29 Amanda #2
—No me gustan las personas que siempre me ponen a prueba para ver si soy lo suficientemente buena. Paul hacía eso. Su amor siempre venía con condiciones, con pequeñas pruebas y con términos.
Amanda suspira. —Si lo hubiera sabido… bueno, no sé. Soy como soy, y es difícil cambiar a mi edad.
—Eso es una excusa —digo—. Siempre es difícil cambiar.
Ella se ríe. —Tienes razón en eso. Pero, querida, debes saber que pensé en muchos regalos para ti. Pensé en una casa antigua, grande y hermosa, al final de la calle. Pensé que podríamos arreglarla juntas. La que tiene cúpulas.
Me encantaba ese lugar.
—O la bonita casita colonial amarilla del centro.
Esa también era estupenda.
—Pero al final, soy una anciana egoísta. —Los ojos de Amanda se llenan de lágrimas—. No importa qué lugar imaginara, no podía soportar la idea de que te mudaras. —Se escabulle por debajo de mi brazo y desaparece.
Intento seguirla, pero Eddy me agarra del brazo. —Tenemos que hablar.
—¿Ahora mismo? —pregunto—. No es un buen momento.
—Lo sé —dice—. Es un momento terrible, pero me contactaron anoche y tengo que aprovechar la oportunidad o rechazarla mañana. No hay mucho tiempo.
—¿Tiempo para qué?
—¿Podemos hablar fuera?
Miro la puerta cerrada del dormitorio de Amanda Saddler y vacilo. —Tengo que…
—Solo será un minuto —dice Eddy.
Suspiro. —Está bien. —Lo sigo hasta el porche delantero—. ¿Qué pasa ahora?
Él sonríe. —En realidad, para variar, no pasa nada.
—Me alegro de oírlo.
—¿Recuerdas que pusimos ese vídeo de mi nueva canción en la publicación de la decoración navideña que subiste?
—Sí.
—Pues he estado tan ocupado que no le he prestado mucha atención.
Yo tampoco, lo cual es extraño viniendo de mí. Pero entre las fiestas, las cosas de los niños, las cosas de Abby y el trabajo con Amanda, apenas he mirado mis redes sociales. Eso ha reafirmado mi intuición: tal vez sea hora de dejar esa vida.
Es decir, claro, de vez en cuando publico algunas cosas para ganar un poco de dinero extra, pero creo que estoy lista para ganarme la vida haciendo algo menos voluble.
—He estado pensando en decirle que no a Lololime —digo—.
Creo que esto con Amanda va a funcionar y estoy harta de que me digan lo que tengo que hacer todo el tiempo.
Eddy frunce el ceño. —Siempre he querido que los dejases.
—¿Pero ahora no?
Se encoge de hombros. —No, quiero decir, sí, adelante. Creo que es una gran noticia. —Pero él quería decirme otra cosa. ¿Sobre su vídeo?
—¿Se ha vuelto viral?
Recuerdo la primera vez que uno de los míos se hizo viral. Es una sensación embriagadora, como si toda tu vida fuera a cambiar. Hasta que llega la siguiente gran novedad y vuelves a la Tierra con un golpe seco.
—Más o menos —dice—. Pero eso no importa. Como tú has señalado, no es que tenga un álbum que mostrar ni nada por el estilo.
—Vale —No consigo entender adónde quiere llegar, lo cual es extraño. Normalmente, Eddy no oculta sus sentimientos.
—Ya me han llamado tres discográficas. Todas me ofrecen contratos.
No lo entiendo. —¿Contratos?
—Contratos discográficos. Al parecer, estoy de moda y creen que es el momento perfecto para que haga mi regreso.
¿Con ese rostro y su cuerpo tan guapos? ¿Con toda la notoriedad generada por las falsas acusaciones y su relación conmigo? Sí, apuesto a que es el momento perfecto.
—Dicen que ahora mismo están de moda las historias relacionadas con los regresos…
—Creo que probablemente siempre estén de moda —digo—. A todo el mundo le gusta pensar que no hay oportunidades perdidas, ¿no?
