El Rancho (El Rancho de Birch Creek 3) 14 Abigail
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14 Abigail

ABIGAIL

La oficina de Derek envía por correo electrónico una notificación de rescisión de nuestro contrato, tal y como dijo Amanda que harían. Por supuesto, lo llamo inmediatamente.

—Abigail Brooks, intuía que ibas a contactarme.

—¿Has perdido la cabeza? —Quería hablar primero con Amanda sobre esto, pero lleva todo el día desaparecida.

—Que yo sepa, no. —Se ríe entre dientes—. No, acabo de comprobarlo y parece que está intacta.

—¿Estás rescindiendo el acuerdo porque Amanda no quiere salir contigo? Eso es acoso sexual.

—Vaya —dice Derek—. ¿Eso es lo que te ha dicho ella?

Esa no es en absoluto la razón detrás de nuestra decisión.

Simplemente hemos encontrado una oferta mejor para el ganado que necesitamos y estamos ejerciendo nuestro derecho a cancelar sin causa justificada.

Tal y como se estipula, os pagaremos la indemnización total por daños y perjuicios a tanto alzado estipulada en el artículo nueve.

—No me obligues a demandarte, Derek. No te hará quedar bien.

—Con esa compensación y con lo que seguramente obtendrás por esas vacas en la subasta, dudo que os signifique muchas pérdidas de beneficios. ¿Crees que valdría la pena una demanda por esa pequeña cantidad?

—¿Veinte mil dólares te parecen poco? —le pregunto.

—Sí, lo es —responde.

Suspiro. En lo que respecta a las demandas, efectivamente es poco. —Somos un rancho pequeño —digo—. Por favor, reconsidéralo.

—Te diré una cosa. Amanda sabe por qué lo estoy rescindiendo y no es lo que tú crees. Habla con ella y pregúntale qué es lo que realmente me molesta. Si te lo dice y me llamas para explicármelo, entonces sí, respetaré el acuerdo. ¿De acuerdo?

Aprieto tan fuerte el botón de «Finalizar llamada» que queda la huella del pulgar en la pantalla.

—¿Qué te ha dicho? —pregunta Kevin.

—No ha ido bien —respondo.

—El problema es que nos estamos quedando sin heno —dice Kevin—. Teníamos lo justo para mantener a las vacas durante el tiempo previsto para no quedarnos sin antes de la primavera, pero no vamos a durar mucho más.

—Traducción —dice Ethan—: Tenemos que venderlas en la subasta este fin de semana o lo perderemos todo al tener que comprar más heno.

Gruño. —De acuerdo.

—No es para tanto —dice Kevin—. No realmente. Siempre las vendemos en subasta. Es lo normal.

Pero odio cuando las cosas salen mal.

—No cuentes los pollos antes de que nazcan —dice Kevin—. Creo que por eso se inventaron esa frase.

—¿Quién no cuenta los huevos antes de que eclosionen? —pregunto—. Es un dicho estúpido. De eso se trata el derecho contractual, de prepararse y tener todo listo con antelación. El dicho debería ser: «No confíes en los sinvergüenzas. Siempre son unos capullos».

—No es tan pegadizo —dice Ethan.

—¿Has dicho este fin de semana? —pregunto.

—Me refería a este sábado —dice Kevin.

—¿Dentro de dos días? —pregunto—. ¿Cómo vamos a llegar a llevarlas a todas a tiempo?

—Llamaré a Chris Billington, del recinto de subastas —dice Kevin—. Tienen algunos camiones y podemos usar el que tenemos. Diría que mañana podremos llevar más de un tercio. Si tenemos suerte, quizá incluso la mitad.

Algunos días olvido lo afortunada que soy de tener a Jeff y Kevin con nosotros. Sin ellos, nunca habríamos podido encargarnos de este rancho durante un año. —Gracias —digo—. Por todo, en realidad.

—Es mi trabajo —dice Kevin—. Y Jed nos ayudó cuando nadie más lo hizo.

—¿De verdad quería que nos quedáramos con el rancho? —pregunta Ethan.

—Sí —responde Kevin—. Hablaba mucho de tu padre.

—¿En serio? —Ethan se ve como Roscoe cuando ve el tocino en la mano de alguien, con una mirada fija y desesperada clavada en Kevin.

—Nunca conocí a tu padre, pero sé que vino todos los veranos durante años. Sé que solo le gustaban los huevos cocidos, ni revueltos ni fritos. Sé que odiaba pasar frío. Jed estaba seguro de que por eso se mudó a Texas, para alejarse de la nieve.

—Sí —dice Ethan—. Vaya, ojalá hubiera conocido mejor al tío Jed.

—Era un idiota —dice Kevin—. Podrías haber pensado que te odiaba. Pero lo que hacía siempre era mucho más agradable que lo que decía. Creo que por eso se llevaba tan bien con Roscoe. Los perros siempre perdonan lo que dices, para ellos solo es ruido, siempre y cuando seas amable.

Son los humanos los que se quedan atrapados en las palabras.

Me doy cuenta de que probablemente debería ser un poco más indulgente con Steve.

No es que haya sido muy clara con él, en el sentido más literal, sobre lo estresada que he estado.

Y probablemente esté bastante confundido, ya que no le conté lo mal que fue la mediación, los problemas con Amanda y Derek, o las dificultades con Maren.

