El Reflejo de la Duda Capítulo 3 El Expediente Vacío #2
20%

Capítulo 3 El Expediente Vacío #2

La lógica forense chocaba con su experiencia sensorial.

O Adrián Soler era una entidad intangible, o ella misma había caminado dormida, abriendo la puerta para dejar entrar al viento y luego cerrándola, inventando toda la interacción para llenar el vacío de su soledad y su culpa por la muerte de Daniel.

La idea de que su propia mente la estuviera traicionando era aterradora.

Había pasado años evaluando a personas con psicosis, diagnosticando trastornos disociativos en el ámbito policial.

Conocía los mecanismos de la locura. Saber que ahora podría estar cruzando esa misma línea la llenó de una angustia fría.

Necesitaba hechos. Datos objetivos que no dependieran de sus sentidos dañados.

La única manera de salvar su cordura era encontrar una prueba externa que pudiera confirmar o desmentir la existencia del joven.

Si Adrián Soler era real, si realmente había sido un paciente de la Clínica de Salud Mental Valle Sereno, su nombre debía constar en los registros de la institución.

Y ella aún conservaba una forma de comprobarlo, un último recurso de su antigua vida.

Caminó hacia el rincón del salón que utilizaba como despacho.

Sobre el escritorio de pino descansaba su viejo ordenador portátil, una máquina robusta de carcasa negra que la había acompañado durante sus últimos años de servicio en la policía y en la clínica.

Tenía una pegatina del departamento de psicología policial medio despegada en una esquina, un resto de un pasado en el que su mente era su herramienta más afilada.

Lo abrió y pulsó el botón de encendido. El zumbido del ventilador rompió el silencio de la cabaña, un sonido mecánico y reconfortante.

Mientras el sistema se cargaba, Laura observó a través de la ventana.

Fuera, la niebla se espesaba por momentos, devorando la silueta de los pinos más cercanos y transformando el paisaje en un lienzo gris.

La cabaña se encontraba aislada, y esa distancia se sentía ahora como un abismo.

Estaba sola con sus dudas, rodeada por un bosque húmedo y silencioso que parecía vigilar cada uno de sus movimientos.

La conexión a internet en la cabaña dependía de un módem satelital instalado en el tejado, un sistema rudimentario que solía fallar con la lluvia persistente y las nubes bajas.

Laura observó con impaciencia el icono de la red en la esquina de la pantalla.

Parpadeaba en amarillo, buscando señal entre las copas de los árboles cargadas de agua.

Tras varios minutos de espera, el icono cambió a azul.

Conexión establecida. Laura respiró hondo y abrió el navegador.

Para acceder a la base de datos de Valle Sereno, necesitaba activar la red privada virtual (VPN) que utilizaba durante su etapa como psicóloga forense de la clínica.

Llevaba meses apartada del servicio activo tras el accidente, pero sabía que el departamento de sistemas informáticos de la clínica solía tardar meses en revocar las credenciales de los asesores externos, especialmente aquellas vinculadas a expedientes judiciales o investigaciones en curso que requerían consultas esporádicas.

Introdujo su nombre de usuario de la red interna: l.vane .

Luego, movió el cursor hacia la casilla de la contraseña.

Dudó por un instante. Su mente se quedó en blanco.

¿Recordaba la clave? En los últimos meses había olvidado contraseñas de cuentas de correo, códigos de acceso y números de teléfono.

Sintió que el pánico amenasaba con paralizarla.

Cerró los ojos, respiró hondo contando hasta cuatro, retuvo el aire otros cuatro segundos y exhaló despacio.

Era la técnica de respiración táctica de la policía.

Sus dedos se movieron de forma casi automática sobre el teclado físico, apelando a la memoria muscular de sus manos más que a la cognitiva de su cerebro.

Introdujo la secuencia de letras y números que había repetido miles de veces en su oficina de la clínica.

Presionó Enter . La pantalla mostró un mensaje de carga: "Autenticando credenciales.

.. Por favor, espere". El segundero del reloj de pared parecía sonar con una fuerza desproporcionada.

Si el acceso era denegado, se quedaría a oscuras.

