Capítulo 33
Eran las cinco y media de la mañana cuando Jesús dejó a Nelson como un tronco en la cama.
Llevaba horas sin pegar ojo. De lado hacia la izquierda, hacia la derecha, bocarriba.
No había manera. El respirador portátil no ayudaba y el coco no dejaba de dar vueltas a los problemas.
Gestionar la amenaza de un zumbado que te envía tres corazones humanos, esperar a un donante para seguir vivo, qué sería de Nelson…
No es fácil dormir cuando estás condenado a muerte y cada día que pasa tus opciones de conmutación de la pena se ven reducidas.
Se levantó y se preparó un té con un chorrito de leche.
Con la taza humeante, se trasladó con la silla de ruedas y el respirador a la amplia terraza de su casa para contemplar la quietud de la madrugada.
Al otro lado de la calle veía el parque de la Ciutadella y el complejo sanitario Antoni Gaudí, con algunas habitaciones del Sant Jordi iluminadas, que componían una partitura irregular en la oscuridad.
Se quitó la mascarilla de oxígeno un momento para respirar el aire de la noche.
Estaba lejos de ser puro. De hecho, estaba lleno de mierda, pero en la vida hay veces en que tienes que conformarte con sucedáneos.
Hacía un poco de frío y la chaqueta encima del pijama resultó ser mano de santo.
En el móvil tenía dos mensajes: uno de Ismael a la una y media y el otro de Carla hacía apenas diez minutos.
Eran idénticos: el enlace a un artículo de La Tribuna .
Una exclusiva firmada por Gabriela Palau.
Este nombre le provocó malos augurios, que en lo que se tarda en leer una noticia se confirmaron.
las personas cuyos corazones enviaron al doctor barceló coincidieron en el hospital sant jordi
Se ha identificado a las tres mujeres cuyos corazones enviaron al doctor Jesús Maria Barceló: Olga Mir, Montserrat Casanovas y Rosa Vila.
Según fuentes cercanas a la investigación, las tres coincidieron en el Hospital Sant Jordi, lo que ha despertado el interés de los investigadores.
Mir y Casanovas estuvieron ingresadas como pacientes, mientras que Vila trabajaba como enfermera en la misma planta.
Los Mossos d’Esquadra han confirmado que han llevado a cabo dos detenciones en el edificio Saturno de la Mina relacionadas con el caso.
La Tribuna puede asegurar que la geolocalización del teléfono móvil de los detenidos los situaba en el complejo sanitario Antoni Gaudí el día que se dejó la caja con los tres corazones.
Las autoridades consideran que la coincidencia de las tres mujeres podría ser una pieza clave para entender el origen y la motivación del envío.
El doctor Barceló, reconocido cardiólogo que hizo pública la noticia de que sufre una insuficiencia aórtica para la que necesita de forma urgente a un donante de corazón, colabora activamente con la policía para esclarecer los hechos e insiste en que no tiene ninguna relación con el paquete recibido.
¿Quién envió los corazones? ¿Con qué propósito los enviaron precisamente al médico que espera a un donante? Y, sobre todo, ¿qué vínculo une a estas tres mujeres con el origen del caso? Mientras esperamos respuestas, la investigación sigue abierta bajo secreto de sumario.
Jesús no reaccionó con asombro, pero tampoco con calma. Casanovas, Mir y Rosa. Las dos primeras iniciaron la guerra contra los San Isidoro, y la tercera testificó contra ellos. Por interés, efectivamente, pero lo hizo. Y todo el mundo salió beneficiado.
No había hablado con ninguna de ellas desde el covid.
Pocos días antes de que estallara todo y el mundo se detuviera, Rosa se jubiló, y desde entonces ni pío.
Conseguido su objetivo, ni un triste mensaje, ni un feliz Navidad, ni un cómo lleváis lo de lidiar con una pandemia mundial.
Nada. Aquello había acabado siendo un frío intercambio de favores.
El asunto de los corazones le producía una mezcla de resignación y cansancio. Admitía que sentía cierto alivio por la detención de los San Isidoro. ¿Qué otros habitantes del edificio Saturno de la Mina podían estar relacionados con el caso?
