El regreso del Highlander (Los indomables Kincaid 6) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Gavin examinó la puerta y asintió. Los hombres aún no habían terminado, pero para cuando acabaran no sería fácil atravesarla.

Gavin se preguntó si Kenneth entendía que todo lo que estaba haciendo contradecía directamente su idea de que la fuerza conlleva violencia, pero temía preguntárselo por si eso hacía que su hermano dejara de cooperar.

Era más que probable que Kenneth fuera consciente de las contradicciones y simplemente las hubiera apartado mentalmente, decidiendo dejar que su amor por la construcción desplazara temporalmente su postura contra la agresión.

Kenneth estiró el cuello para mirar hacia arriba. Abe y Ruairí habían vuelto un par de veces más para descargar su frustración y ahora varios agujeros del tamaño de una bandeja pequeña salpicaban el techo.

—¿Seguro que no hay que repararlos?

—Ya tienes bastante en qué concentrarte. Además, dejan pasar la luz.

Kenneth puso los ojos en blanco. Sabía que servían para algo, pero Gavin tenía razón.

Tenía bastante que hacer y de qué preocuparse si quería terminar para la Candelaria.

Y tenía que hacerlo, no por Gavin, sino por Iona.

Le había prometido que todo el pueblo podría venir a presenciar la segunda boda de Gavin y Fenella.

Iona no quería que nada empañara el día, y eso incluía el ruido y la suciedad de la construcción.

Además, la fiesta marcaba el ecuador del invierno, a mitad de camino entre el día más corto y el equinoccio de primavera, que señala el final del invierno.

Al día siguiente, casi todo su trabajo estaría en los campos, preparando la tierra para la primera siembra, y ya no estaría disponible para ayudar.

Salieron de nuevo al exterior. Los grandes y gruesos troncos de madera se estaban apilando justo fuera de la panadería, que estaba alejada de toda la obra.

—¿Para qué es la leña? —preguntó Gavin—. Porque parece que están preparando una hoguera.

Kenneth asintió.

—Una aquí y otra al otro lado también. Son por si acaso.

Su hermano esbozó una sonrisa con hoyuelos.

—Dudo que la lluvia nos siga favoreciendo mucho más tiempo y le he prometido a Iona que esto estará listo para la Candelaria. No puedo hacer nada con respecto a la lluvia, pero puedo crear luz cuando se ponga el sol.

Gavin se alegró en secreto de que Kenneth estuviera tan motivado, pues, aunque sabía que su hermano esperaba que Cedric regresara a mediados de febrero, Gavin preveía que el hombre llegaría mucho antes.

—Bueno, no te quitaré más tiempo.

Kenneth le dirigió un breve gesto de asentimiento y se fue a inspeccionar lo que los hombres habían hecho durante su breve interrupción.

Gavin también tenía cosas que hacer. Regresó a la fortaleza y, como era de esperar, encontró sus aposentos vacíos.

Se asomó detrás de la puerta para coger su espada, pero no estaba allí.

Registró la habitación, buscando en cualquier lugar donde Fenella pudiera haberla movido.

—¿Estás buscando esto?

Gavin se dio la vuelta y vio a Fenella con su espada. La punta estaba en el suelo, pues era demasiado pesada para que ella pudiera mantenerla en posición vertical durante mucho tiempo.

—Sí. ¿Por qué la tienes tú?

Fenella se apartó para que él pudiera agarrar la empuñadura, liberándose del peso.

—Tengo una pregunta mejor. ¿Por qué la necesitas?

—¿Qué te parece? —replicó él.

Fenella le dio un puñetazo suave y sin fuerza en el brazo.

—Sabía que seguías entrenando con los hombres.

—Nunca dije que fuera a dejarlo.

Su tono era ligeramente defensivo.

—Solo acepté que no todos eran necesarios para enfrentarse a Cedric. Prometí darle a Kenneth la oportunidad de intentar hablar pacíficamente con él y tengo la intención de cumplir esa promesa.

Fenella señaló con la barbilla hacia la ventana.

—¿Y cuál es el propósito de eso entonces?

Gavin le rodeó el cuello con la mano y acercó la boca a la de ella. La besó lentamente, con detenimiento y profunda posesividad.

—Eso —dijo, recuperando el aliento— es una de tus contingencias.

Fenella parpadeó, con expresión de fingida incomprensión.

—No tengo ni idea de a qué te refieres. Estoy segura de que ese túnel de ahí fuera no es idea mía, ni tampoco de mi cuñado. Resulta que sé que es una idea brillante de mi marido.

Gavin se inclinó y le dio otro beso rápido antes de abrir la puerta. Justo antes de atravesarla, se volvió.

—Gracias.

Esta vez Fenella estaba realmente desconcertada.

—¿Por qué?

—Siempre quise saber qué se sentía al ser un Kincaid. Ahora lo sé.

—Sigo sin entenderlo.

Gavin siempre había sido un líder, un guerrero y un hábil estratega, así que no tenía sentido que solo ahora pensara que era como ellos.

—Siempre has sido uno de ellos.

