8 Donna #3
¿Y ya me sustituyeron? Ni siquiera me dijeron que estuvieran descontentos. Es la primera vez que me dicen algo. No entiendo. Todos mis días libres salieron de vacaciones acumuladas y con la aprobación de la directora.
«Hay más maneras de ganar».
El ominoso mensaje de texto de Patrick se envió menos de treinta minutos antes del mensaje de voz de la señora Ferguson. El mejor amigo de Patrick trabaja en el consejo. No tengo pruebas, pero es lo único que tiene sentido.
Me hizo perder el trabajo.
Mis dedos se mueren por llamar a Abigail. Sé que está organizando una boda. Sé que no le pago mucho y que la mayor parte del trabajo que ha hecho para mí lo ha hecho gratis, pero acaba de decirme que no estoy sola. Quizá pueda hacer algo de magia y deshacer lo que acaba de pasar.
Aunque ya sé qué me va a pedir. Va a querer ver mi contrato de trabajo.
Creo que está en una de las cajas apiladas en la entrada.
Me tiemblan las manos mientras rebusco dentro, sacudiéndolo todo en el proceso.
Un grillo muerto me da un susto y mi mano sale disparada hacia atrás, haciendo volar una pila de papeles por todo el dormitorio.
—¿Qué haces, mamá? —Aiden tiene los ojos muy abiertos y la boca apenas entreabierta.
—No pasa nada, cariño. Estoy bien.
Frunce el ceño.
—Dije que qué haces. No te pregunté si estás bien.
Me aclaro la garganta.
—Solo estoy revisando unos papeles. No te preocupes.
El teléfono me vibra en el bolsillo. Lo saco de un tirón. Quizá sea el consejo escolar devolviéndome la llamada. O la directora.
Pero no es una llamada. Es un mensaje.
De Charles. Nada que mi exmarido pudiera mandarme me haría sentir mejor, pero me obligo a leerlo de todos modos.
[Tu hermano me acaba de decir que perdiste tu trabajo. Eso es un cambio significativo de circunstancias, y me da derecho a solicitar al tribunal una revisión de la custodia.]
Estoy a nada de un colapso emocional total, pero no puedo derrumbarme delante de Aiden.
No puedo. Nada de esto es su culpa, y es demasiado pequeño para enterarse de lo que está pasando.
Por encima de todo, él tiene que sentirse seguro.
Tiene que saber que puedo cuidarlo. Me agacho a recoger los papeles y empiezo a juntarlos para ponerlos nuevamente en la caja, y algo bajo el borde de la cama llama mi atención.
Un cuadradito de papel; bueno, estrictamente, un rectángulo. Me arrastro por el suelo y lo recojo, con los ojos recorriendo las palabras obsesivamente.
Park Hyun Capital y Desarrollo.
David Park, vicepresidente de Nuevos Proyectos.
Antes de que pueda arrepentirme, con mis torpes dedos entumecidos tomo el teléfono y marco los números que figuran bajo su nombre.
Nunca he tenido la boca tan seca como en este momento, mientras el teléfono empieza a sonar.
Intento humedecerme los labios, y la lengua prácticamente se me queda pegada a ellos.
—¿Hola?
Intento devolver el saludo, pero no me sale ningún sonido.
—Habla David Park. ¿Quién llama?
¿Qué se supone que debería decir? Seguramente bromeaba cuando dijo que quería a alguien que conociera a la gente del lugar. Y con Patrick furioso conmigo, podría hacerle más daño que bien. Si supiera la historia completa, no consideraría contratarme de ninguna manera.
Pero no estoy en posición de hablar a fondo del asunto. Pelear con quienquiera que Patrick haya presionado para que me despidieran tomaría demasiado tiempo, y yo estaría de vuelta en los tribunales, con mi vida juzgada y exhibida para justificar que Aiden tiene que quedarse conmigo.
A él no puede criarlo Charles. Simplemente no puede.
—Bueno, voy a colgar. Si es que la cobertura está fallando, cosa que por aquí pasa bastante seguido, vuelve a llamarme.
—Espera —logro decir con voz rasposa—. No cuelgues.
—¿Hola? ¿Quién habla?
—Perdona —digo—. No sé qué le pasa a la antena de telefonía de por aquí. —Sí, David. Gracias por darme la idea de culpar de mi silencio a la pésima cobertura.
—Ni que lo digas —dice David.
—Soy Donna Ellingson —digo—. Nos conocimos hace unos días en una comida con Amanda Brooks.
—¡Donna! —Suena como si estuviera encantado de saber de mí. Eso, al menos, es prometedor.
—Mis circunstancias han cambiado un poco, y me acordé de algo que dijiste. Que te gustaría encontrar a alguien de la zona que conociera a la gente, para ayudarte…
—Por favor, dime que llamas porque quieres trabajo.
Trago con dificultad y parpadeo para contener las lágrimas.
—En realidad…
—Sea lo que sea que estés ganando en esa escuela, yo puedo ofrecerte beneficios y un aumento del veinte por ciento. Sé que tienes un hijo, así que no tengo problema con que salgas temprano y trabajes desde casa cuando lo necesites.
—Digo, tendremos que hablar de qué necesitas exactamente, para asegurarnos de que encajo bien.
—Necesito a alguien que me administre las cosas, que organice archivos, que conteste llamadas y que me ayude a encontrar gente. —Suspira—. Pero, sobre todo, necesito a alguien que conozca a la gente de por aquí y pueda darme una evaluación precisa y honesta de cómo son las cosas de verdad.
¿Eso? Eso sí que puedo hacerlo.
—¿Cuándo quieres que empiece?
—¿Mañana es demasiado pronto?
Suelto un suspiro de alivio.
—Para nada.