El reflejo de Oriente. El espejo Makyo 13 · Nación y precio
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13 · Nación y precio

En la ciudad de Manila, a diez y nueve días del mes de marzo de mil y seiscientos y veinte y tres años, se enterró doña Juana de Ribera, mujer del capitán Hernán de Silva, vecino de esta ciudad.

Murió de sobreparto. Recibió los santos sacramentos de penitencia y extremaunción.

Hizo testamento ante Francisco de Aranda, escribano público, por el cual mandó se dijesen por su alma cien misas.

Enterróse en el lugar señalado para su sepultura, con hábito de Nuestra Señora del Carmen.

Acompañaron el cuerpo doce pobres. Quedó a cargo del dicho capitán satisfacer lo que por razón del entierro y las misas se debiere, conforme a la cuenta que se le dé.

Y lo firmé. Licenciado Pedro de Soria, cura del Sagrario.

Al margen: La criatura nació muerta y no se bautizó.

Al pie, por entrega: Recibí la sortija de oro de la dicha doña Juana. Hernán de Silva.

Manila, a veintiséis de julio de 1624. Al rey nuestro señor

Señor:

El capitán Hernán de Silva, vecino de esta ciudad, beso los reales pies de Vuestra Majestad y doy cuenta de lo que toca a mi servicio y a la merced que la Real Audiencia me ha hecho en el gobierno que al presente tiene de estas islas.

Pido se vea juntamente con los recaudos que remito, sin aguardar para su determinación a que por otra ocasión de nao lleguen nuevos informes sobre las mismas cosas.

Los que ahora escribimos quedamos entretanto obligados a sustentar casa y compañía, y los gastos se hacen cada día, aunque la respuesta venga de año en año.

1. Del gobierno de las islas

A once de este mes murió el gobernador don Alonso Fajardo de Tenza, después de la enfermedad que aquí se ha llamado de melancolía.

La Real Audiencia entró en el gobierno y ha dado las órdenes necesarias para que continúen los despachos, las guardias y el apresto de las naos.

En lo que a mi puesto pertenece he obedecido las que se me han comunicado, conservando la gente en sus alojamientos y acudiendo a las muestras.

La muerte del gobernador ha mudado las personas a quienes se presentan los negocios, pero no ha quitado de esta plaza las necesidades por que se presentaban.

En los almacenes hay partidas que se han de recibir y otras que aguardan salida.

Los hombres que las llevan preguntan a quién han de entregarlas.

Con las lluvias se hace más preciso señalar quién responde de cada cosa: un carro detenido a la puerta ocupa la entrada, el siguiente descarga donde puede y lo que estaba aparte acaba revuelto.

He mandado a la gente de mi cargo que ayude cuando se le ordene, pero necesito despacho por el gasto que se haga, para que no vuelva a quedar a mi costa lo que se consumió en ese menester.

La ciudad conserva su trato. En las calles cercanas al río se abren las tiendas y salen las barcas cargadas antes que las carretas puedan pasar por el barro de las puertas.

De mañana el agua trae ramaje y hierba suelta de arriba; por la tarde vuelve a pegarlo contra los apoyos de los desembarcaderos.

Cada casa levanta sus fardos cuanto puede.

Las que tienen altos ponen allí el género fino, y abajo quedan el arroz, las vasijas y quienes entran a buscarlos.

De estas diligencias menudas se mantiene una parte de la hacienda con que después acudimos al servicio real.

Suplico que lo proveído por la Audiencia, dentro de la facultad que tiene, sea examinado por su razón y por la necesidad a que acude.

Si alguna cosa hubiere de enmendarse, se declare cuál es y se dé término para cumplirla, sin detener las cobranzas de quien ya hubiere comenzado a hacer gasto sobre su despacho.

2. De mi asistencia al servicio

Quince años ha que llegué a estas islas con el socorro de mil y seiscientos y nueve.

He permanecido en ellas, sin retirarme a Nueva España por las pérdidas de mi hacienda ni por la falta de paga.

De las ocasiones de guerra en que me hallé darán razón los que sirvieron conmigo; de lo que he suplido a la compañía hay cuentas que pueden verse por sus partidas.

Pido que estas dos cosas se reciban separadamente, porque los hombres pueden testificar de una guardia y no saber cuánto costó proveer a los que la hicieron.

El dinero entregado al soldado no siempre alcanza al puesto con el mismo valor que tenía en la Caja.

Antes ha de pagar lo que comió mientras esperaba, remediar los zapatos y dejar algo en la casa donde se aloja.

Si se le vuelve a llamar antes de concluir estas diligencias, llega con la paga recibida y la necesidad por satisfacer.

He acudido con lo que he podido a estas faltas y guardo cuenta, porque tampoco mi hacienda basta para hacer de continuo lo que una vez pudo suplir.

