8. Peso bruto #3
En la antigua iglesia reconstruida de San Ignacio, la altura conserva una distancia que los muebles de uso diario no consiguen ocupar.
Al cruzar hacia la dependencia preparada para la recepción, Elena alcanza a ver un rostro de madera iluminado dentro de una vitrina, el pliegue rígido de un vestido, unas manos colocadas para sostener algo que desde allí no distingue.
El aire es más fresco que en la calle. Bajo los pasos, el suelo devuelve un sonido breve y claro; cerca de una puerta, una conversación se vuelve de pronto audible y desaparece al cerrarse la hoja.
Elena se detiene un instante para dejar pasar al carro.
La caja parece mayor en el corredor que en la balanza, y más ajena rodeada por objetos que ya tienen un lugar.
La recepción se hace en una sala de trabajo.
Hay una superficie despejada, un soporte, la hoja de condición y fotografías accesibles desde un ordenador.
El conservador coteja los precintos antes de abrir; la operación queda anotada.
Cuando retiran la protección superior, Elena vuelve a reconocer la disposición que vio en noviembre, aunque ahora la mira desde el lado contrario.
Permanece detrás de la señal que le han indicado.
El profesional comprueba el estado, consulta el registro ambiental y termina la hoja antes de permitir que la atención se desplace a la firma.
Petra se acerca lo necesario para ver.
—¿Aquí se queda?
Kristel traduce. El conservador explica las condiciones de custodia y la colocación prevista.
La vitrina está preparada; el ingreso de hoy requiere terminar el cotejo y el acta.
Petra escucha, mira otra vez el objeto y pregunta por los papeles que deberán entregarle.
Elena había temido que no quisiera participar.
Ahora la pregunta le permite reconocer cuánto había decidido ya por ella al imaginar su satisfacción delante del bronce.
—Tendrá su ejemplar —dice.
—De todo lo que firme.
—Sí.
Kristel sigue la conversación con el bolígrafo sobre la carpeta cerrada.
No ha renunciado a marcharse a Dubái; la preparación de su viaje continúa, junto a las prácticas y las gestiones para las que aún necesita tiempo.
Elena le pregunta después por una fecha que todavía no está fijada.
Kristel dice que le avisará. Su abuela la llama para leer juntas la página siguiente.
El acta había circulado antes del viaje.
La representación del depositario, Elena como legataria, Perpetua Gatmaitan-Reyes como interesada y el conservador responsable tienen apartados distintos.
Kavi se sienta a un lado, con las copias que Elena le ha pedido guardar; no ocupa una firma por haber venido.
En el texto se identifican el plazo, la custodia, el retorno y las condiciones de acceso pactadas.
La copia de la relación de procedencia remite a sus fuentes sin incorporar los materiales privados de Merlinda ni las cuentas de Pondicherry.
Petra firma la tercera. Antes pregunta dónde debe poner el segundo apellido, aunque en la línea hay espacio suficiente.
Kristel le señala el comienzo y espera a que retire la mano para fotografiar la página, con permiso de quienes aparecen en ella.
Elena ve en la pantalla los dedos de Petra, el bolígrafo inmóvil y una parte de su propia manga.
La fotografía no necesita que ninguna mire hacia la cámara.
Al cotejar la copia que va a llevarse, Elena encuentra otra vez propietaria .
La palabra ha sobrevivido en la fórmula impresa del cierre, después de la identificación corregida en el cuerpo del acta.
La lee sin decir nada. Podría marcharse con el texto aprobado en las páginas anteriores y dejar aquella palabra como una abreviatura que todos entendieran; le ofrece la comodidad de no volver a interrumpir, de permitir que Kristel llegue a su cita y que Petra guarde los papeles por los que ha preguntado dos veces.
Señala la línea.
—Aquí también hay que cambiarlo.
El representante del museo vuelve a leer. Elena propone legataria y empieza a añadir una fórmula sobre el litigio de la descripción. Él deja el bolígrafo.
—Eso no identifica un procedimiento. ¿Hay un litigio abierto?
—No estoy diciendo eso.
—Entonces no lo pongamos así.
Kavi no interviene. Elena siente calor en la cara; ha pasado tantos meses pidiendo precisión que todavía le cuesta recibirla sin oír una censura más amplia.
Retira la frase. Acuerdan conservar su condición de legataria y expresar la reserva donde corresponde: el depósito regula la custodia y no resuelve las controversias sobre procedencia o titularidad.
La corrección debe figurar en los ejemplares y quedar salvada por quienes suscriben el acto.
Tarda unos minutos. Kristel mira la hora, avisa por teléfono de que llegará más tarde y vuelve a sentarse.
Petra sostiene su copia abierta mientras cotejan la enmienda.
Cuando termina el representante, Elena traza una raya sobre la palabra impresa, escribe la sustitución y añade en el margen la fecha y la conformidad acordada.
Las firmas se comprueban antes de separar los ejemplares.
Queda una gota de tinta más oscura en el último trazo de la suya. Elena acerca el papel y sopla.