El Quinto Azulejo (Los Misterios de Elena Vidal 6) Capítulo 23 — El nombre en la fachada
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Capítulo 23 — El nombre en la fachada

El nombre en la fachada

L a Pastelaria Salema llevaba cerrada desde la muerte de Henrique. Una cinta negra, ya descolorida por el sol, colgaba torcida sobre la puerta de cristal esmerilado.

Mariana tenía la llave. La puerta estaba cerrada. Mariana metió la llave en la cerradura, pero no giró.

—Está atascada —dijo—. Alguien la ha forzado desde dentro.

Elena empujó con el hombro. La puerta cedió con un crujido. Dentro, las mesas estaban volcadas. Alguien había estado allí antes que ellas.

—Apresúrate —dijo Mariana—. No sabemos si han vuelto.

Entraron. El aire olía a azúcar viejo y a cerrado. Joaquim recorrió el local con la mirada, y Elena notó que sus dedos se movían ligeramente.

Detrás del mostrador, una pared entera estaba cubierta de azulejos más antiguos que el resto del local.

Elena reconoció el patrón: era el mismo estilo que el panel del Carmo, la misma mano que había pintado la fuente de Alfama.

En el centro, una figura que señalaba hacia abajo, hacia la base del mostrador.

Encontraron el hueco detrás de una vitrina desmontable. Cuatro azulejos, ligeramente desalineados, con un borde que no encajaba del todo.

Joaquim los tocó con dos dedos.

—Henrique lo encontró aquí —dijo—. En su propia casa. Después de tantos años buscándolo en conventos y fuentes, estaba detrás del mostrador donde su abuela vendía la Custódia todos los domingos.

Retiraron los azulejos con cuidado. Detrás, en un hueco poco más grande que una caja de zapatos, encontraron un cuaderno de tapas de hule, con la otra mitad de la receta, y una nota más reciente:

"Si alguien encuentra esto, que sepa que no lo escondí por vergüenza, sino por miedo. La familia Coutinho lleva setenta años vendiendo esta receta como propia. Si la hago pública, perderé algo más que un secreto."

—Coutinho —repitió Elena—. Es la pastelería más grande de Lisboa. La que vende millones de Custódias cada año. La misma que jubiló a la abuela de Mariana.

Mariana palideció.

—Mi abuela trabajó para ellos durante cuarenta años. Les enseñó sus gestos. Sus tiempos. Y ellos la jubilaron sin un solo agradecimiento. La receta que ella horneaba se convirtió en su receta.

Joaquim guardó silencio.

—Tomás sabía —dijo—. Sabía que la receta original había sido robada. Sabía que la familia Coutinho llevaba décadas mintiendo. Y por eso murió.