El puente de Rowan Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—Lo de Charles es serio, no tiene sentido negarlo. —Alec retomó la charla poco después—. El hombre con el que hablé dejó en claro que no se quedarían tranquilos en tanto no le paguen lo que le deben.

—Quinientas libras.

—Sí. ¿Crees que haya alguna posibilidad de que tu padre acepte pagarlas?

Rowan suspiró.

—No lo creo. Tal vez..., supongo que quizá aceptara hacerlo por evitar un escándalo y proteger a Charles. Pero ese sería el fin para mi hermano; mi padre nunca le perdonará que se metiera en algo como esto.

Le contó que el comportamiento de Charles le había traído muchas discusiones con sus padres y que el conde ya lo había amenazado más de una vez con enviarlo a Londres para que se uniera a la Armada, un destino que destrozaría a su hermano.

—Para serte sincero, Rowan, creo que un ambiente más disciplinado podría hacerle un bien —dijo Alec una vez que terminó de contarle aquello—.

Incluso, si lograran sacar a Charles de este embrollo, él se meterá luego en otro y otro hasta que no haya nada que puedan hacer para salvarlo.

Y hay peores destinos para el hijo de un conde que convertirse en oficial de la Armada.

—Lo sé, pero no creo que él pueda soportarlo.

—¿No has pensado que ser tan indulgente con él ha sido justamente lo que ha terminado por llevarlo a este punto?

—Él se apresuró a continuar antes de que ella pudiera protestar—.

No digo que sea tu responsabilidad, o la de tus padres; él está lo bastante crecidito para saber lo que está bien o mal.

Pero, tal vez, si entiende que no encontrará siempre un salvavidas de su parte cada vez que haga una de sus trastadas, realmente logre mejorar, convertirse en un hombre de verdad.

Rowan esbozó una mueca.

—¿Un hombre como tú? —preguntó con un deje burlón.

Alec no sonrió, mantuvo el gesto serio, y Rowan notó su mirada fija en ella con una intensidad que apenas logró soportar.

—Tu hermano y yo somos muy distintos, siempre lo seremos. De la misma en que...

—¿Qué?

—Como lo somos tú y yo.

Rowan apretó los labios.

—Te he dicho antes que estás equivocado —replicó ella casi mordiendo las palabras—. Tú y yo no somos tan diferentes como te gusta pensar.

—Te aseguro que no es un pensamiento que me provoque ningún tipo de placer; todo lo contrario.

Ella estaba a punto de responder a eso, pero tropezó con un guijarro y se habría dado de bruces de no haber sido por los rápidos reflejos de Alec, que la sostuvo del brazo y la ayudó a recuperar el equilibrio.

No la soltó luego de eso y, aunque podría haber parecido solo un gesto considerado y caballeroso para mantenerla a salvo, Rowan supo que no se trataba solo de eso.

Su contacto le calentó la piel incluso a través del grueso tejido del vestido, y sintió su enfado disminuir hasta que solo quedó un leve rastro entremezclado con el ferviente anhelo de tocarlo también.

Caminaron en silencio durante un rato. Las siluetas de las iglesias de St. John y St. Cuthbert se distinguían en la distancia, y el repiqueteo de sus campanas resonó como una canción.

Rowan sabía que debía dar ese encuentro por terminado. Ya había sido bastante temeraria yendo hasta allí con Alec, exponiéndose a que cualquier conocido la reconociera y se lo contara a su madre, pero no conseguía reunir las fuerzas para mencionarlo porque era lo último que deseaba hacer.

Quería quedarse con él incluso si ninguno decía una palabra. Así que fue una suerte oír tras ella los pasos de Morag acercándose y, luego, ver su cara enfurruñada cuando le dirigió una mirada que dejó muy en claro que aquello debía terminar.

—Las acompañaré hasta la salida que da al castillo para que tomen el carruaje.

Alec, que había seguido la llegada de la criada con gesto imperturbable, hizo un gesto para que lo acompañaran, y Rowan no se atrevió a protestar; sabía que, por mucho que lo odiara, era lo que debía hacer.

Anduvieron el camino de regreso en silencio hasta que se hallaron junto al vehículo. Pero, una vez que Morag subió, Rowan se quedó un momento fuera, estudiando el semblante serio de Alec.

—¿Te veré de nuevo pronto? —preguntó ella.

—No tengo cómo saberlo.

—Creo que eso no es cierto.

—Rowan...

Ella sacudió la cabeza de un lado a otro con pesar.

—Sí, sí lo sabes, porque la única forma de que podamos vernos nuevamente es que tú vengas a buscarme —dijo con un tono muy bajito—.

Parece que, hasta ahora, la única forma en que hemos podido encontrarnos ha sido o porque yo te he buscado, o porque el destino nos ha puesto en el camino del otro.

Pero creo que ya ha llegado la hora de que seas tú quien haga algo. A menos que no quieras, claro.

Tras decir aquello, Rowan subió al carruaje con un gesto resuelto y se arrebujó en el asiento obligándose a no mirar fuera, porque no habría soportado encontrarse con el rostro de Alec.

No en ese momento, en que había dicho todas esas cosas.

¿Qué pensaría él de ella por conminarlo, de esa forma, a buscarla luego de que dijera, una y otra vez, lo diferentes que eran y cómo debían mantenerse separados?

No, era demasiado humillante.

Con un resuello, bajó la cabeza hasta pegar el mentón al pecho y cerró los ojos.