Capítulo 62
El equipo médico había mantenido vivo a Toni de forma artificial.
Presión arterial controlada, oxigenación óptima y cóctel de fármacos vía intravenosa para mantener los órganos vivos.
Llegaba el momento de la verdad. El de extraer el órgano que iban a trasplantar.
Todas las oraciones no rezadas, todos los cirios no puestos y todos los buenos augurios no deseados llegaban tarde.
Con Toni tumbado bocarriba y con el tórax abierto, Carla pudo verle por primera vez el corazón.
Nada de pantallas, nada de informes, solo la realidad.
Y sí, contrariamente a lo que llevaba años pensando, sí tenía corazón.
Metafóricamente, lo veía podrido. Médicamente, no observó zonas necróticas y no era más grande ni más pequeño de lo normal.
La inspección ocular confirmó las conclusiones extraídas de la ecografía: que tenía buen color, que el órgano no había sufrido, que era el corazón de una persona que se había cuidado, que había hecho deporte y que no había sufrido isquemia, es decir, falta de riego.
—El aspecto es correcto. Procedemos a la extracción.
Tener el corazón de Toni en sus manos era una sensación de lo más extraña.
Vaya que si lo era. Ahora sí que ya no había vuelta atrás.
Si no hubiera sido por lo que vendría después, Carla lo habría estampado contra la pared encantada de la vida.
Cuántas veces había dicho que le arrancaría el corazón y, mira por dónde, la vida había acabado brindándole la oportunidad.
Cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que…
Carla lo sumergió en una solución de preservación cardiopléjica fría. El corazón de Toni dejó de latir y, consciente de lo que significaba, bajo el flequillo sus ojos se iluminaron de satisfacción. Hasta nunca.
10.50 h. Seis horas y cuarenta minutos después del ingreso de Toni
Jesús ya estaba bajo los efectos de la anestesia y una máquina había tomado el control de su cuerpo; el bypass estaba establecido. Allí mismo, el corazón de Toni esperaba a su nuevo propietario.
Carla trabajó con precisión y extrajo el corazón dañado de Jesús. Observó la dilatación de la aorta y el ventrículo izquierdo abultado por hipertrofia. Si podía apreciarse a simple vista, sin duda era un caso extremo. Ese órgano ya no daba para más.
El cuerpo de Jesús quedó a la espera, literalmente. Un silencio consistente llenó el quirófano mientras los monitores marcaban un ritmo artificial, sostenido. Ese instante era un puente entre dos vidas, una que se apagaba y otra que quizá estaba a punto de tener una segunda oportunidad.
12.10 h. Ocho horas después del ingreso de Toni
El tiempo isquémico, el que pasa desde que se corta el flujo sanguíneo en el órgano del donante hasta que se restablece en el receptor, estaba dentro de los límites. Todo iba bien.
—Empezamos la implementación.
Carla metió el corazón de Toni en el tórax de Jesús y ajustó la posición.
Lo colocó en el mismo lugar anatómico donde había estado el corazón nativo.
Era clave orientarlo bien para que las aurículas, las venas cavas y los grandes vasos no quedaran con torsión ni tensionados.
Después, en este orden, suturó la aurícula izquierda, las venas cavas inferior y superior, la arteria pulmonar y por último la aorta.
Con estas conexiones completadas, el corazón quedó integrado en el circuito vascular de Jesús.
Antes de restablecer por completo la circulación, el equipo médico eliminó el aire de las cavidades cardiacas y de los vasos. Después comprobó que las suturas no sangraran.
13.10 h. Nueve horas después del ingreso de Toni
—Vamos.
Carla dio la orden para que dejaran pasar la sangre de nuevo por el corazón implantado, lo que puso fin al tiempo isquémico del órgano. Entre el equipo médico había una mezcla de tensión y esperanza, como si un redoble de tambores imaginario flotara en el ambiente.
Por fin, un latido.
Otro latido.
Otro.
Y otro.
El corazón bombeaba bien y las presiones eran correctas. Carla ordenó que redujeran progresivamente el soporte de la máquina de bypass.
A continuación, el equipo comprobó la función ventricular, el ritmo, el sangrado y la estabilidad hemodinámica. Por último, la desconectaron del todo. El corazón aguantaba.
14.10 h. Diez horas después del ingreso de Toni
El equipo revisó las anastomosis, el sangrado, el ritmo y la función del corazón. Todo sobre ruedas. Seguidamente cerraron el esternón con alambres de acero inoxidable y cosieron la herida quirúrgica.
—Hemos terminado —anunció una voz al cabo de un rato.
Carla cerró los ojos y resopló largamente para soltar toda la tensión acumulada. Fue su momento de descompresión. Todo había ido bien. Dentro de Jesús ya latía el quinto corazón.