Hace una pausa. —¿Entonces crees que es una mala idea?
—No he dicho eso en absoluto.
—Grabaría un nuevo álbum y luego me iría de gira. —Frunce todo el rostro—. Al parecer, no hay forma de evitar eso.
—Estoy segura de que no —digo—. Querrán que un músico haga una gira para promocionar el álbum.
—Además de la venta de entradas para los conciertos —dice él.
—Cierto.
—¿Qué crees que debería hacer?
Me encojo de hombros. —¿Qué quieres hacer tú? —Parece como si el mundo entero estuviera en una especie de extraña caída libre.
—No lo sé —dice él—. Por primera vez en cuarenta años, era feliz. Verdaderamente feliz. Y entonces, de la nada, aparece este vídeo loco, que me libera del yugo de mi pasado.
—No apareció —digo—. Abigail lo desenterró.
—Es verdad. —Asiente con la cabeza—. No, lo sé. Le debo mucho.
—¿De verdad? —le pregunto—. ¿Ha cambiado tanto las cosas?
Su voz es tranquila. —No he vuelto a tener pesadillas sobre aquella noche desde que vi el vídeo.
Eso sí que es algo. —Me alegro.
—Y ahora quieren que vuelva, la industria que me destrozó y me escupió.
—Pero te fuiste por tus propios motivos —digo—. Querías escapar, ¿verdad? Eres veterinario.
—Sí, lo soy. —Asiente con la cabeza—. ¿Quizás debería rechazarlos?
Vuelvo a encogerme de hombros. Ojalá pudiera dejar de hacerlo, pero es eso o empezar a decir tonterías y a llorar. ¿De verdad me está preguntando si puede dejarme para convertirse en una superestrella?
Primero, Abby consigue el rancho gracias a mi mentora. Luego, Amanda me dice que lo hizo porque me quiere mucho, y ahora Eddy dice que le he hecho tan feliz que necesita irse.
—Tengo que hablar con Amanda —digo—. Estábamos en medio de algo.
Eddy parece dolido, como si fuera yo quien dijera que me voy. —¿De verdad no tienes nada que decir?
—Creía que eras veterinario —digo—. Salía con un veterinario guapo que amaba a los animales y llevaba una vida tranquila en un pueblo pequeño. —Mi voz suena un poco amarga.
—¿Entonces debería rechazarlos? —Sus ojos se abren como platos y se acerca a mí, tomándome las manos entre las suyas—. Lo único que sé con certeza es que nos necesito a nosotros. Si esto te molesta, los rechazaré.
Como cuando dejé la universidad por Paul.
Todavía le guardo rencor por eso.
Pero si no consigo convencer a Eddy de que no me importa, acabará en la misma situación en la que yo estaba. Nunca sabrá con certeza por qué dejó pasar esta oportunidad.
—Tienes que hacer lo que te haga feliz —le digo—. Si es cantar, si es hacer música, entonces no tienes por qué preocuparte por mí. No voy a ir a ninguna parte.
Eso es cierto. A diferencia de Eddy, nadie quiere que grabe un álbum o que los siga a ningún sitio.
Ni siquiera mi socia parece quererme mucho.
Es decir, claro, no me hará un bonito regalo porque no confía en que no me vaya, pero eso no es lo mismo que preocuparse lo suficiente por mí como para pedirme que me quede.
Ahora que lo pienso, solo quería que viviera con ella si Abby también aceptaba mudarse. Y es a ella a quien le está dando una gran propiedad ahora mismo, asegurándose de que no se vayan a ningún sitio.
—Creo que podría hacer el álbum, siempre y cuando los términos del contrato me parezcan bien, y podría aceptar una gira corta, y si veo que no funciona, podría dejarlo. Al menos así sabré si es una buena idea.
—Parece que necesitas hablar con Abby —le digo.
Él sonríe con su sonrisa pícara, guapa y encantadora. —Creo que sí.
—Enhorabuena —miento—. Me alegro mucho por ti.
Ni siquiera se da cuenta de que no lo digo en serio.