La puerta de la terraza se abrió y la mano gigante de Nelson acarició el hombro de gorrión de Jesús.
—¿No puedes dormir? —Lo cierto era que el interrogante sobraba.
—No, nada…
—¿Qué mirabas en el móvil?
Le pasó el teléfono a Nelson, que, medio dormido, se frotó los ojos antes de leer la noticia.
—No sé de dónde saca la información esta mujer, pero va por delante de todo el mundo. Pobre Rosa… Resultó ser una interesada, pero, mira, en el fondo lo siento. No puedo evitarlo. —Jesús negó con la cabeza y después bebió un trago de té.
—¿Te imaginabas estos tres nombres?
—La verdad es que se me habían pasado por la cabeza. Al fin y al cabo, todo cuadra. Geolocalizaron el móvil de los San Isidoro, aquí lo dice bien claro. El día que dejaron los corazones en el ICIB estaban allí. El bestia de Yuri y Honorinda. Hijos de…
—Quiero que hoy te quedes en casa y no mires nada. ¿Me oyes, Jesús? Ni tele, ni radio, ni redes. Nada. Se montará un buen follón y quiero que te mantengas alejado. Debes pensar en tu salud. En cuanto amanezca, esto empezará a correr por todas partes.
Nelson tenía más razón que un santo. Unas horas después, Gabriela entró en la redacción de La Tribuna y lo primero que hizo fue consultar la pantalla de tamaño XXL que marcaba las audiencias.
El titular «Las personas cuyos corazones enviaron al doctor Barceló coincidieron en el Hospital Sant Jordi» encabezaba la lista de las noticias más leídas y tenía el camino allanado para batir récords.
A esa hora de la mañana, las diez en punto, ya triplicaba las visitas de todas las demás juntas.
El rostro de Gabriela parecía de hielo, pero por dentro lanzaba cohetes con forma de euro.
Y los que llegarían. Había analizado mucho la redacción de la noticia.
La había leído y releído una veintena de veces como mínimo.
Solo cuando se tiene un control estricto de lo que se cuenta no se dejan ver los auténticos objetivos que se persiguen.
Había ocultado información, cierto.
No había dicho ninguna mentira, cierto.
Quería estirar el chicle y seguir yendo un paso por delante de la policía, cierto.
Cierto, cierto y cierto.
Una información edificada sobre tres pilares que eran verdades absolutas. Periodismo: el contrapoder que garantiza la transparencia. Claro que sí.
Mientras esperaba a que Helena Soto le entregara la documentación que le había pedido, podría publicar información sobre las tres muertes sin que una cosa afectara a la otra.
Según los Mossos, que el tercer corazón fuera de Rosa Vila encajaba perfectamente con la línea de investigación que señalaba a los San Isidoro como responsables del triple asesinato.
A las diez y media, Ernesto Makaroff entró en la oficina con su aspecto desaliñado habitual, maletín y barba como un arbusto sin podar.
Desde la redacción y escudada tras la pantalla del ordenador, Gabriela lo siguió con la mirada.
El director se plantó delante de la pantalla de las audiencias y automáticamente las comisuras de los labios se le arquearon hacia arriba.
Bra-vo. Director contento, autopista al cielo.
Pero hay días en que, no sabes por qué, un rayo de sol decide iluminarte. Ese día que acababa de empezar haría otro regalo a Gabriela. Lo descubriría al contestar una llamada de recepción.
—Tengo al teléfono a una mujer que quiere hablar contigo.
—¿Te ha dicho de qué se trata?
—Del ICIB . Dice que es importante.
—Pásamela.
Contestar ese tipo de llamadas era como comprar un billete de lotería: tenías prácticamente la certeza de que era en vano.
El detalle del «prácticamente» era importante, porque siempre hay un afortunado que se hace de oro con el dichoso numerito.
Con esta esperanza, se acomodó el teléfono en la oreja y probó suerte comprando su billete.
—Gabriela Palau, dígame.
—Tengo información y pruebas sobre un caso de corrupción de Jesús Maria Barceló. ¿Le interesa?