El regalo (Inspector Oriol Duarte 5) 29
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Oriol y Philipp Werner se sitúan uno al lado del otro en el interior de la cueva, con la espalda a pocos centímetros de la pared de roca y los ojos fijos en la pistola que Henri Tessier sostiene frente a ellos.

No le tiembla la mano, actúa con tranquilidad.

Eso es lo que más preocupa a Oriol.

Percibe la respiración irregular de Philipp. Su mirada se ha cargado de un odio que parece proceder de otro tiempo.

—Querías saber qué le pasó a Célia Tessier —masculla Philipp—. Pregúntale a él.

Las piezas comienzan a encajar en la cabeza de Oriol Duarte.

En su cabeza, comienza a formarse una idea de lo que sucedió aquel 12 de abril del año 2007.

Durante días ha perseguido una respuesta por toda la isla.

Ha buscado al hombre que sacó a Célia por aquella ventana, ha reconstruido movimientos, interrogado a los testigos, revisado fotografías y grabaciones que conducían a Philipp Werner.

Pero como Oriol sospechaba, Werner no actuó solo.

Lo que nunca quiso sospechar era que fuera el propio padre de Célia quien colaboró con él.

—Así que fuiste tú —dice—. Mataste a tu propia hija.

El rostro de Henri se endurece.

La pistola cambia de posición hasta apuntar directamente hacia Oriol. El movimiento es lento y deliberado. Su brazo continúa inmóvil.

—Fue un accidente.

—¡Y una mierda! —estalla Philipp.

Oriol gira la cabeza.

Werner da un paso hacia delante.

—Fue culpa tuya. —Tiene los puños cerrados—. Toda tuya. Si vas a matarnos, ten al menos el valor de reconocerlo antes.

Henri mueve de nuevo el arma.

Esta vez el cañón queda frente a Philipp.

—¡Silencio!

—¿Por qué? ¿Te molesta escucharlo?

—He dicho que te calles.

Philipp avanza otro paso. Oriol extiende un brazo delante de él sin apartar los ojos de Henri.

—No.

Werner lo mira.

—Quédate quieto —ordena Oriol sin dar pie a discusión alguna.

Henri aprieta la mandíbula, pero obedece.

El inspector Duarte respira hondo y decide pasar a la acción. Tiene que encontrar una grieta en Henri que le permita ganar tiempo.

—Has convivido con esto durante dos décadas, Henri.

Él lo mira.

—No sabes lo que sucedió.

—Sé que Célia desapareció. Sé que Philipp la sacó de aquella casa. Y ahora sé que tú tuviste algo que ver.

No contesta, por lo que continúa hablando.

—También sé que guardar el secreto te ha debido carcomer por dentro.

—No sabes una mierda de lo que he pasado —espeta Henri.

—Entonces cuéntamelo.

Él niega lentamente con la cabeza.

—Cállate.

—Era tu hija, Henri. Se lo debes.

—¡Cállate!

La voz retumba en la cueva.

Philipp vuelve a tensarse, pero Oriol mantiene el brazo frente a él. Esta vez Werner no intenta avanzar.

Henri traga saliva y algo cambia en su rostro.

Oriol guarda silencio. No quiere precipitarse. Lleva el tiempo suficiente en esto como para saber que una pregunta a destiempo lo estropearía todo. Henri Tessier va a desmoronarse por sí solo sin que sea necesario apretarle un poco más.

Sabe que ha llegado el momento cuando sus ojos comienzan a humedecerse y una lágrima desciende por su mejilla.

—Voy a mataros a los dos. —Se seca el llanto con el hombro, sin soltar el arma—. Pero si realmente quieres saber lo que sucedió... Te lo contaré antes.