El quinto corazón Capítulo 47 #2
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Capítulo 47 #2

—Y decidiste huir.

—Si me moría, sabía que Jesús lo dejaría correr por el bien del ICIB .

Si me hizo un busto y todo, el desgraciado.

Y mira, ahora van a dedicarme una calle.

En cambio, si me quedaba y me enfrentaba al juicio, perdería.

Demasiada gente testificando en mi contra, y todos decían lo mismo.

Me tenían pillado. En el fondo sabía que no tenía nada que hacer.

Cárcel, habría salido en todos los telediarios, mi reputación a la mierda…

Mínimo cinco años de cárcel solo por este asunto no me los quitaba ni Dios.

—¿Qué quieres decir? ¿Hay algún otro asunto?

—Tú que presumes de haber hecho los deberes, dime: ¿sabes algo de la inspección fiscal?

El doctor evitó deliberadamente mencionar CardioAdvance. Dejó que el silencio ganara peso hasta que Gabriela lo rompió.

—No sé de qué me hablas. Te lo juro.

Toni examinó la cara de la periodista y no supo encontrarle ningún delator que le hiciera saltar las alarmas anunciando una mentira. Su dinero en las Islas Caimán podía seguir durmiendo bajo la cálida manta del anonimato.

—Te lo juro —le repitió—. Solo sé que además tenías denuncias por maltrato psicológico.

—A mí me pagaban por arreglarles el corazón, no por ser simpático.

¿Quién ha dicho que un médico deba tener empatía con sus pacientes?

¿Querían a un cómico la mar de amable o a una persona que les salvara la vida?

Si tenían problemas mentales, que hubieran ido al psicólogo y que a mí me hubieran dejado en paz.

—Y por la denuncia que te pusieron, mataste a Rosa, Olga y Montserrat, y le enviaste sus corazones a Jesús.

—Si creían que hundirme la vida iba a salirles gratis, estaban muy equivocadas.

Gabriela evitó sacar el tema de que aún quedaban dos corazones para completar el juego. En este punto de la conversación, decidió que lo mejor era intentar salvar el cuello jugando la única carta que tenía.

—Hagamos un pacto.

—¿Contigo? ¿Por qué iba a hacerlo?

—Tengo pruebas de corrupción que implican a Jesús Maria Barceló.

En la mirada del doctor se encendió una chispa. Como si tanto tiempo después las circunstancias se alinearan con su pensamiento. No pudo evitar esbozar una sonrisa de lo más cabrona. Con un gesto de la cabeza invitó a Gabriela a contarle lo que sabía.

—Baltasar Padilla, el empresario, el de Next Energy.

—Sí, ¿qué?

—Ha pagado quinientos mil euros para que hicieran un ensayo clínico a la medida de su mujer, Teresa Alsina.

—Hostia, Baltasar, menudo pieza. Lo capté como patrocinador para De Todo Corazón. ¿Su mujer está jodida?

—Sí. Ha entrado a formar parte de ese ensayo clínico, que dirige Jesús Maria Barceló. Tengo su historial clínico y las bases del ensayo.

—Son idénticos, supongo.

—Supones bien. Las bases del ensayo eran un traje a medida para ella.

Tengo los documentos y también los extractos bancarios de las transferencias que hicieron desde una filial de Next Energy con sede en Panamá a una cuenta del Dubai International Bank propiedad de Nelson Sotomayor, el marido de Jesús.

—Esto me suena a gloria.

—Tengo las fotos en el teléfono.

Gabriela se señaló el bolsillo con la barbilla, y Toni García se levantó para cogerle el móvil.

—7778.

El doctor tecleó el código de desbloqueo y el móvil se despertó.

—Busca en las imágenes.

El doctor le acercó el móvil y delante de ella empezó a deslizar el dedo por la pantalla.

—Aquí.

Toni García leyó toda la documentación. Después examinó los extractos bancarios y no pudo evitar soltar una carcajada que llenó la sala. Con el montón de reproches que había tenido que oír… De repente, CardioAdvance y el dinero escondido parecían un poco más limpios.

—Vaya con Jesús… Tan ético, tan incorruptible… La madre que lo parió.

El doctor miró a Gabriela y le soltó una que la dejó helada.

—Me lo has contado para que no te mate, ¿verdad? —Toni García cogió la pistola y apuntó a la prisionera—. ¿Sabes?, aunque te cueste entenderlo, no soy un asesino. El caso es que ahora sabes quién soy.

—Por favor, tengo dos hijas…

—Y yo tenía una vida que me robaron. Ahora tengo otra y no quiero perderla también.

Le colocó el cañón de la pistola en la frente.

El contacto frío del acero en la piel le puso los pelos de punta.

Sentía el corazón tan embalado que parecía que quería huir del pecho.

De repente tuvo mucho frío y sintió miedo como nunca antes en su vida.

Un miedo extremo que le apretaba el pecho.

Hiperventilaba como si corriera sin moverse de esa silla en la que estaba atada, suplicando por su vida.

El aire entraba demasiado rápido, en bocanadas cortas y nerviosas.

Pensaba en Paula y en Emma. También en Omar.

Toni García apretó el gatillo y un clic seco, metálico y vacío resonó brevemente en el aire y se quedó flotando.

El silencio que siguió fue más denso de lo que habría sido un disparo.

El miedo, limpio y primario, traicionó a Gabriela, que sintió un calor repentino que se extendió rápidamente entre las piernas.

Una sensación humillante e involuntaria pero liberadora.

Estaba viva. El cargador no tenía balas.

—Te he dicho que no soy un asesino. Y, qué coño, puedes serme mucho más útil viva. Ahora que has probado el sabor de la muerte, te propongo un pacto.