El quinto corazón Capítulo 35
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Capítulo 35

Bajo el chaparrón, el paraguas resonaba como un tambor suave y constante. Sus pasos, firmes, rompían los charcos y salpicaban agua dejándole los zapatos empapados y la parte baja del pantalón hecha un buñuelo.

Con este panorama, la mar de a gusto se habría quedado al calor de la redacción, pero la exclusiva de un caso de corrupción de Jesús Maria Barceló bien valía transitar por el corazón del barrio gótico aunque lloviera a cántaros.

Dejó atrás la plaza de Sant Josep Oriol, la iglesia de Santa Maria del Pi y recorrió la calle Petritxol hasta el lugar del encuentro.

Nada más abrir la puerta tuvo la sensación de haber viajado en el tiempo: olor a café tostado, a brioche recién hecho y a azúcar caramelizado.

Nada de la mierda industrial que servían las grandes cadenas que habían conquistado el centro de la ciudad en los últimos tiempos.

Esa cafetería era de las buenas, de las de antes.

Levantó la cabeza y, al fondo del local, sola en una mesa de mármol más vieja que Carracuca, una mujer la miraba fijamente.

Hizo un ligero gesto con la cabeza que Gabriela captó enseguida.

Dejó el paraguas goteando en un cubo de la entrada y avanzó hasta el final del establecimiento manteniendo el contacto visual con su cita, que la esperaba echando azúcar en un cortado.

—Hola, Gabriela.

—Hola. —Se sentó sin darle la mano ni pedir permiso—. ¿Y tú eres…?

—Podría darte un nombre falso, pero no lo haré.

—¿No vas a decirme tu nombre?

—Me juego demasiado. Si me descubren, me voy directa a la cárcel.

—¿Qué querías contarme de Jesús Maria Barceló?

—¿Conoces Next Energy?

—¿La energética? Sí, claro.

—Teresa Alsina, la mujer de Baltasar Padilla, el CEO y fundador, ha entrado a formar parte de un ensayo clínico en el Hospital Sant Jordi que dirige Jesús Maria Barceló.

—La mujer sacó un lápiz de memoria USB del bolso y lo dejó en la mesa—.

Aquí tienes el historial clínico de Teresa Alsina y las bases del ensayo.

—¿Qué pasa?

—Que son clavados. Las bases del ensayo se redactaron para que pudiera entrar. Hechas a medida. Echa un vistazo a su historial clínico y compáralo con la descripción del ensayo.

Gabriela miró a la mujer fijamente durante unos largos segundos mientras de fondo la cafetera silbaba con fuerza abriéndose paso entre el murmullo de los clientes.

—Puede ser un indicio de corrupción, pero está lejos de ser una prueba. Para poder publicarlo necesito algo más.

—Ahí —señaló el lápiz de memoria con la barbilla— también están los extractos bancarios de las transferencias hechas desde una filial de Next Energy con sede en Panamá a una cuenta del Dubai International Bank.

—¿De qué cantidad estamos hablando? —El tono de Gabriela ya destilaba curiosidad.

—Quinientos mil euros. El pago salió unos días antes de que Teresa Alsina ingresara en el Hospital Sant Jordi.

Esa música empezaba a sonarle bien. Medio millón de euros, dos paraísos fiscales, un hospital público y un cardiólogo de referencia. Canela en rama.

—¿Y quién está detrás?

—Eso es lo interesante. La cuenta está en Dubái. Sin las coordenadas que nos facilitó Nelson Sotomayor no habríamos llegado hasta ella. Con una búsqueda rápida sabrás quién es.

No era necesario que lo buscara. Como un disparo, por la cabeza de Gabriela apareció la imagen del marido de Jesús Maria Barceló el día que lo entrevistó en el ICIB .

—¿De dónde lo has sacado?

—Es información robada del departamento financiero de Next Energy.

—¿A quién se la has robado?

—A la directora financiera.

—¿Cómo?

—Eso no voy a decírtelo.

—¿Por qué debería fiarme de ti?

—No me creas. Pregunta. Investiga. Es lo que hacéis los periodistas, ¿no? Cuando lo hayas hecho, verás que lo que hay aquí es tan cierto como que tú y yo estamos hablando.

—¿Por qué a mí?

—Con todo lo que has publicado del ICIB , intuyo que tienes ovarios para publicar algo así.

Tras haber soltado esa bomba, se bebió el cortado de un trago, acercó el lápiz de memoria a Gabriela por encima de la mesa y se levantó para marcharse.

—¿Por qué lo haces? —le preguntó Gabriela.

Podría decirle un montón de cosas la mar de loables.

Que no soportaba ver que por pasta se dejaba fuera del ensayo clínico a personas sin recursos.

O que había que luchar contra la corrupción.

O que creía en la sanidad pública y universal.

O, qué coño, cualquier parida de lo más respetable que se le hubiera pasado por la cabeza. Lo que fuera menos la verdad.

Que la directora financiera eres tú.

Que te pidieron que hicieras la transferencia al Dubai International Bank.

Que, mira qué lista, te guardaste una copia del comprobante.

Que tienes una aventura extramatrimonial con la asistente de Baltasar Padilla, que preparó el ingreso de su mujer en el hospital, porque estos señoritos de buena familia lo quieren todo masticado.

Que tu amante hizo una copia de la historia clínica de Teresa Alsina.

Que os han pillado morreándoos en el coche y os han despedido porque la normativa de la empresa prohíbe las relaciones entre directivos y trabajadores.

Que la empresa os ha jodido la vida.

Que la rabia os consume por dentro y que queréis hundir Next Energy aunque sea a costa de una enferma que, dicho sea de paso, merece pudrirse en el infierno.

Todo esto, ve y cuéntaselo a una periodista.

—¿Que por qué lo hago? Tengo mis razones, pero prefiero guardármelas para mí.