Valor desconocido #2
Kavi cambia el rótulo de la consulta antes de ejecutarla.
Acontecimientos sin documento había sido demasiado fácil de escribir: primero convertía en acontecimiento lo supuesto y luego lamentaba no encontrarle papel.
Ahora pregunta por los enlaces que ellos han propuesto. La pantalla le ofrece siete filas.
PREFIX ex: https://kavi.example.org/espejo/consulta/
SELECT ?enlace ?tramo ?documento
WHERE {
GRAPH ex:revision_local {
?enlace a ex:HipotesisCambioCustodia ;
ex:afecta ex:SILVA_ESP_0001 ;
ex:tramo ?tramo .
OPTIONAL { ?enlace ex:documentoAtestiguaEnlace ?documento }
FILTER NOT EXISTS { ?enlace ex:documentoAtestiguaEnlace ?d }
}
}
ORDER BY ?enlace
Enlace Tramo propuesto Documento que acredita el enlace A Ingreso en los efectos de 1896 — B Efectos de 1896 — retrato de 1912 — C Retrato de 1912 — ficha de 1936 — D Salida del depósito del Arqueológico — E Llegada al entorno de Cholon, 1967 — F Cholon, 1967 — carga de 1975 — G Incorporación al baúl de Saigón —
La raya representa una variable sin valor en esta consulta local; no afirma que no exista documento.
El orden alfabético se parece a un itinerario porque él ha distribuido las letras siguiendo las fechas.
Lo advierte en cuanto lee la tabla entera.
Añade bajo ella que los tramos no forman una cadena probada.
En el de mil novecientos treinta y seis existe un registro de incautación y depósito; lo que falta en aquella fila es acreditar la identidad que enlazaría el objeto de ese registro con el espejo pintado.
Y en Cholon solo tienen una proyección fotografiada, con lugar y fecha escritos en el reverso de una de las copias.
El número de filas no mejora esos límites.
Abre la imagen de la servilleta de marzo.
Siete interrogantes. Algunos de aquellos asuntos han cambiado; las preguntas sobre la plata y el reverso no son estas propuestas de custodia.
Le gusta que el número coincida y reconoce cuánto le gustaría poder usar esa coincidencia.
Cierra la imagen sin insertarla en la tabla.
La última fila le retiene. El baúl de Saigón lo trajo Ignacio; Fernando aparece después en los recuerdos de Elena.
Kavi ha colocado dos nombres próximos y durante un instante le parece natural que padre e hijo se presten sus pertenencias, sus viajes, hasta las fechas.
Relee la cláusula que identifica al causante. Mantiene el vacío.
Elena llama cuando lleva un rato mirando las siete filas. Le cuenta que ha vuelto a comprar demasiado pan. Él acerca el teléfono sin abrir otro documento. Pregunta qué ha hecho con el que sobra; ella dice que lo ha congelado y que no era una consulta.
—Ya —dice Kavi—. Te estaba escuchando.
Hablan unos minutos de la vuelta. Él le cuenta lo de la planta. Después le pide que abran juntos el margen del segundo cuaderno.
El folio doce vuelto tiene una sombra en el borde que no pudieron evitar sin forzar la abertura.
El número pertenece a la relación de trabajo, no a una foliación antigua completa que hayan encontrado de pronto.
Elena abre en Madrid la misma imagen; por el teléfono Kavi oye el contacto del cargador con la mesa y espera a que ella diga que ya está.
La nota ocupa un espacio que la escritura principal había dejado libre. Han conseguido seguir estas palabras:
«Yo recogí estos dos libros del suelo, mojados. José no ha vuelto. No quiero quedarme sola con ellos.»
Más abajo se distingue Basilia. El nombre y la primera persona femenina orientan una atribución; no les permiten fechar la tinta ni excluir que alguien copiara lo que ella había dicho.
Kavi vuelve al principio. Recoger dos libros es el hecho que esa voz se atribuye.
Sobre la muerte de José no afirma nada. Tampoco sitúa a Carlos junto a un arma, ni contiene la hora que él desearía poner en la columna contigua.
—Podemos leer esto —dice Elena—. Lo otro sigue faltando.
Ella conserva en su pantalla la copia de la hoja de servicios.
Madrid, mil ochocientos noventa y nueve.
Firma del jefe, antecedentes remitidos, defensa de la plaza el trece de agosto.
No dice Intramuros. Ni siquiera dice que Carlos permaneciera en un lugar durante todo el día.
Kavi busca en su propia nota la cautela con que suele exigir a los demás que lean. No la encuentra.
El historial guarda una entrada de abril, anterior a aquella consulta: actuación exclusivamente militar de Carlos en la jornada del trece.
La había formulado a partir del resumen familiar, con valor probable.
En mayo añadió la hoja de servicios entre las fuentes que debían revisarse y dejó intacto el adverbio.
Después vinieron otros papeles, los viajes, una urgencia capaz de justificar cualquier casilla aplazada.
Elena guarda silencio mientras él lee.
Kavi sabe corregir ese error. Lo que le cuesta es encontrar el momento en que empezó a preferirlo.
Había querido que cada documento redujera el territorio por el que tendrían que caminar; incluso al desconfiar del relato de la familia, había utilizado su reparto de días útiles, combates y regresos, porque permitía avanzar hacia otro año, una fecha más próxima al espejo, y porque la prudencia, si llegaba después, podía añadirse como una nota sin deshacer el camino.
Ahora la anotación de una mujer ha vuelto habitable el espacio que él dejó fuera: unos libros recogidos, alguien que no regresa, el disgusto o el miedo de quedarse a cargo.
Nada de eso demuestra una acusación. Tampoco cabe ya en la tranquilidad que concedió a su frase.
Selecciona probable. Escribe unknown. Guarda.