Gavin negó con la cabeza.

—Me faltaba lo único que todo Kincaid verdaderamente exitoso tiene.

Quienes pasaban tiempo con los Kincaid no los recordaban por su destreza con la espada, ni siquiera por sus habilidades en estrategia y batalla. Por lo que realmente se conocía a los hermanos Kincaid era por sus mujeres luchadoras, hermosas e inteligentes. Eso era lo que Gavin más había envidiado.

Fenella se puso las manos en las caderas y esta vez le exigió una explicación más detallada.

—¿Y eso era…?

—Tú, Fenella. Para ser un auténtico Kincaid, te necesito a ti.

Kenneth pidió más cerveza y que se rellenaran todas las jarras de la pequeña reunión.

—Esta noche disfrutaremos de buena compañía y amigos, pero mañana será la verdadera celebración. Será una Candelaria como nunca antes hemos tenido. Davros y sus hombres nos han traído más que suficientes aves y caza para el mayor festín que Strathmore haya visto jamás.

Hizo una pausa para saludar con la cabeza al cetrero y a su esposa.

—Y el pasadizo de piedra está terminado. A tiempo, tal y como se prometió, para que todos puedan entrar y unirse a las festividades —concluyó con un guiño a su esposa.

Gavin miró a Amon, quien solo le devolvió una leve mueca.

—No estoy seguro de que tanta gente sea una buena idea. Quizá deberíamos reducir la juerga al mínimo.

Iona se opuso a la sugerencia.

—¡Por supuesto que no! ¡La Candelaria de este año será la más memorable de la historia de Strathmore, ya que tú y Fenella os vais a casar!

Fenella negó con la cabeza.

—Ya estamos casados, Iona.

Había estado observando a Gavin. Estaba visiblemente tenso y era evidente que se sentía incómodo con otra ceremonia nupcial.

Fenella temía que, al insistir en celebrarla, Iona estuviera pidiendo más de lo que Gavin estaba dispuesto a dar.

Él aún no había admitido sus sentimientos y a Fenella le preocupaba que someterlo a una ceremonia en la que la gente esperaría que proclamaran su amor y devoción pudiera alejarlo, en lugar de acercarlo.

Iona apretó la mandíbula.

—No con testigos que no sean de la familia.

Su voz fue seca y no admitió réplica.

—Aun así, con una reunión tan grande, resulta difícil prepararse para ciertas eventualidades.

Gavin no quería aguar el ambiente. Deseaba poder simplemente relajarse y disfrutar de la celebración y de la idea de anunciar al mundo que Fenella era suya y solo suya, pero su instinto le gritaba que tuviera cuidado.

Kenneth hizo un gesto de desprecio con la mano.

—Cedric no se atrevería a intentar nada inapropiado en un día sagrado.

Gavin sabía que no era así. Un día en el que todos bebían y no estaban preparados para un levantamiento era exactamente el momento en que se atrevería a regresar.

Amon sonrió a su amigo.

—¿Dos ceremonias? —susurró en un intento por animar a Gavin—. Debes de estar de verdad enamorado para estar tan ansioso por casarte dos veces.

—Dudo que tenga la oportunidad —respondió Gavin, manteniendo la voz baja.

Quería ignorar las posibilidades, pero se dio cuenta de que no podía. Agarró su jarra y se bebió varios tragos de cerveza.

—Cuando nos vayamos de aquí, envía a cuatro de nuestros hombres más fiables a los dos puestos de vigilancia de los que tú y yo hablamos antes.

Diles que deben quedarse hasta que vean a Cedric.

Cuando lo vean, que uno vuelva lo más rápido posible con noticias.

Si estoy en lo cierto, dudo que tengan que esperar mucho.

Amon frunció el ceño.

—En esto, estoy de acuerdo con Kenneth. Cedric podría estar dispuesto, pero nunca convencería a sus hombres para que atacaran en la Candelaria.

Gavin resopló.

—Si lleva mercenarios consigo, lo harían. Se verían tentados a atacar Strathmore cuando sus guardias parezcan más vulnerables y desprevenidos. Eso es mañana.

Amon suspiró con tristeza.

—Lo siento, amigo mío. Sé que querías volver a casarte con tu hermosa esposa y me encantaría ser testigo de tu alegría.

Gavin dio otro trago.

—Solo envía a los hombres, Amon. Y asegúrate de saber dónde están Lumley, Jollis y los otros dos espías de Cedric en todo momento. Cuando él llegue aquí, no quiero que nada les prive de su reencuentro.

Gavin se puso entonces de pie, lo que hizo que Fenella se levantara con él. Les desearon a todos buenas noches y se retiraron a sus habitaciones. Él habló poco, sin ganas de conversar. Solo quería abrazar a Fenella, hacerla suya y olvidarse del mundo por un momento.

Mientras yacía a su lado, a punto de quedarse dormido, rezó para que sus temores fueran infundados.

Una hora antes de que los primeros rayos de sol asomaran por el horizonte, llamaron a la puerta.

Habían visto a Cedric.