Capítulo 19
—¿Por qué alguien querría matar a Olga y a Montse?
La pregunta del millón. Cuando a tu hermana le han arrancado el corazón y se lo han enviado a un extraño, es normal que surjan dudas. Todo es demasiado bestia. Invitaba a sumergirse en el barro de las suposiciones, y «quizá» se convertía en el adverbio rey que encabezaba todas las frases.
Quizá estaba metida en alguna secta.
Quizá tenía un lado oscuro que yo no conocía.
Quizá frecuentaba malas compañías.
El chorro de agua de la fuente mágica de Montjuïc seguía siendo la banda sonora de la conversación entre Rai y Teo, que aún desvelaría alguna sorpresa más del pasado.
—Hubo problemas mientras estuvieron ingresadas en el Sant Jordi.
—¿Qué problemas?
—En aquella época, yo viajaba mucho por trabajo y me pilló fuera.
Olga… Bueno, me lo iba contando, pero no era de las que se explayan demasiado.
Sé que el marido de Montse, Santi Nadal, tuvo algo que ver.
Yo sé poco de lo que pasó, la verdad. Y ahora, como puedes imaginarte, siento no haber preguntado más.
Solo sé que la otra compañera de habitación murió y que sus familiares denunciaron al ICIB por negligencia.
Incluso hubo un proceso judicial. Ahora bien, de ahí a hacer la animalada de ir arrancando corazones a la gente…
—Remató la frase encogiéndose de hombros.
—Hombre, cuesta creerlo.
—El caso es que el follón no acaba ahí. Hay más. Olga denunció al doctor García.
—¿A Toni García?
—Sí.
—¿Por?
—¿Tienes tiempo?
—He venido para escucharte.
Teo tomó impulso mental para enfrentarse a una narración que iba a hacerse pesada debido a la colección de antecedentes que debía mencionar. Pero tenía sentado a su lado a un periodista de La Tribuna que le prestaba toda su atención, y no podía desaprovecharlo. Resopló y se puso a ello.
—Para todo lo referente al TRAPS , su enfermedad, a Olga la llevaba el doctor Segundo Ribas. Es el único médico de todo el Sant Jordi con conocimientos para tratar esta patología.
—¿Solo hay uno?
—Y gracias. Hay gente que vive a cinco horas en coche de Barcelona y tiene que venir a tratarse.
El caso es que el doctor Ribas estaba de vacaciones.
El pobre estaba en todo su derecho, digo yo…
El doctor Barceló había ido a una convención en Estados Unidos, así que Toni García trató a Olga por lo del corazón. Era un hombre…, ¿cómo decirlo?
—¿Difícil? —Rai lanzó este adjetivo como reacción a la cara de asco de Teo.
—Difícil, sí. Si no se quiere decir «cretino integral», puede decirse «difícil».
Dio la casualidad de que yo estaba en Barcelona, y tanto mi hermana como yo le hablamos del TRAPS .
Insistimos en que hablara con el doctor Ribas, pero él decía que no era necesario, que estaba de vacaciones.
Sospecho que no quería dejar al descubierto su ignorancia sobre la enfermedad que sufría mi hermana.
Se creía un semidiós que lo sabía todo, pero cuando le hablé del fármaco biológico que se pinchaba Olga, el canakinumab, puso cara de haber visto a un marciano.
A mí me daba miedo que algún medicamento interaccionara con este.
En fin, yo qué sé. No soy médico. Simplemente quería que conociera los antecedentes.
—¿Y?
—«Ya lo he leído en el historial clínico de su hermana, pero, mire usted, nadie sabe más de corazones que yo», me dijo. Y se quedó tan ancho. Iba a lo suyo.
—No era esta la imagen que tenía del doctor García.
—En absoluto. Fue una gran decepción. Siempre con esa cara de buena persona, con una sonrisa y el ingenio a punto… Pero al tratar con él me di cuenta de que cuando tenía una cámara delante era un hombre diferente. Era la peor persona con la que me he topado nunca.
—¿Cuál era la razón de la denuncia contra el doctor García?
