El Quinto Azulejo (Los Misterios de Elena Vidal 6) Capítulo 19 — Los muros que mienten
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Capítulo 19 — Los muros que mienten

Los muros que mienten

L a puerta del claustro se cerró con un golpe seco. Joaquim apoyó la espalda contra la madera. Tomás seguía sentado en el suelo, con la pieza entre las manos. No la miraba como un restaurador mira un azulejo. La miraba como un hombre que acaba de reconocer algo que lleva años esperando.

—Dime qué es —dijo Joaquim.

—No lo sé.

—Entonces, ¿por qué has cerrado la puerta?

—Porque sé que no debería haber estado ahí.

Joaquim se arrodilló frente a él. La pieza no era un azulejo. Era más pequeña, más gruesa, con una superficie lisa que parecía haber sido moldeada, no pintada.

—Mira el mortero —dijo Tomás.

Joaquim se inclinó. El mortero que rodeaba la pieza no era el mismo que el del resto del muro. Era más claro, más fino.

—Alguien abrió este muro y luego volvió a cerrarlo. Y no hace cien años. Hace mucho menos. Quien lo hizo sabía exactamente lo que estaba buscando.

—¿Qué hacemos?

Tomás guardó la pieza en el bolsillo de la chaqueta y se levantó.

—Vamos a hablar. En mi taller.

Caminaron en silencio hasta la salida. Cuando llegaron al taller, Tomás cerró la puerta con llave. Sacó la pieza y la colocó en el centro de la mesa.

—Hay que avisar a Patrimonio —dijo Joaquim.

—Déjalo aquí esta noche.

—¿Por qué?

—Necesito una noche más.

Joaquim bajó la vista. Sintió que algo se movía en el aire.

—Mañana esto no nos parecerá tan importante —dijo.

Tomás no respondió.

—Mañana, a primera hora.

Joaquim asintió. Apagaron las luces. La pieza quedó sola sobre la mesa.

Joaquim salió el último. Cerró la puerta. Dio dos pasos. Se detuvo. Miró hacia atrás. Por un instante estuvo a punto de volver a entrar.

No lo hizo.