El Retiro (El Rancho de Birch Creek 4) 8 Donna #2
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8 Donna #2

—¿Algo más para agregar? —pregunta—. ¿Alguna otra amenaza que hacer, tal vez?

—Se pone de pie y apoya las manos sobre la mesa—.

Prefiero que las hagáis ahora mismo, mientras todo consta en acta.

—Su sonrisa raya en lo perverso—. Así quizá hasta consiga que el juez me dé una orden de alejamiento.

Me imagino que, si pudiera ver las muecas y miradas furibundas que estáis haciendo en este momento, quizá me la daría sin que vosotros dijerais una sola palabra.

—Señala detrás de sí—. Y ni siquiera después de la lección de hoy sobre no mentir ni hacer otras maldades se os ocurre pensar en las cámaras.

—Chasquea la lengua—. Delincuentes y estúpidos.

Si la facultad de Derecho no os enseñó que esa es una combinación peligrosa, dudo que nada de lo que yo diga sirva de mucho.

Los dos salen hechos una furia por la puerta y, cuando ya no están, no sé si reír o llorar.

—Eso fue bastante horrible. —Abigail parece una marioneta con los hilos cortados cuando se deja caer en su silla.

La taquígrafa ya tiene todo recogido.

—Me pondré en contacto por lo de mi factura. —Mira a Abby, luego a mí, y de vuelta—. ¿Estáis bien?

Abby suspira y asiente.

—Gracias. —Cuando se ha ido, Abby casi susurra—: Siento muchísimo que crecieras con un hermano así.

Como si sus palabras las hubieran invocado, las lágrimas empiezan a correrme por la cara.

Llevo toda la vida justificando a Patrick.

No era tan malo como mi padre. No era cruel de verdad.

Se preocupaba por mí, a su manera. Pero cada cosa que me decía a mí misma incluía una suerte de excepción.

Nunca era simplemente que se preocupara por mí.

Nunca era que no era malo; solo que no era tan malo como papá.

Abigail me pone una mano en el hombro.

—No estás sola —dice—. Y cuanto más fuerte ladres y más feroz gruñas, menos probable es que se enfrenten a ti.

Pero Abby tiene a Steve respaldándola.

Yo no tengo a nadie.

—A veces me pregunto si vale la pena. Me ofreció cien mil dólares del seguro de vida, y eso es mucho más de lo que jamás esperé recibir. Quizá debería aceptarlo y terminar con todo esto.

—Aquí es donde crees que te voy a dar un discurso motivacional y a decirte que mereces todo lo que el testamento dice que te corresponde, y más.

Donde se supone que te diga que, como tu hermano actuó de mala fe, podrías de hecho solicitar, y posiblemente obtener, el patrimonio completo, incluido su rancho.

Apuesto a que se sentiría bien echar a tu hermano y a su horrible esposa de su propiedad.

Lo pienso.

—Pero no es eso lo que te voy a decir. —Los ojos de Abby están tristes—.

Sabiendo lo que sé de ti, dudo que te haga sentir muy bien.

La familia y el hogar son complicados, y probablemente te arrepentirías toda la vida si lo hicieras.

Solo tú puedes decidir si vale la pena el desgaste emocional que esto está significando para ti.

Pero voy a añadir una sola cosa. Si crees que tu hermano se va a quedar a gusto porque aceptes una parte del seguro de vida que él te ofreció, si crees que eso va a reparar la relación entre vosotros, creo que te equivocas.

No creo que tu relación con ese hombre pueda repararse, porque creo que la única parte que no estaba podrida de todo eso era la tuya.

Después de que Abby me deja en la que, por lo visto, se está convirtiendo en mi habitación de hotel de largo plazo, pienso en la suerte que tengo de haber conocido a Abigail Brooks.

Quizá no tendría la custodia de mi hijo si ella no se hubiera mudado aquí.

Quizá habría perdido a mi padre antes y con ello, los pocos recuerdos positivos que tengo de él.

Desde luego, nunca habría descubierto que papá rehízo su testamento.

¿Habríamos estado bien Patrick y yo, en términos relativos, si yo no lo hubiera descubierto? Si hubiera perdido a mi hijo, y mi padre hubiera muerto sin dejarme nada, pero mi hermano se hubiera quedado con todo, ¿habría cuidado él de mí, al menos? ¿Me habría respaldado?

Lo peor es que no estoy segura de que lo hubiera hecho. Aunque se hubiera salido con la suya robándomelo todo, y robando el rancho Birch Creek como planeaba, sigo sin estar segura de que hubiera sido feliz.

Después de recoger a Aiden y llegar sana y salva al hotel donde seguimos alojados, veo que tengo varios mensajes de texto, dos llamadas perdidas y un mensaje de voz. Planto a Aiden frente al televisor y me meto al baño para revisarlos en paz.

El primer mensaje es de Abby. [No estás sola. Eres una buena persona. Tus padres lo sabían.]

Otro mensaje es de un insufrible lavadero de coches de San Francisco. Nunca debí suscribirme a su lista de promociones solo por ahorrarme un diez por ciento.

El último mensaje es de Patrick. [Hay más maneras de ganar.]

¿«Más maneras de ganar»? ¿Qué rayos significa eso? Si no logra impugnar la validación del testamento de papá… ¿qué va a hacer? Sigo pensando en lo que puede significar cuando le doy a reproducir el mensaje del buzón de voz.

[«Donna»] —retumba una voz metálica por el altavoz de mi viejo iPhone—.

[«Soy Linda Ferguson, presidenta del consejo escolar del condado de Daggett.

Detesto hacer esto por teléfono, pero intenté llamarla varias veces.

El consejo ha decidido que, en vista de sus reiteradas ausencias al trabajo, vamos a tener que prescindir de usted en su puesto en la escuela.

Por supuesto, le pagaremos hasta el final de este período de nómina, pero ya encontramos a su sustituto». ]

Se me cae el alma al suelo. Necesito este trabajo.