Uplink #3
Por el aspecto que tenía, el micrófono debió comprarse poco después de ocupar el edificio y se habría pasado los últimos decenios guardado en el sótano. Rachel sujetó el micrófono por su pie y se acercó la membrana a los labios.
¿Qué puñetas estoy haciendo aquí?
De repente, sintió la mente vacía. Debía enviar un mensaje al éter pulsando un botón. Algo importante, adecuado a la situación. A fin de cuentas, parecía tratarse de uno de los descubrimientos científicos más importantes.
—Urania-1. Respondan, por favor. Al habla Rachel Adams. Emito desde una estación en suelo americano ...
Quiso decir más, pero Octavia la hizo callar con un gesto seco.
Rachel se sentía azotaba por dentro por un huracán de dimensiones inesperadas.
¿Debería haber dicho que era la hija de Richard Kendall?
No habría servido de nada, excepto quizás aportar algo de consuelo a su alma atormentada.
A esa Rachel de diez años, que hurgaba en la caja con los recuerdos de su padre, a quien creía fallecido, en busca de su propia identidad.
—Suficiente —dijo Octavia—. El paquete de audio no debe ser demasiado grande. Comprimiré los datos y los enviaré en breves impulsos hacia arriba.
—¿De qué servirá eso? —quiso saber Shawn.
—Para minimizar los riesgos, querido amigo. Si hay algo que me sobraría ahora es una alarma del DSN.
—¿Cuánto hace que existe esta técnica? —preguntó Rachel.
—¿Tal y como la estoy utilizando? Desde los viajes espaciales modernos ...
Eso era un problema. Igual se enfrentaban a un fenómeno más antiguo que eso. Rachel buscó el sistema de control de la antena. Debía haber alguna forma de … ¡Allí! Bajo ese botón de aspecto anticuado encontró escrita la palabra mágica:
DIRECT
Se acercó más a la mesa, de forma que Octavia no viera su mano izquierda, cuyo índice pulsó el botón. Por suerte no sonó ningún pitido de confirmación y solo se encendió un piloto verde pequeño.
Tocaba esperar de nuevo. Eso era algo que podía ejercitarse hasta la saciedad en la central de mando de un telescopio espacial.
Si no tienes la capacidad de soportar la paciencia, mejor buscarse otro trabajo en el que hubiera más acción.
Pero a Rachel, esperar equivalía en esos momentos a sufrir lo indecible.
Estaba demasiado nerviosa. Estaba convencida de que no recibirían respuesta de allí arriba.
Y que pronto tuviera que controlar el mando de la nave hizo que sus pulsaciones se le aceleraran.
Octavia explicó que el paquete de audio se enviaría a intervalos regulares. Calcularon un tiempo de reacción de la nave en media hora. Luego sería decisión de Rachel cuándo querría asumir el mando de la nave. La operadora abrió de golpe los ojos de par en par.
—Alguien viene —siseó—. Rápido, escondeos tras la puerta.
Rachel se levantó de un salto y se metió con Shawn y Elliot en el nicho entre la puerta y una estantería. En cuanto llegaron y aguantaron la respiración, alguien llamó a la puerta.
—¿Te apetece café o un bol de sopa? preguntó un hombre con voz cansada.
¿Cómo había podido Octavia oír que se acercaba? Rachel no había percibido ningún ruido.
—¡Gary! —dijo Octavia con tono aburrido—. No puedo pasarme la noche tomando café a litros. Y desde luego no me apetece nada esa asquerosa sopa instantánea. Gracias por preguntar, pero hoy prefiero trabajar sola.
—Y mantener conversaciones contigo misma ...
Maldita sea, ¿había oído algo ese Gary? Elliot olía a tabaco.
Rachel esperaba que al colega de Octavia no le llegara ese olor a la nariz como a ella, porque los habría descubierto.
Además, Rachel no se sentía nada a gusto tan pegada a su ex amigo.
Su relación quedaba ya muy atrás, sin duda, pero eso no significaba que no le importara notar su cuerpo pegado al de ella.
—No te importa un comino con quién hable —replicó Octavia con tono repelente—. Ni que hablara con mi abuela muerta. Anda, vuelve a tu escritorio y sigue escribiendo tu novela de fantasía.
—Young Adult —gruñó Gary—. Y quiero que cierres el pico.
—Si no he dicho nada.
—Con lo que me dices, queda implícito que puedes irte de la lengua.
—Es posible.
