El quinto corazón Capítulo 24
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Capítulo 24

Dos millones ciento cincuenta mil dirhams —quinientos mil euros, redondeando— en una cuenta numerada y secreta en el Dubai International Bank de los Emiratos Árabes Unidos, un paraíso fiscal gobernado bajo la bandera de la opacidad financiera.

A partir de ese momento, Nelson se convertiría en el máximo responsable de las actuaciones que Stéphane Fournier ejecutaría en un plan que le detalló en siete pasos.

Paso uno. Confirmado el pago, Stéphane ordenaría transferir los fondos a través de una sociedad pantalla a una sociedad receptora: la Health Heart, una compañía emiratí ya constituida.

Sería a una cuenta numerada del Dubai International Bank sin vinculación directa con el nombre Nelson Sotomayor Valdés, que solo aparecía como beneficiario final de un trust fiduciario.

Ninguna autoridad extranjera podría saber que Nelson estaba detrás de la cuenta sin una orden judicial emiratí, y los Emiratos seguían sin cooperar plenamente con España. Así que todo el mundo tranquilo.

El tránsito hacia la legalidad seguiría con el juego del gato y el ratón mareando el dinero por los laberintos de las operaciones offshore , disciplina en la que Stéphane Fournier era un consumado artista.

Abriría otra sociedad llamada Proximity Investments en la Ciudad de Panamá.

El propietario legal sería un director nominal; registraría la empresa, figuraría como representante local en los registros públicos y, por descontado, sería sobornado con un buen fajo de billetes.

Paso dos. A través de la sociedad de Dubái, Health Heart, se haría una aportación de capital a la panameña Proximity Investments por valor de trescientos veinticinco mil dólares, y el motivo declarado sería «inversión en activos digitales».

Mediante SWIFT , la transferencia pasaría por un banco con sede en las Islas Caimán.

Después, Health Heart abriría una cuenta bancaria corporativa en el Central American Bank de Panamá.

Paso tres. Una vez en Panamá, el siguiente movimiento sería eliminar el rastro original del dinero.

Aquí entraría en escena el mundo de los activos digitales.

Stéphane haría compras controladas de criptomonedas utilizando plataformas como Binance, Bybit y Kraken a través de cuentas empresariales.

Espaciaría las operaciones para no levantar la liebre.

Paso cuatro. A través de una cartera multifirma, Stéphane vendería los criptoactivos en plataformas que permitieran el intercambio de criptomonedas de manera descentralizada, como Uniswap y PancakeSwap, y blanquearía su origen cambiando bitcoins por monedas estables como los USDC .

Después fraccionaría los activos en varias carteras.

Paso cinco. Seguimos mareando la perdiz.

En cuanto hubiera «lavado» las criptos, Stéphane prepararía una salida legal a Europa para conseguir la repatriación a España.

Aquí debería crear una historia fiscal verosímil.

Simularía una inversión legalmente declarada.

Nelson firmaría un contrato de inversor privado con una empresa maltesa que simularía una inversión en fondos de criptoactivos por valor de doscientos veinte mil euros declarados como inversión privada con rentabilidad variable; crearía una factura y un extracto financiero de las ganancias de capital.

Paso seis. Nelson abriría una cuenta en España como persona física, y la empresa maltesa le transferiría las ganancias simuladas desde un banco europeo intermediario, el Bank of Valletta, para evitar la trazabilidad directa desde paraísos fiscales.

Paso siete. Los ingresos se convertirían en ganancias de capital derivadas de activos digitales y declararía la entrada en el modelo 720, pagaría un veintiuno por ciento de impuestos sobre la ganancia de capital y, alehop, el dinero pasaría a estar completamente limpio y ser operativo en España.

Siete pasos.

Enrevesado de cojones.

Todo limpio y pulido. Blanco como la nieve.

Liquidados los gastos de estructura, las comisiones, los intermediarios y los impuestos pagados en España, el importe neto final sería de doscientos noventa y dos mil euros. Una ganancia legítima a ojos del Estado.

—Así es como vamos a proceder, monsieur Sotomayor. ¿Lo ha entendido?

Nelson se limitó a asentir.

—Para la justicia, usted habrá cruzado varias líneas rojas tanto fiscales como legales: soborno y corrupción, blanqueo mediante estructuras offshore y simulación de inversiones.

Dado que cuando termine la operación el dinero estará a su nombre, si lo pillaran se enfrentaría a pena de prisión de seis meses a seis años y multa de hasta el triple del valor del dinero blanqueado. Sabiendo esto, ¿quiere que procedamos?

—Adelante.

Un apretón de manos selló el pacto. Si todo iba bien, Nelson tendría un buen botín al final del camino.

Stéphane se puso manos a la obra y Nelson se levantó para marcharse.

El ascensor lo bajó a toda pastilla; tanto, que casi echa el hígado por la boca.

Ocho plantas más abajo, salió de la lujosa recepción del Burj Khalifa.

En la calle el aire era tórrido, pero con el montón de dinero que acababa de caerle a él no se lo pareció.

Con los más de ochocientos metros de hormigón del edificio más alto del mundo escoltándolo y la operación ya en marcha, lo primero que tenía que hacer era llamar a Barcelona.

—Jesús, buenas noticias. Han pagado.

Al otro lado del teléfono, a siete mil kilómetros de distancia, Jesús sonrió complacido y después dio una larga bocanada a la máquina de oxígeno a la que vivía enganchado.

Era exactamente lo que el doctor esperaba escuchar. Medio millón de euros. Contantes y sonantes. Menos los que se fueran perdiendo en cada paso, claro. Casi trescientos mil. No estaba nada mal.

Pensó fugazmente en el asunto de CardioAdvance y las barrabasadas de Toni García. Cómo tenía que verse. Nunca habría pensado que haría algo así. Pero eso era antes de que la desesperación llamara a su puerta; una cosa es la necesidad y otra la avaricia.

Con el dinero ingresado, tocaba la contrapartida. Jesús colgó a Nelson y a continuación llamó a Carla Sala para darle instrucciones.

—Prepáralo todo para que Teresa Alsina pueda ingresar en una habitación individual del ICIB . Y que no le falte de nada. El tratamiento para las arritmias ventriculares graves se lo haremos en el hospital, en el Sant Jordi.