El Reflejo de la Duda Capítulo 5 La Grabadora Oxidada #2
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Capítulo 5 La Grabadora Oxidada #2

El nombre resonó en su mente como el tañido de una campana fúnebre.

Adrián Soler, el hombre de la chaqueta azul marino que había aparecido en su puerta bajo la tormenta.

El hombre cuyo expediente en Valle Sereno estaba vacío, excepto por la anotación de su deceso el día del accidente.

El hombre que Mateo aseguraba que era solo una proyección de su culpa.

Pero Daniel lo había nombrado en la grabación.

Días antes del accidente. La cinta continuó reproduciéndose.

El siseo analógico parecía el murmullo de un espectador invisible.

—Daniel, por favor —se escuchó la voz de Laura en la cinta, perdiendo su frialdad y adquiriendo un tono de súplica desesperada—. No puedes decir nada. Si esto sale a la luz ahora, todo mi trabajo se perderá. Mateo se encargará de que nunca vuelva a ejercer. Me destruirá.

—Entonces deja que lo haga —respondió Daniel, su voz más suave, pero firme—.

Deja Valle Sereno, Laura. Pide el traslado a la policía.

Vuelve a ser la negociadora que ayudaba a la gente, no la científica fría en la que te has convertido.

Aún podemos salvar lo nuestro. Tienes que detener el Proyecto Espejo.

Tienes que dejar libre a Adrián Soler y destruir los registros del lote de fármacos experimental.

Si no lo haces tú... lo haré yo. Iré a la comisaría de Sendero Verde mañana mismo y le entregaré estos archivos a tu amigo Marcos Leal.

Un golpe seco resonó en la grabación. El sonido de un objeto pesado golpeado contra una superficie de madera.

—No harías eso —dijo la Laura de la cinta, su voz volviendo a ser un susurro plano. Era una advertencia, una amenaza sutil que hizo que a la Laura del presente se le erizara la piel.

—Pruébame —respondió Daniel—. Te amo, Laura. Pero no voy a dejar que te conviertas en un monstruo. Mañana por la mañana iré a hablar con Marcos. Tienes hasta entonces para decidir de qué lado estás.

Se escuchó el sonido de unos pasos rápidos que se alejaban y luego el portazo que puso fin a la conversación.

Después, solo quedó el silencio en la grabación, roto únicamente por el siseo de la cinta y el llanto silencioso de la Laura del pasado, un sollozo ahogado que se prolongó antes de que la cinta llegara al final de su recorrido con un metálico clack .

Laura se quedó inmóvil, con la grabadora oxidada apretada contra el pecho, sintiendo el metal frío contra su piel.

Las lágrimas le resbalaban por las mejillas, calientes y silenciosas.

El mundo a su alrededor parecía haber perdido toda solidez.

La cabaña, el bosque, la lluvia... todo se sentía como una ilusión, un andamiaje frágil construido para mantenerla prisionera de una mentira química.

No era una víctima inocente que había perdido la memoria tras un trágico accidente de coche en el Río Negro el 14 de noviembre de 2024.

Ella era una de las creadoras de la pesadilla.

Había participado activamente en el Proyecto Espejo.

Había utilizado a Adrián Soler como sujeto de prueba para probar un disociativo experimental capaz de borrar recuerdos, el mismo disociativo que ahora, irónicamente, Mateo le suministraba bajo el nombre de Dormisen para mantenerla sumisa.

Las palabras de Daniel en la cinta daban sentido a las piezas sueltas de su memoria.

Daniel sabía la verdad. Iba a denunciar a Mateo Silva y el Proyecto Espejo ante la policía de Sendero Verde.

Iba a destruir las carreras de ambos. Y qué había pasado al día siguiente?

El 14 de noviembre de 2024. El coche cayendo por el puente del Río Negro.

Daniel muerto. Adrián Soler declarado fallecido ese mismo día, pero su expediente borrado.

Y ella, rescatada con un trauma cerebral severo y un trastorno disociativo que la había dejado a merced de Mateo en esa apartada cabaña forestal.

Laura apretó los dientes, sintiendo una furia sorda que comenzaba a desplazar el miedo que la había paralizado.

Mateo no la estaba curando. Mateo la estaba manteniendo sedada para asegurarse de que el Proyecto Espejo siguiera siendo un secreto y de que ella nunca recordara lo que realmente había sucedido en el puente.

Él había manipulado su mente, aprovechando su trauma y su culpa para reconstruir sus recuerdos y convertirla en una prisionera voluntaria en La Cabaña de los Pinos.

Pero, ¿dónde encajaba Adrián Soler? ¿Había sobrevivido al accidente?

¿Era real la silueta que había visto bajo la lluvia y que se había presentado en su casa asegurando que Mateo lo perseguía?

¿O era una proyección de su culpa, un fantasma que su mente había creado para forzarla a desenterrar la verdad oculta tras las gotas?

Miró hacia la trampilla abierta en el suelo del armario.

La oscuridad del hueco parecía devolverle la mirada, profunda e insondable como el lago del vídeo.

Aún quedaban misterios sin resolver en esa cabaña y en Valle Sereno, pero una cosa era segura: la cinta número "07" era la prueba irrefutable de que su vida era una mentira química.

Con las manos aún temblorosas, Laura sacó la cinta de la grabadora y la guardó en el bolsillo interior de su sudadera, junto al móvil.

Volvió a colocar la grabadora vacía dentro de la caja metálica oxidada y la devolvió al hueco del suelo.

Colocó el tablón de madera en su sitio, ajustándolo con el pie hasta que quedó nivelado con el resto del parqué, y colocó la caja de archivos encima.

Cuando cerró las puertas del armario, sintió que el silencio de la cabaña ya no era de paz, sino el preludio de un enfrentamiento inevitable.

Las gotas de Dormisen en la mesilla ya no eran su medicina.

Eran las cadenas de una celda invisible que estaba decidida a romper.

Afuera, la lluvia continuaba golpeando los cristales, pero Laura ya no escuchaba la tormenta con miedo. Escuchaba el sonido del Río Negro, cuyas aguas heladas guardaban la verdad que estaba dispuesta a recuperar.