El regalo (Inspector Oriol Duarte 5) 16 #2
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Sale de detrás del mostrador y se dirige hacia una puerta situada al fondo de la sucursal. Oriol camina tras ella con el sobre bajo el brazo.

La mujer utiliza otra llave para abrir la puerta y ambos acceden a una pequeña estancia sin ventanas.

Tres de las paredes están ocupadas por hileras de compartimentos metálicos numerados.

No hay mostradores de atención ni ordenadores, únicamente una mesa estrecha en el centro y dos sillas destinadas a los clientes que necesiten revisar el contenido de sus cajas.

Oriol recorre la habitación con una sola mirada.

No tarda ni dos segundos en encontrar la caja que realmente le interesa.

No se detiene en ella. Ni siquiera permite que sus ojos permanezcan sobre el número más tiempo del necesario.

Léonie se acerca a la 222 y señala las dos cerraduras situadas una junto a otra.

—Es muy sencillo. Yo introduzco primero la llave maestra.

Lo hace y gira la cerradura.

—Ahora usted.

Oriol introduce su llave en la segunda ranura y, deliberadamente, finge que está atascada.

La retira unos milímetros, vuelve a introducirla y prueba de nuevo.

—No parece que... —balbucea.

—Tiene que llevarla hasta el fondo —le indica Léonie.

—Sí, creo que ya está.

Vuelve a girarla, esta vez en sentido contrario. La empleada observa sus manos y, después de unos segundos, pierde la paciencia.

—¿Me permite que le ayude?

Léonie da un paso hacia él.

—Espere. Creo que ya lo tengo...

El sonido de la puerta de entrada del banco abriéndose llega hasta la estancia apartada de las cajas de seguridad.

La primera explosión retumba en toda la sucursal.

Después llega otra.

Y otra.

Tres detonaciones secas, violentas, demasiado próximas entre sí para que la mujer tenga tiempo de comprender qué está sucediendo.

Oriol se cubre la cabeza con las manos y se agacha. Léonie reacciona de la misma manera y deja escapar un grito mientras retrocede hasta golpearse con una de las sillas.

Oriol sabe que no corren ningún peligro, pero también que debe parecer que sí.

Desde el otro lado de la puerta se escucha a alguien maldecir.

Una voz masculina, grave y furiosa, seguida de un ruido metálico que Oriol no consigue identificar.

Léonie lo mira buscando una respuesta que él se cuida de no ofrecerle.

Permanece encogido junto a la mesa, con los ojos muy abiertos y la respiración entrecortada.

La puerta de entrada vuelve a abrirse.

—¡Eres idiota! —grita un hombre desde la calle.

Después, pasos apresurados.

Léonie frunce el ceño. El miedo empieza a dejar paso a la confusión.

—Quédese aquí —le ordena—. Voy a ver qué ha pasado.

Oriol asiente varias veces sin incorporarse.

La mujer sale de la habitación y desaparece por el pasillo.

En cuanto deja de verla, la expresión de Oriol cambia.

Tiene poco tiempo.

Quizá un minuto o dos.

Levanta la cabeza y localiza las esquinas del techo. No hay cámaras en el interior de la sala de cajas de seguridad, como esperaba. Por motivos de privacidad las cámaras cubren los accesos y las zonas comunes, pero no el lugar donde se encuentran las cajas.

Mejor así, aunque eso tampoco habría conseguido detenerle.

Se incorpora de inmediato. La llave maestra continúa introducida en la cerradura de la caja 222. Léonie la ha dejado allí.

Oriol la extrae y, al mismo tiempo, mete la otra mano en el bolsillo. Sus dedos encuentran la pequeña llave que hallaron en la caseta de Isaac Le Floch.

Ya sabe dónde tiene que ir. La pequeña inscripción indica que es la caja 154.

Cruza los pocos pasos que lo separan de ella, introduce primero la llave maestra. Después coloca la de Isaac en la segunda cerradura.

Encaja.

Gira ambas llaves y abre la compuerta.

En el interior solo hay un objeto.

Oriol lo saca.

Es una caja de plástico transparente de las que se utilizaban antiguamente para guardar discos compactos: cuadrangular, rígida, con una bandeja interior que mantiene el disco sujeto por el centro. No hay libreto, carátula ni ninguna inscripción que permita saber qué contiene.

Solo un CD visible a través del deteriorado plástico.

En su superficie, escrito con rotulador, puede leerse: 12/04/2007

Es la fecha en la que desapareció Célia.

Oriol se levanta la camiseta y se lo encaja en la cintura del pantalón.

Después cierra la caja 154, recupera las dos llaves y regresa a la 222.

Guarda la llave de Isaac en el bolsillo.

Introduce de nuevo la llave maestra en la cerradura de la caja que acaba de alquilar y adopta la misma posición en la que Léonie lo vio por última vez. Agachado, cubriéndose la cabeza con las manos.

Al cabo de unos segundos escucha pasos.

Léonie aparece en la puerta.

—Lo siento muchísimo, señor.

Oriol levanta la mirada.

—¿Qué ha pasado?

—No se asuste. No ha sido más que un gamberro que ha tirado unos petardos dentro y ha salido corriendo. Uno de los clientes lo ha visto huir.

Oriol tarda unos segundos en reaccionar. Después se lleva una mano al pecho y se incorpora despacio.

—Dios... Pensaba que estaban atracando el banco.

—Yo también —reconoce Léonie—. Menudo susto.

—Desde luego.

Oriol finge que respira profundo para recuperarse del sobresalto.

Ahora solo tiene que continuar actuando e introducir el sobre vacío que ha traído en la caja 222.

Después abandonará la sucursal y se reunirá con Jason.

Entonces podrán averiguar por qué Isaac Le Floch consideró necesario esconder un viejo CD en la caja 154 de un banco de Port-Joinville.