—Por ponerle un titular, por vejaciones y por el trato recibido.
Si tengo que concretar, lo llamaría atención inadecuada, abusos emocionales, actitudes intimidatorias, gritos, trato despectivo, no informar del tratamiento que iba a administrar…
A ese tío le faltaba psicología para tratar con los enfermos.
No los escuchaba. De hecho, los trataba como una mierda.
A Olga llegó a decirle: «No sé por qué perdemos el tiempo con un bicho como tú.
Te salvaremos hoy y mañana te dará un brote de esa cosa rara que tienes y la palmarás igualmente.
Y si no, ya se encargará de ello un cáncer dentro de poco».
Esto delante de mí, ¿eh? No se cortaba un pelo.
A mi hermana no la llamaba por su nombre, la llamaba la RDC .
—¿La RDC ?
—Rara de cojones. Por la enfermedad. Y no en tono simpático.
Rai pensó en el reportaje que le hizo a Toni García con motivo de la inauguración del ICIB . Parecía que él había entrevistado al doctor Jekyll y que a Olga la había tratado mister Hyde.
—Ya te digo, Rai, no era una buena persona. Solo te diré que Montse lo denunció por agresión sexual.
Pam. Acababa de salir el gordo. Rai no se lo esperaba. Si Gabriela había hecho bien su trabajo con Santi Nadal, a estas alturas ya lo sabría. Ya visualizaba el titular a cinco columnas. Empezaba a oler la primera paga doble.
—¿Agresión sexual? Coño, Teo, me dejas de piedra.
—Normal. Es que nadie se lo podía esperar. Parece que hacía exploraciones íntimas innecesarias. Se recreaba demasiado.
—¿En los pechos?
—Sí, eso me dijo mi hermana. Con la excusa de examinar la cicatriz de la operación.
—¿Y Olga sufrió alguna agresión sexual por parte del doctor García?
—No, Olga no. Ella siempre dijo que no, vaya. Pero lo que sí hizo fue corroborar la versión de Montse en la denuncia.
—¿Ella estaba delante?
—Corrieron la cortina entre cama y cama, pero quedó una rendija y lo vio.
—¿Y lo confirmó delante del juez?
—Sí. Tanto ella como una enfermera de la planta.
—¿Recuerdas su nombre?
—Rosa Vila. Denunció a Toni García porque en la fiesta de después de esa gala que organiza el ICIB en el Liceu, creo que se llama De Todo Corazón, él intentó abusar de ella. Pero ella se resistió y consiguió escapar. Lo llaman tentativa de agresión sexual con penetración.
Rai anotó el nombre de Rosa Vila en mayúsculas y después lo subrayó tres veces. Tenían que investigar a esa enfermera sí o sí.
—Perdona, Teo, pero ¿cómo sabes lo de Rosa Vila?
—Ella misma nos lo contó durante el juicio contra el ICIB .
—¿Qué juicio?
—El de los familiares de Carmen San Isidoro, la compañera de habitación de Olga y Montse, contra el ICIB .
Tanto Olga como Montse y su marido, Santi Nadal, testificaron a favor del ICIB .
También las dos enfermeras que las atendieron aquellos días: Helena Soto y Rosa Vila.
Los testimonios de los cinco fueron clave para que el jurado fallara a favor del ICIB .
—Es decir, que hubo dos procesos judiciales: uno contra el ICIB por la muerte de la compañera de habitación mientras la trasladaban al Vall d’Hebron y otro contra el doctor García por vejaciones y agresión sexual. ¿Correcto?
—Exactamente, sí.
—¿Y Montse Casanovas, Olga y Rosa Vila testificaron en contra de Toni García?
—Sí, en la comisaría de los Mossos de Les Corts. Montse y Rosa como víctimas, y Olga como testigo. Pero el juicio no llegó a celebrarse.
—¿Por qué?
—Todavía no se había fijado la fecha de la vista cuando estalló el follón del covid.
—Y entonces el doctor García murió.
—Efectivamente, nunca lo juzgaron.