Capítulo 25 #2
Hope no esperó a que respondiera. Bajó las escaleras a la carrera y le ordenó al agente que cubriera la puerta trasera y que dijera a su compañera que vigilara la delantera, por si acaso Precious Carlton seguía escondida en algún rincón de la casa.
Abrió la puerta del hueco de la escalera, tiró a un lado el aspirador y luego los cepillos.
Pasó los dedos por el suelo oscuro y encontró una pequeña rendija en la madera que le permitió levantar una tabla.
El hueco era estrecho y Hope tuvo que retorcerse para meter el cuerpo por allí. Aunque estaba en buena forma, era una mujer recia y el hueco apenas daba de sí. Pero logró meterse en la negrura de abajo.
La superficie bajo los pies era sólida, quizá hormigón o algo por el estilo.
La oscuridad era densa y no veía ni a un palmo de la nariz.
Se palpó la chaqueta, pero no llevaba ninguna linterna.
Sacó el móvil y activó la aplicación de linterna; enseguida distinguió tenuemente el interior del pasadizo.
Las paredes del pasadizo parecían de hormigón frío y húmedo.
Sobre la cabeza también había algo parecido al hormigón.
El aire era viciado y denso, pero no percibía ningún olor a persona.
Pero Precious Carlton no usaba perfume; al menos Hope nunca se lo había notado.
Con cuidado, dio un paso adelante; la pequeña luz apenas le bastaba para avanzar segura por el corredor.
A medida que avanzaba, Hope notó que el pasadizo se estrechaba, hasta que apenas daba para una persona y no llegaba al metro y medio de alto. Tuvo que agacharse y el cuello empezó a dolerle de mantenerlo ladeado para ver por dónde iba.
Tengo que llamar a Macleod en cuanto salga de aquí, pero si me doy prisa quizá pueda seguir su rastro. A lo mejor veo adónde va. Puedo llamar al salir, decirles que me sigan. Necesito la luz y dudo que aquí dentro haya cobertura.
Hope trataba de calcular mentalmente cuánto faltaba para que el pasadizo desembocara en el cobertizo al final del campo, detrás de la casa de los Carlton.
Aunque el corredor estaba húmedo, sudaba por dentro y notaba la blusa pegada al cuerpo.
Le corrían gotas de sudor por la cara y el sabor salado le llegaba a los labios.
Le haría falta una ducha en cuanto saliera de todo aquello.
La luz del móvil mostró el final del pasadizo y Hope alzó la vista para descubrir un hueco abierto por el que podía trepar.
Tuvo que izarse con ambos brazos y emergió en un pequeño cobertizo cuya puerta estaba abierta de par en par.
Fuera alcanzaba a ver montones de nieve intacta que daban a la noche un resplandor frío y dejaban adivinar el paisaje en penumbra.
Se contuvo antes de salir del cobertizo, escuchando con atención.
Oía el viento fuera; más que azotar los árboles, los mecía con suavidad, aunque aun así levantaba un susurro fúnebre.
Permaneció otro minuto completamente quieta, pero lo único que oyó fueron los elementos cobrando vida en la noche: el viento, el rumor del mar a lo lejos y la caída de la nieve, que parecía haber empezado desde que ella estaba en la casa.
Quizá fuese por tener los sentidos demasiado aguzados, pero casi podía oír caer los copos.
Hope apagó la linterna del móvil antes de llamar a Macleod. Al llevárselo al oído, oyó cómo intentaba conectar, enlazaba un instante y luego se cortaba. Apartó el móvil y miró la intensidad de la cobertura en la pantalla. Una barra, que aparecía y desaparecía. Quizá fuera mejor en el exterior.
Al salir, Hope vio que la barra de cobertura aguantaba más tiempo y volvió a marcar rápidamente.
De nuevo hubo conexión, pero luego sonó un tono único que indicaba que la línea se había cortado.
Se estremeció; la nieve que le caía sobre el pelo y la cara la enfriaba al instante y se derretía al contacto.
Probaría con emergencias; engancharía cualquier red disponible y quizá así lograra que entrara la llamada.
Enseguida harían subir a Macleod hasta aquí.
Marcó el 999 y esperó a que contestaran. Mientras sonaba, Hope se giró y bajó la vista al suelo, cerca de sí. Vio una huella.
—Emergencias, ¿qué servicio necesita?
—Policía —respondió Hope sin pensar, con la mirada recorriendo los alrededores. Las pisadas parecían rodear el cobertizo y ella las siguió.
—Policía. ¿Cuál es la emergencia?
—Detective Hope McGrath, solicito asistencia inmediata en —Mierda, ¿cómo se llama este sitio?
— mi ubicación. Persigo a una sospechosa de asesinato.
Contacten con la comisaría de Inverness, con el inspector Macleod, y díganle que estoy detrás de la casa de los Carlton.
Hay un cobertizo al fondo; estoy en ese cobertizo, en el campo, y la sospechosa, Precious Carlton, se ha dado a la fuga.
Hope siguió las pisadas alrededor del cobertizo y vio que volvían a entrar en la pequeña caseta.
—Repítame la dirección, señora.
Hope levantó la vista hacia el interior del cobertizo.
—La casa de los Carlton. Macleod la conoce, cualquiera en comisaría la conoce.
De pronto, una pala le ocupó todo el campo de visión.
—¿Confirma…? ¿Detective McGrath solicitando…? Confirme, por favor, señora… señora, confirme, por favor… ¿señora?