El Quinto Azulejo (Los Misterios de Elena Vidal 6) Capítulo 22 — Lo que estaba envuelto
76%

Capítulo 22 — Lo que estaba envuelto

Lo que estaba envuelto

V olvieron al taller cuando la luz de la mañana aún no había terminado de subir por la Rua da Rosa. Joaquim los esperaba con el bulto ya sobre la mesa.

Elena se sentó frente a él. Desató el nudo del lino con cuidado. La tela se abrió sobre la mesa.

El azulejo era casi entero. Representaba media figura: un rostro de mujer, con los ojos bajos y las manos unidas frente al pecho. Debajo, apenas visible, dos letras grabadas a mano: T. N.

—Tomás lo marcó con sus iniciales —dijo Joaquim—. Nunca hizo eso con ninguna otra pieza.

La lata contenía un papel doblado en cuatro, con una letra apretada, casi ilegible, escrita en un portugués antiguo. No era la receta completa. Era la mitad.

—Falta el resto —dijo Mariana, pasando el dedo por el borde cortado limpiamente—. Alguien partió este papel en dos, a propósito.

Elena leyó la frase en voz alta: "Nunca busques el quinto donde están los otros cuatro. Los otros cuatro están en piedra. El quinto está donde todavía se hornea."

Se detuvo. Había leído esa frase antes. No en el archivo. No en el taller. En el primer sobre que había recibido en el hotel, la primera noche.

—Esto no es una pista —dijo—. Es un resumen. Es todo lo que hemos estado buscando, escrito desde el principio.

—Los otros cuatro paneles están en un convento, una fuente, un horno cerrado y un archivo —dijo Mariana—. Todos son ruinas o museos. Lugares donde ya no pasa nada.

—Y el quinto está donde todavía pasa algo —terminó Elena—. Donde todavía se cocina. Donde el fuego sigue encendido.

Los tres se miraron.

—La Pastelaria Salema —dijo Joaquim, en voz baja.