El puente de Rowan Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Rowan no respondió porque, aunque en el fondo se hallaba de acuerdo con él, también era cierto que no terminaba de convencerla esa posibilidad. Era difícil imaginar a su frívolo hermano vistiendo el uniforme, por mucho bien que pudiera hacerle a largo plazo.

—Tiene miedo de salir —musitó al cabo de un momento—.

Charles. Se encuentra mucho mejor. Podría retomar las clases, salir a dar un paseo que lo ayude a recuperarse del todo, pero no pone un pie fuera de su habitación, y creo que es porque le da miedo tanto enfrentar a nuestro padre como que, una vez fuera, en la calle, esos hombres vayan de nuevo por él.

Le dio vergüenza admitir la cobardía de su hermano, pero, cuando buscó la mirada de Alec, notó que él hacía un gesto comprensivo. No lo juzgaba, o tal vez sí que lo hiciera, pero era lo bastante considerado para no revelarlo ante ella porque sabía lo mucho que la mortificaría.

—Si te sientes cómoda con ello, dile que me ocuparé de ver por él mientras se encuentre en la universidad —ofreció luego de fruncir mucho el ceño, como si le hubiera costado llegar a esa conclusión—.

También podría acompañarlo cuando esté fuera de ella para asegurarme de que no vuelven a hacerle una encerrona como la de la otra noche; pero, si él se expone más de lo debido asistiendo a donde no debe, como esa casa de apuestas, no podré ayudarlo.

Es solo una medida temporal mientras encuentra el valor para hablar con tu padre, pero quizá le dé cierta tranquilidad.

Rowan alzó la mirada para verlo; todo a su alrededor se hallaba sumido en la oscuridad, pero eso no le impidió apreciar el brillo noble de sus ojos y la media sonrisa que asomó a su cara cuando notó su rostro ilusionado.

—¿De verdad lo harías? —preguntó ella.

—Por supuesto que sí.

—Pero ¿no será...?

—¿Una molestia? Tu hermano siempre lo es —bromeó él antes de ponerse serio—. Pero no voy a hacerlo por él, eso ya lo sabes.

«Lo sé, claro que sí», pensó Rowan mientras el corazón empezaba a latir con más rapidez, y con su aliento apresado en su garganta. Alec se había ofrecido a hacer aquello por ella; no iba a engañarse imaginando lo contrario.

Aquella certeza irradió un halo de alegría en cada rincón de su cuerpo. Había temido tanto las últimas semanas que a él hubiera dejado de importarle que descubrir, de pronto, que no era así le dio ganas de cantar.

Tras vacilar un momento que se le antojó eterno, apretó un poco más sus manos unidas y se encontró acariciando la piel de sus nudillos, un gesto audaz que la hizo sonrojar. Notó un leve temblor en él, y parte de ella se animó, porque eso quería decir que estaba tan nervioso como ella.

Alec McRae, nervioso. ¿Quién lo hubiera pensado?

—Mis padres dijeron que mañana habrá una gran manifestación en la ciudad. ¿Estarás allí?

Habían guardado silencio durante algunos minutos, con sus manos fuertemente unidas mientras el hombro de Rowan rozaba el de Alec; ella, a duras penas, logró contener el impulso de apoyar la cabeza sobre él y dejarse envolver del todo por su calor.

Parecía que fuesen las únicas personas en el universo.

—Sí, iré —habló él luego de un breve instante de duda—. Es algo importante.

—Creí que querías mantenerte apartado de esas cosas para que no te perjudique en la universidad.

Su pecho se agitó con un hondo suspiro y Rowan siguió el movimiento con los ojos velados.

—Y así es, pero varios de mis amigos asistirán y quiero estar allí por si... Temo que las cosas puedan ponerse difíciles. Quédate en casa mañana y procura que el resto de tu familia haga lo mismo.

—¿Tan peligroso crees que será?

—No necesariamente, nunca se sabe —respondió él, evasivo—; pero me sentiría más tranquilo si me prometes que así lo harás.

—Está bien. Supongo que, después de todo lo que has hecho por mí, lo mínimo que puedo hacer yo es hacerte caso con esto. Pero tú también tienes que hacerme una promesa.

Alec giró sobre la banca para mirarla directamente a los ojos, y Rowan hizo otro tanto.

Estaban tan cerca que ella percibió el vaho de su aliento sobre el mentón cuando se inclinó hacia él.

