pero primero debemos pasar por el Museo del Cairo. He quedado con el Dr. Rastra; nos explicará cuál es el peligro real del objeto robado. Se ofreció para ayudarnos.
Al rato de abandonar el aeropuerto y sumergirse en el caótico tráfico de las calles de la capital egipcia, llegan al museo, inmediatamente son recibidos en el despacho del arqueólogo.
—Buenos días doctor, gracias por recibirnos.
—Buenos días, voy a decirles la verdad del asunto, cuando hablé con el director del museo de Madrid, el señor Estrada, le comenté la importancia de los efectos del uso del contenido del vaso canopo del Mnevis, pero la realidad, es que suavicé un poco las posibles consecuencias, lo que hay dentro de la vasija es capaz de despertar al ser más diabólico y letal que nunca ha existido, la serpiente Apep, y al mismísimo diablo Astaroth, hay que encontrarlo cueste lo que cueste, yo les ayudaré en lo que pueda.
—Gracias, doctor, ¿por dónde empezamos?
—Hay que encontrar a la mujer que ha traído el recipiente, aunque ella es solo el mensajero, creo que todo está organizado y dirigido por una secta, los adoradores de Astaroth, el rey del inframundo.
—Tenemos el nombre y la dirección de la persona que recogió a la dama. Vamos a ver qué nos encontramos.
El doctor, la teniente y el policía abandonan el museo y vuelven a sumergirse en el caótico tráfico de las calles.
La dirección es en Heliópolis, un barrio al nordeste de la capital. Actualmente es una zona residencial; en la antigüedad era una gran urbe. Se trata de una casa unifamiliar dentro de un recinto deportivo con un campo de fútbol.
Cuando llegan hay dos coches de policía que habían sido avisados por Naser como refuerzo, los agentes se distribuyen por la propiedad, Naser llama a la puerta, con el golpe de los nudillos, ésta cede y se abre.
—La puerta está abierta, vamos a entrar con cuidado.
Los agentes desenfundan sus armas y entran en la casa extremando las precauciones. Se distribuyen por las habitaciones, al entrar en el salón en el suelo yace un cadáver que identifican como la mujer de la foto, la mensajera.
—Está claro que no quieren dejar cabos sueltos. ¿A quién pertenece la casa?
—La casa es de un fondo de inversiones, en ocasiones se alquila, pasa mucho tiempo vacía, la deben haber ocupado para el encuentro con la dama.
—Registren la casa a fondo.
Después de pasar horas registrando la casa, no encuentran ninguna pista ni rastro del Peugeot ni de su propietario.
—Naser, he registrado el cadáver. El bolso lo han vaciado: ni documentación, ni pasaporte, ni teléfono. Pero mira por dónde, aún tenía un móvil en uno de los bolsillos del pantalón.
—Lo llevaremos al laboratorio para que lo estudien a fondo. Vámonos.
—Doctor Rastra, me gustaría que me hablara más sobre lo que estamos buscando, ¿puedo invitarle a cenar?
—Será un placer.
En uno de los comedores privados del hotel donde se hospeda la teniente Ulloa, el Ramsés Hilton, se reúnen el arqueólogo y la teniente.