Quien me vea entregar una cantidad no ha de dar por concluida la deuda de todo el mes.

En tiempo de lluvia se gasta mucha ropa sin salir a campaña.

La humedad sube de la piedra de los puestos, y cuando se muda la gente queda en el suelo la forma oscura de las esteras.

Los que entran después las apartan, buscan otro sitio y acaban sentándose donde se sentaron los primeros.

Si un hombre enferma he de mandar otro en su lugar, mientras el primero sigue necesitando comida.

Lo que adelanto para ambos tarda en volver a mi poder y a veces se me pide que pruebe otra vez una entrega ya reconocida.

Tengo casa poblada y quiero conservarla conforme al oficio que ejerzo.

Las obligaciones que sobre ella pesan constan por escrituras.

Pido una renta cierta con que atender a ellas y continuar sirviendo, sin que cada nuevo despacho de naos me obligue a aventurar todo lo que queda.

La merced que solicito ha de poderse cobrar estando yo en esta plaza, mediante persona que dé cuenta; no la pido para dejar la compañía y vivir entre los tributantes.

Daré satisfacción de lo recibido y de lo que por doctrina y demás cargas deba salir primero.

3. De la merced que se me ha señalado

En consideración de estos servicios, los señores de la Real Audiencia me han señalado, durante su gobierno y con obligación de ocurrir por la confirmación de Vuestra Majestad, una encomienda en la jurisdicción de Bulacán.

La relación presentada cuenta doscientos tributos enteros, sujetos a la comprobación del padrón y a la baja de los que resultaren legítimamente exceptuados.

No he recibido todavía una cobranza completa de que pueda dar cuenta cierta.

Lo que remito es la relación sobre que se proveyó, para que no se tome la renta que en ella se espera por plata ya entrada en mi casa.

Suplico se me confirme la dicha merced en la forma que Vuestra Majestad fuere servido.

Si faltare recaudo, se mande cuál haya de suplirse y se me permita traerlo, conservándose entretanto lo que se hubiere proveído conforme a derecho.

Estoy dispuesto a dar fianza cuando se me ordene, pero necesito saber por qué cantidad y por qué tiempo.

Una obligación sin término consume la misma hacienda con que se ofrece cumplirla.

La relación de doscientos tributos ha sido fundamento de mi pretensión.

Ahora se me advierte que algunas casas no se hallarán ocupadas cuando vaya el cobrador, por estar la gente en sus sementeras.

Suplico que no se rebaje por esta sola ausencia la cantidad señalada, y que las bajas se justifiquen.

Tampoco puedo recibir por renta cierta las partidas de muertos que nadie ha quitado del padrón.

De unas y otras diferencias necesito resolución pronta, porque con la cifra entera se estima la merced y con lo que falta se me disminuye al cobrarla.

No pido mudar la tasa. Se distinga lo que corresponde a los ocho reales del tributo de los dos añadidos para la Caja Real, y de lo primero se hagan las deducciones que procedan.

El maíz, el arroz o la manta que se admitieren han de entrar por su valor conforme a la orden que rija, y con la medida entera.

Del mismo modo que no puedo llevar por mío lo que pertenece a la Caja, no conviene que se me haga cargo por moneda de lo que solo me entregaren en especie, antes de que se averigüe lo que vale y cuesta conducirlo.

Por esto pido confirmación particular, y no que se me favorezca solamente con una recomendación para cuando llegare otro gobernador.

El que haya de venir encontrará muchas pretensiones antiguas y llamará antiguas también a las que ahora comienzan.

Yo habré empleado entretanto dinero en las diligencias de esta merced.

Los recaudos se pueden volver a presentar; lo gastado en traerlos no vuelve por presentarlo otra vez.

4. De los lugares comprendidos en la relación

Entre los que entran en el padrón están los cultivadores de la estancia que la relación llama del Paso, por la parte baja de Bulacán.

Comprende ocho quiñones de regadío y dos de secano, reconocidos en los papeles exhibidos por el principal que obtuvo la composición.

No se me han dado por esta merced las tierras, sino el aprovechamiento del tributo que corresponde a las personas encomendadas.

La relación de las tierras se pone para reconocerlas y averiguar de dónde puede salir la paga, sin decidir por esta carta diferencias sobre su posesión.

Comienza el reconocimiento en la acequia vieja, sigue hasta las tres piedras grandes y vuelve por el recodo donde entra la pesca.

En el tramo bajo hay una senda que se pierde cuando crece el agua.

Quienes vienen de la parte seca toman entonces por un pequeño resalto y salen más arriba de la primera piedra.

Conviene conservar ambos pasos en la relación, pues si el que vuelve en tiempo seco sigue solo el camino de las lluvias dará por fuera de la medida una porción que estuvo dentro cuando la vieron los primeros.