El reto (Losers 0.5) El reto #6
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El reto #6

Manson me ayudó a sentarme, despacio, sobre su regazo a pesar de que, al entrar en contacto con sus vaqueros, me ardió el culo.

Me recosté sobre su pecho, fuerte y cálido contra mi espalda.

Por un momento, lo único que quise fue quedarme allí, cerca de él, sintiendo los latidos de su corazón.

Me rodeó en un abrazo, tranquilizador pero no exigente.

Cuando me acomodé en él con un suspiro profundo y tembloroso, me abrazó con más fuerza.

Poco a poco, volví a la realidad. La casa que nos rodeaba volvió a ser real. Podía oír la música retumbando a través de las paredes y el murmullo lejano de la multitud.

Los dedos de Manson trazaban círculos en mi brazo.

—¿Estás bien, Jess? —murmuró.

Asentí.

—No puedo creerme que tú… Que de verdad… —dije.

—Y yo no puedo creer que me hayas dejado —dijo en voz baja.

Me incorporé lo suficiente como para poder mirarlo. Me secó una lágrima rebelde antes de que cayera y me incliné hacia su mano. Manson Reed, el friki, el bicho raro de Manson Reed me hacía sentir segura y aterrorizada, protegida y maltratada, todo al mismo tiempo. Pero no era solo eso.

En ese momento, lo único que quería era meterme en sus pantalones.

—¿Vas a portarte bien a partir de ahora? —preguntó, tomándome de la barbilla—. ¿No habrá más insolencias?

Sonreí.

—No puedo prometerte que no habrá insolencias. Pero… intentaré portarme bien.

—¿Ya estás volviendo a tus viejas costumbres? —se rio—. ¿Han pasado dos minutos y ahora solo vas a intentar portarte bien?

—Portarse bien es difícil para una chica mala —insistí, mientras le recorría el pecho con los dedos, los pasé por encima de las hebillas del arnés, preguntándome cómo sería sin la camiseta—. Pero sabes… quizá si me follas… eso me ayude a portarme bien.

Su expresión tranquila se vio alterada por la sorpresa. Estaba acostumbrada a que los chicos se enamoraran perdidamente de mí, luchando por la oportunidad de acostarse conmigo. Pero cuando su sorpresa se disipó, Manson se limitó a sonreír despacio, como si yo hubiera dicho una tontería.

Me apretó las mejillas y me sacudió la cara.

—Ay, Jess. No puedo ponértelo tan fácil, ¿verdad? Eso no tiene gracia. Me gusta ver cómo te retuerces.

Hice un puchero y me moví en su regazo para poder frotarme contra él.

—¡Sería divertido! Solo uno rápido…

—No, ángel. —Su voz fue firme—. Aún no. Cuando te folle, si lo hago, no será un polvo rápido en un sofá. Haré que grites.

Normalmente, solía poner los ojos en blanco ante las promesas de los chicos sobre su abrumadora destreza sexual, pero en el caso de Manson, le creí.

No me atrevía a dudar de lo que era capaz de hacer, y lo deseaba aún más.

El deseo me estaba volviendo loca. ¿Cómo iba a poder volver a la fiesta después de esto y comportarme como si nada?

No estaba acostumbrada a no conseguir lo que quería. Mi voz se convirtió en un gemido.

—Por favor, amo. Venga.

Moví las caderas en un círculo lento y suave, y sentí cómo su polla se contraía contra mí. ¡Ja! ¿Cómo iba a resistirse a eso? Pero en lugar de desabrocharme el sujetador, Manson me agarró del pelo. El doloroso tirón me hizo quedarme quieta al instante, siseando por el dolor.

—Cuando yo digo que no es que no. —Su voz sonaba baja, como una advertencia—. ¿Entendido?

—Sí, amo —respondí rápido.

Por muy cachonda que me hubiera puesto, no quería que me inclinara y me azotara otra vez.

—Vas a ser paciente para mí —ordenó, sujetándome la cabeza de tal manera que no podía apartar la mirada de la suya—. Vas a sufrir con ese coño mojado que tienes y vas a esperar. Y cada vez que te ordene hacer algo, te pondrás peor. Tendrás que aguantarte.

Temblaba de expectación por dentro. El mero hecho de que se atreviera a rechazarme… este tío tenía unos huevos enormes.

Se levantó de repente, arrastrándome con él, y me apretó contra su pecho con la mano aún enredada en mi pelo. Mirarlo así me hizo temblar.

—No es justo —gemí, sin importarme lo más mínimo mi propia seguridad.

Él arqueó una ceja.

—¿No es justo? ¿No es justo , ángel? —preguntó, despacio.

Tragué saliva.

¡Oh, arrepentimiento, arrepentimiento, arrepentimiento instantáneo!

—Bueno… Lo que quiero decir es que… No… No puedes…

—¿No puedo qué? —Me agarró con fuerza por la nuca, tirando de mí hacia abajo y obligándome a volver a ponerme de rodillas mientras se inclinaba sobre mí—.

Puedo hacer lo que quiera, ángel. Puedo hacerte sufrir toda la noche y no darte el alivio que buscas.

Puedo volver a azotarte solo porque me gusta oírte gritar, y suenas muy bien cuando gritas.

Al tener el culo presionado sobre mis piernas dobladas, me ardía. No quería otra azotaina cuando ya tenía la piel así de irritada.

—Entonces diré mi palabra de seguridad —gemí, aunque no esperaba que le pareciera tan gracioso como le pareció.

—Tu palabra de seguridad significa que esto termina. Sirve para eso. No es una forma de obligarme a hacer lo que tú quieres, es una forma de mantenerte a salvo.

¡Pero yo no quería que terminara! Quería correrme, con desesperación. Quería quitarle los pantalones y que me follara.

Me retorcí, descontenta.

—Eres lo peor.

Él sonrió burlón y me dio un beso en la frente.

—Ay, ángel. No te haces una idea.