Habría querido arrancarse los guantes para tocar su rostro, embeberse en la belleza de sus rasgos y dejarse caer sobre su pecho, rogando por que la abrazara.

Nunca lo había hecho, pero algo le dijo que, de encontrarse entre sus brazos, no sería capaz de separarse nunca.

Tal vez Alec pensaba lo mismo y fuera por eso por lo que parecía tan renuente a ir más allá. Encontrarse juntos y a solas en medio de la noche ya era un gran riesgo; si ambos se entregaban a sus deseos más profundos, ya no habría vuelta atrás.

—¿Qué promesa es esa?

Alec murmuró la pregunta casi sobre sus labios, y a Rowan la recorrió un escalofrío de emoción.

—Necesito que me jures que vas a cuidarte mañana y que no harás ninguna temeridad.

—¿Te refieres a algo tan imprudente como venir a tu casa y escabullirnos en la oscuridad? —bromeó él con un brillo extraño en los ojos.

—Sabes lo que quiero decir.

—Sí, ya lo sé, y te lo prometo.

—También que enviarás una nota, cuando todo haya acabado, para hacerme saber que estás bien.

—Rowan...

—Solo unas líneas. Puedes dirigirlas a Morag o a Nell si lo prefieres; cualquiera de ellas me la dará luego.

Él suspiró y, tras dudar un instante, asintió, lo que a ella la ayudó a respirar nuevamente con normalidad.

No se había dado cuenta, hasta entonces, de lo mucho que necesitaba que él le hiciera esa promesa, aunque estaba convencida de que pasaría todo el día siguiente con el corazón en la mano, preguntándose si se encontraba bien.

—¿Algo más? —preguntó Alec.

—No por ahora, pero seguro que pensaré en qué otra promesa puedo arrancarte la próxima vez que nos veamos. Por cierto, que...

Él sacudió la cabeza de un lado a otro.

—No hagas planes —pidió—. Ya veremos qué pasa.

Aquellas palabras encerraban un significado profundo, y Rowan lo adivinó de inmediato.

Hasta entonces, se habían encontrado de forma errática: a veces, por causa del azar, y otras porque había sido uno el que había ido en busca del otro atendiendo a una necesidad que ninguno se atrevía a confesar, pero nunca porque se habían puesto expresamente de acuerdo en ello.

Pero Rowan no quería que las cosas siguieran así.

Tenían que encontrar la forma de que esa cercanía se volviera nuevamente en algo natural para ambos, como lo había sido en Gairloch.

Ella no había corrido el riesgo de ir hasta allí para que Alec se convirtiera en un viejo conocido al que veía muy de vez en cuando, si la casualidad lo quería así.

Él era demasiado importante para eso.

Alec lo era todo.

Pero no dijo nada entonces porque no deseó arruinar ese momento que se le antojó tan importante para ambos.

Mientras la inquietud bullía en sus venas, siguió su instinto y se arrebujó contra su pecho, apoyando un lado del rostro a la altura del corazón.

Sus latidos retumbaron contra su oído, y se encontró sonriendo.

—Rowan…

—Cuéntame cosas —le pidió ella con un tono bajo, lo que cortó cualquier reconvención que hubiera estado a punto de hacer—. ¿Qué has aprendido hoy? ¿Has tenido oportunidad de hablar con el señor Disraeli? Dime todo lo que te ha pasado durante estos días en que no nos hemos visto.

Lo oyó tragar espeso y supo que dudaba, pero entonces resopló y sintió una de sus grandes manos apoyarse sobre su espalda; su tacto cálido y firme aquietó su corazón, y cerró los ojos.

—Está bien —murmuró contra su cabello—, pero luego volveremos. Tal vez siempre estés en problemas, pero esta noche no quiero ser el motivo de otro.

Rowan no dijo nada, pero en el fondo estaba de acuerdo con él. Sabía que había sido muy atrevida esa velada y, aunque no le importaba lo que aquello pudiera ocasionarle a ella, no quería provocar ninguna dificultad para Alec; no podría resistir que resultara afectado por su culpa.

Solo quería un momento más allí antes de que tuvieran que separarse y volver, cada quien por su lado, al salón; oír el timbre de su voz resonando en la noche y saber que hablaba solo para ella.

Él la complació y empezó a contarle todo lo que había hecho o visto desde su último encuentro y, en tanto se sentía arrullada por la suavidad de su voz, Rowan se dijo que podría quedarse así por siempre