El regalo (Inspector Oriol Duarte 5) 28
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Oriol Duarte tiene a Henri Tessier delante de él sosteniendo una pistola cuyo cañón le apunta directamente a la cabeza.

Las miradas de ambos hombres confluyen entre la incertidumbre de uno y la determinación del otro. Oriol se pregunta dónde estará Jason. No lo ve, pero actúa con prudencia. Aún no sabe si Henri lo ha encontrado antes.

Considera sus opciones y piensa con rapidez.

Está entrenado para ello y es ante estas situaciones cuando saca su mejor versión, cuando todo lo aprendido durante sus años de servicio deja de ser pura teoría y se convierte en una sucesión de decisiones que debe tomar en solo unos segundos.

Si quiere ganar esta partida, sabe que no puede cometer errores.

Abre la mano despacio, pidiendo calma. Luego se incorpora lentamente. No dice una sola palabra. Se limita a mirar a Henri.

—Entrad en la cueva —ordena Henri, señalando con el cañón de la pistola la dirección hacia la abertura entre las rocas.

Oriol gira la cabeza hacia la grieta que se forma unos metros más allá, entre dos paredes del acantilado. El terreno desciende ligeramente hacia ella y está cubierto de piedras irregulares, húmedas por las salpicaduras de las olas.

Aguarda sin moverse. Intenta ganar unos segundos cruciales.

—He dicho que entréis.

La pistola vuelve a señalar la cueva.

Duarte asiente y comienza a moverse con cautela, muy pendiente de que una oportunidad se presente ante él. Procura que Henri no interprete ninguno de sus movimientos como una amenaza. Está demasiado cerca como para arriesgarse a que yerre el disparo.

—Tú también —le ordena a Philipp.

El hombre sigue sobre el suelo, apoyado sobre un costado, con una mano hundida entre las piedras. Tiene la cara destrozada y el ojo izquierdo se le ha puesto negro. La sangre que le sale de una herida le ha manchado la boca y la barbilla.

Ya no queda nada de su insolente tranquilidad.

Henri se acerca y le da una patada en el muslo.

—¡Levántate!

Philipp gruñe y trata de apartarse.

—Vete a la mierda —murmura.

Henri le escupe.

El salivazo le alcanza en la mejilla.

Philipp alza los ojos hacia él. Durante un instante, Oriol cree que va a lanzarse encima de Henri. Lo ve en la forma en que aprieta los dientes y en cómo apoya una mano contra el suelo para impulsarse. Pero cuando Oriol ya está preparándose para actuar, Werner mira la pistola y cambia de idea.

Con gran esfuerzo, Philipp consigue ponerse de rodillas. Necesita dos intentos para levantarse. Cuando lo logra, se tambalea y tiene que extender un brazo para recuperar el equilibrio.

Se limpia el escupitajo con el dorso de la mano. Mira a Henri con un odio que no intenta disimular, pero empieza a avanzar.

Oriol va delante, pensando en los inconvenientes que se están planteando.

Entrar en aquella cueva significa perder visibilidad, espacio y, sobre todo, cualquier posibilidad de averiguar qué ha pasado con Jason. También permite a Henri colocarse detrás de ellos con una pistola y una única salida a su espalda.

Una posición pésima. Sin embargo, detenerse ahora sería peor. Reconoce en el rostro de Henri Tessier las ganas de dispararle. Tiene que esperar el momento oportuno.

Llega hasta la abertura y entra.

La claridad disminuye enseguida. La cueva resulta algo más amplia y profunda de lo que parecía desde fuera.

El techo se eleva durante los primeros metros y después desciende, mientras las paredes convergen hasta formar un fondo desigual.

El suelo está cubierto de arena gruesa, grava y restos de algas arrastradas hasta allí durante las mareas más altas.

La luz exterior alcanza buena parte del interior, aunque las zonas laterales permanecen sumidas en una penumbra grisácea.

Oriol avanza tres pasos antes de detenerse.

—Sigue —ordena Henri desde fuera.

Oriol obedece y se adentra aún más en la cueva seguido de Philipp. Escucha sus pasos torpes detrás de él perder el equilibrio y golpear la pared con el hombro.

—Joder...

Henri entra el último.

Eso es lo que Oriol esperaba.

No gira la cabeza. No quiere que Henri advierta que está registrando cada sonido, cada movimiento, cada pequeña variación en la posición de los tres. Calcula que Philipp está a menos de dos metros de él. Henri, otros dos metros por detrás. La salida queda a su espalda.

Y Jason sigue sin aparecer.