Capítulo 37
El olor terroso del papel reciclado le subía hasta la garganta para recordarle que llevaba un buen rato sin beber ni un trago de agua.
Pero su sed era de otra cosa: del ansiado ascenso al Olimpo de la profesión.
Con las últimas publicaciones había subido varios escalones de golpe; ahora le faltaba rematar el trabajo.
Una página, otra y otra más. Y ya eran unas cuantas. A treinta líneas por página. Pero a tozuda no la ganaba ni Dios. No era de las que esperaban la suerte sentadas en una silla. Salía a buscarla con el cuchillo entre los dientes.
Levantó la cabeza. Ahora sí, dio un largo trago de agua.
Sintió cómo bajaba por la garganta hasta el estómago.
Cuando volvió a mirar los papeles, de manera instintiva alineó los tres bolígrafos que tenía en la mesa: en horizontal, la marca BIC hacia arriba y el tapón a la derecha.
Todo perfecto. Cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer, una reacción espontánea le dibujó una sonrisa. Eso lo habría firmado quien ella sabía.
Otra página. Y otra. Línea por línea. Hasta que llegó la buena.
Esa en la que la nariz te dice «eh, aquí hay algo».
Fue entonces cuando el corazón le dio un vuelco.
Creía haber encontrado la llave que podría abrir, quién sabe, la puerta de secretos que llevaban años escondidos.
Bolígrafo en mano, siguió la línea con delicadeza, como si tuviera miedo de que el simple gesto hiciera desaparecer por arte de magia lo que estaba escrito.
Después lo subrayó con fluorescente amarillo.
4 de abril de 2020. En pleno pico de la primera oleada de covid, cuando en los hospitales un respirador era un bien imprescindible para no morir ahogado, un hombre, David Blanc Fernández, abandonó el Hospital Sant Jordi sin decir ni pío.
«Ausencia voluntaria no autorizada». Simplemente, se levantó de la cama, adiós muy buenas y hasta nunca.
Esto ocurrió, mira por dónde, justo el día de la muerte de Toni García.
Gabriela había aprendido hacía tiempo que creer en las coincidencias era ser una ingenua, y ella no se lo consideraba. Revisó detenidamente los datos del paciente.
Nombre: David Blanc Fernández
DNI: 46.743.535 S
Fecha de nacimiento: 17 de junio de 1969
Fecha de ingreso: 23 de marzo de 2020
Fecha de alta: 4 de abril de 2020
Observaciones: ausencia voluntaria no autorizada
Dirección: calle Bonavista 7, 2.º 2.ª, 08012, Barcelona
Teléfono: 100 78 77 74
Correo electrónico: [email protected]
Gabriela tecleó «David Blanc Fernández» en Google y pulsó Enter. El buscador tardó menos de un segundo en responder.
—Mierda…
Un desierto. Ningún rastro de un hombre que, si había nacido en 1969, debía de tener el aspecto de un hombre que navega entre los cincuenta y los sesenta años.
Luego entró en Instagram, Facebook, X, TikTok, LinkedIn y Snapchat, pero tampoco hubo suerte.
En ninguna de las redes sociales había un perfil que coincidiera con esos parámetros.
El cansancio del día empezaba a asomar la cabeza, y las persianas de los ojos amenazaban con cerrar el tenderete.
Se los frotó y después, en un acto reflejo, miró la hora.
En cuestión de minutos serían las seis. Miró por la ventana.
Todavía estaba oscuro, pero en el horizonte el cielo estaba teñido del leve tono azul grisáceo del amanecer que se acercaba.
Durante el día que en breve empezaría tendría que cargar con una nebulosa que no se disiparía ni con siete cafés, pero eso no la detendría.
Dormiría un par de horas, llevaría a las niñas a la escuela y vuelta a la carga.
Iría a calle Bonavista 7. La dirección de David Blanc Fernández. Debía seguir picando piedra. Sin esfuerzo no hay recompensa.