Ethan sigue pidiendo más anécdotas a Kevin, pero yo me excuso y me dirijo a mi habitación. El trabajo es lo primero, así que llamo al recinto de subastas para ver si pueden incluirnos –sí pueden– y, una vez que está todo listo y confirmado, le envío un mensaje a Steve.

Nuestro acuerdo con el ganado se cayó. Es muy largo de contar. ¿Hay alguna posibilidad de que estés libre el sábado para ayudarme en el recinto de subastas? Es mi primera vez.

Su respuesta es inmediata. Esa noche me toca trabajar, pero puedo quedarme casi todo el día. Solo necesito una siesta rápida esa tarde.

Aunque Jeff y Kevin también están disponibles, me tranquiliza saber que Steve también estará. Como todas las decisiones finales recaen sobre mí, es estupendo contar con alguien que esté acostumbrado a tomarlas, aunque no tenga muchos conocimientos sobre el ganado.

Dedico el resto de la mañana a asuntos de trabajo, siempre hay alguna emergencia nueva que atender. Esa tarde, como sigo sin encontrar a Amanda por ninguna parte, le envío un mensaje. Voy a ver a la entrenadora de animación de Maren. Lo está pasando mal. ¿Te apetece venir?

No responde. No durante más de veinte minutos. En el mundo de los mensajes de texto, eso es prácticamente una eternidad. Si pensara que está muy ocupada en la tienda, sería más indulgente con ella, pero… sobre todo sabiendo lo que sé sobre sus ventas por Maren e Izzy, dudo que ese sea el caso.

De todos modos, le dije a Maren que iría.

Ayer no fui, y después de clase me confesó que se sintió aliviada, pero no puedo ignorar sus problemas para siempre.

Ni como tía, ni como madre, ni como alguien que se preocupa por ella.

Las personas que piensan que los dramas del instituto son solo eso no están prestando atención.

Algunas de esas cosas pueden marcar a un niño para siempre, y la mayoría de ellas determinan quiénes serán durante toda su vida.

Estoy entrando en el aparcamiento del instituto cuando suena mi teléfono. Es mi agente inmobiliario otra vez, y su nombre en el identificador de llamadas hace que todo mi cuerpo se tense. —¿Hola?

—Soy Adam Bradford —dice, como si no lo supiera.

—Hola, Adam.

—Tengo una noticia increíble. La pareja de la que te hablé antes ha hecho una oferta en efectivo, y es diez mil dólares más que el precio de venta.

Dadas tus circunstancias, que estés fuera de la ciudad y lo de tu marido, ni siquiera piden un periodo de opción o una inspección.

Lo único que quieren es cerrar la operación en las próximas tres semanas.

¿Puedes venir aquí y dejar todo listo tan rápido?

Tres semanas.

Estoy segura de que podría hacerlo, pero ¿quiero? Ahora que me enfrento a la perspectiva de vender nuestra casa, no estoy segura de poder hacerlo. No son solo los recuerdos con Nate.

Es la red de seguridad.

Si Ethan lo supiera, me diría que la vendiera.

Me diría que debo confiar en nuestro futuro, en el rancho y en él.

Pero soy abogada y sé que eso no es realista.

No se puede confiar en algo que depende de los caprichos de un tribunal, un jurado o un panel.

Por muy bien que te prepares, si está fuera de tu control, corres un riesgo.

Diablos, incluso algunas cosas que creía que estaban totalmente bajo mi control resultaron ser impredecibles. Como el cáncer. Como la universidad. Como dónde estaría viviendo dentro de cinco años. Como que Steve me pusiera en primer lugar.

—Tengo que hablar con los niños y mirar el calendario, Adam. Pero seré sincera. Las cosas están un poco en el aire ahora mismo. Cada vez me preocupa más la posibilidad de venderla.

—Oh. —Adam parece sorprendido—. Vaya. Bueno, los interesados quieren saberlo antes del fin de semana. ¿Te parece posible?

Quiero pedirle unos días más, o incluso una semana, pero eso no es realista, y ¿mi respuesta cambiará realmente? Nuestra audiencia con el juez no es hasta finales de la semana que viene. —Está bien. Te llamaré mañana.

—Gracias. ¿Y Abby?

—¿Sí?

—Como tu agente, te digo que aceptes el trato. Pero como amigo, haz lo que sea mejor para vosotros, aunque eso signifique retirar el anuncio durante unos meses.

En realidad, no consideraba que fuésemos amigos, pero ahora sí. Los amigos son las personas que hacen lo mejor para ti, incluso cuando va en detrimento suyo. Ser abogada me ha enseñado eso. —Gracias.

Me armo de valor y entro en el instituto. Como llamé para avisar de que iría media hora antes de que empezara el entrenamiento, durante el descanso de la entrenadora, me recibe inmediatamente.

—Sra. Brooks, soy Rachel Hanna, y me alegro mucho de conocerla por fin. Seguro que ya lo sabe, pero su hija tiene mucho talento. Estamos encantados de que lidere nuestro equipo.

—En realidad, Maren es mi sobrina. Su madre acaba de empezar un negocio y está muy ocupada.

Maren resopla desde la silla detrás de la entrenadora. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba presente hasta que hizo ese ruido.

—¿Podemos pasar a la sala de reuniones? —dice la entrenadora Hanna.

—Por supuesto. —La sigo, mirando a Maren con el ceño fruncido. Si ni siquiera es capaz de comportarse en esta reunión, tendremos más cosas de las que ocuparnos que una pequeña rivalidad en el equipo.