De repente, la pantalla cambió. Apareció el logotipo azul y blanco de la Clínica de Salud Mental Valle Sereno, seguido del panel de acceso al directorio de pacientes históricos y activos.

Laura dejó escapar el aire que contenía en los pulmones.

Estaba dentro. El entorno digital de Valle Sereno le resultaba familiar y, al mismo tiempo, le provocaba una profunda incomodidad.

Aquella clínica había sido su lugar de trabajo, el sitio donde pasaba horas analizando los perfiles de pacientes con trastornos graves, pero también el escenario donde sus recuerdos comenzaron a deshilacharse semanas antes de la catástrofe en el Río Negro.

Llevó el cursor hasta la barra de búsqueda del registro general de pacientes.

Sus dedos temblaban levemente, humedecidos por el sudor frío, al teclear el nombre: A-d-r-i-á-n S-o-l-e-r .

Hizo clic en el botón de búsqueda. La base de datos comenzó a procesar la solicitud.

El círculo de carga giraba en el centro de la pantalla, un recordatorio de la fragilidad de su conexión.

Laura observó la niebla a través del cristal; parecía haber avanzado hasta el porche.

La pantalla se actualizó con un destello rápido. Apareció un único resultado en la tabla de búsquedas:

*Expediente: VS-2024-8891*

*Nombre: Soler, Adrián*

*Fecha de Ingreso: 12 de septiembre de 2024*

*Médico Responsable: Dra. Laura Vane*

A Laura se le congeló la sangre en las venas.

El nombre estaba allí. Ella misma había sido la doctora asignada a su caso.

Pero, por más que buscaba en los rincones de su mente, no lograba encontrar la ficha de Adrián, ni sus sesiones, ni el rostro de aquel joven asociado a su práctica profesional antes del accidente.

Su memoria sobre ese período era un lienzo en blanco tapado por el humo negro del coche ardiendo en el puente.

Hizo doble clic sobre el número de expediente para abrir la ficha detallada.

El sistema tardó unos segundos en cargar la página debido a la baja velocidad de la conexión.

La barra de progreso avanzó lentamente: 10%, 40%, 70%.

.. Cuando la página finalmente se desplegó por completo, Laura se inclinó hacia delante, casi tocando la pantalla con la punta de la nariz.

El expediente estaba vacío. No había notas de evolución clínica.

No había diagnósticos de ingreso. No había registro de medicación administrada.

Las pestañas de "Historial Médico", "Evaluaciones Psiquiátricas" y "Plan de Tratamiento" mostraban el mismo mensaje automático: Sin registros cargados .

—¿Qué significa esto? —susurró Laura a la pantalla vacía.

Un hospital psiquiátrico como Valle Sereno jamás permitiría que un expediente estuviera en blanco; cada interacción debía registrarse por ley.

Que la ficha existiera pero careciera de contenido era un borrado deliberado.

Alguien con privilegios de administrador había vaciado la ficha de Adrián Soler.

¿Por qué ocultar su historial? ¿Quién tenía la clave de administración global salvo la junta directiva y el doctor Mateo Silva?

Desplazó la página hacia abajo. En la parte inferior, oculta en la sección de notas administrativas, vio un recuadro de línea roja con una sola frase:

Estatus del Paciente: Fallecido el 14 de noviembre de 2024.

Laura sintió un golpe físico en el pecho.

El 14 de noviembre de 2024. La fecha de la tragedia en el puente del Río Negro, el día en que Daniel murió y su propia cordura se fragmentó.

Si Adrián Soler había fallecido esa misma fecha, ¿quién había estado en su sala de estar la noche anterior?

¿O acaso el expediente contenía una mentira administrativa?

Las casualidades no existían en su mundo.

Dos muertes vinculadas a ella el mismo día, y Mateo lo había mantenido en secreto.

De repente, un chirrido agudo rompió el silencio de la cabaña.

El teléfono móvil comenzó a vibrar con fuerza sobre la mesa auxiliar.

Laura se acercó despacio, con el corazón desbocado.

En la pantalla parpadeaba el nombre del doctor Mateo Silva.

Se quedó mirando el dispositivo, con la mano temblorosa suspendida sobre la pantalla, comprendiendo que la mentira que sostenía su realidad acababa de romperse para siempre.