—Joder, Octavia. Deja que me divierta un poco —dijo Gary—. Estos turnos nocturnos son tan aburridos... Y mientras el ordenador hace cálculos, bien puedo escribir un par de líneas, aprovechando el tiempo. ¡Otros salen a fumar!
—Te repito que no he dicho nada —repitió la operadora.
En ese momento, algo pitó muy cerca de ellos. Rachel creyó ver a Octavia dar un respingo. ¿Era eso una señal de la nave? Si fuera el caso ...
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Gary con desconfianza.
—¡Ahora no me cambies de tema! —dijo rápido Octavia.
—No cambio de tema. Has recibido un mensaje. ¿Qué observación estás realizando?
Octavia siguió en sus trece.
—Alguien podría pensar que tienes mala conciencia.
—¡Pobre de ti como digas una sola palabra! —protestó Gary—. No conozco a nadie que no haga algo para que el turno de noche le resulte menos tedioso. ¡Tú incluida, me apuesto lo que quieras!
—Igual estoy llamando al más allá, para hablar con espíritus.
A Octavia parecía gustarle pinchar a Gary todo lo posible. Era evidente que había una extraña relación entre ambos.
—Como quieras —murmuró Gary—. ¡Te dejo en paz! ¡Hasta luego!
Rachel oyó al hombre cómo se marchaba de nuevo.
—¡Despejado! —susurró Octavia al cabo de unos segundos.
—¡Casi la fastidiamos! —dijo Shawn.
—¿Qué es lo que acaba de pitar? —quiso saber Rachel.
Octavia giró en su silla hacia el monitor y abrió mucho los ojos. Era evidente que ese mensaje la había dejado también descolocada.
Los dedos de Octavia Johnson se desplazaban temblorosos por el teclado.
En pantalla apareció un paquete entrante de datos.
La operadora lo descomprimió. Una barra de progreso avanzó con demasiada lentitud hacia el extremo derecho.
Rachel cerró los puños con fuerza y aguantó el aire hasta que se abrió un programa de audio y se mostró la curva de señal de un mensaje hablado.
—¿Qué demonios …? —murmuró Elliot.
Octavia inició el mensaje con mirada escéptica. La misma voz masculina del primer mensaje salió con algunos crujidos del altavoz. Pero esta vez era algo distinta.
—Aquí Urania-1. Podemos oíros, estación de Tierra. Estamos rumbo a la Tierra. Hemos tenido problemas con el propulsor. Copy.
Rachel se tapó la boca con la mano. Era claramente la voz de su padre. No era un mensaje automático. ¡Era una respuesta directa al enlace ascendente de Rachel!
¿Qué significaba todo esto? ¿Cómo era posible que estuviera oyendo la voz de su padre?
¡Era imposible que estuviera vivo! Todos los sistemas de mantenimiento de vida deberían haber dejado ya de funcionar.
Todos los víveres deberían haberse agotado.
¡Y el padre de Rachel debería tener más de noventa años!
Shawn y Elliot también miraban anonadados el monitor.
Octavia Johnson estaba perpleja.
—¡Ahí arriba hay gente! ¿Lo sabíais? —Nadie se atrevió a responder—. Lo sabíais, ¿verdad? ¡Lo habéis sabido desde un principio!
—Aquí Urania-1. Por favor, respondan —volvió a salir la voz por el altavoz. —Aquí el comandante Richard Kendall. Tenemos dificultades con el propulsor. El sistema de la Urania parece mostrar algunos fallos. Necesitamos información exacta de fecha y hora.
—Vale, esto ya se está poniendo de lo más raro —dijo Octavia—. ¿De qué va toda esta mierda?
Elliot tartamudeó
—Es … bastante difícil de asumir.
—No, no lo es —replicó Octavia—. Manejo una máquina extremadamente compleja. Y para dejarlo bien claro, estamos metidos en un asunto de lo más ilegal. ¡Estaría bien que me lo contarais todo cuanto antes!
—Otro día, Octavia —prometió Elliot.
—¿Qué respuesta podemos darles? —preguntó Shawn—. Quiero decir, que estamos todos seguros de que ahí arriba hay alguien, ¿no?
Rachel se forzó a asentir levemente en silencio. Se inclinó sobre la consola y cogió el micrófono.
—Octavia, inicie la grabación.
La operadora la miró insegura. Parecía no saber ya si debía seguir ayudándoles.
—Por favor —rogó Rachel—. Se lo explicaré todo. Pero ahora debemos aprovechar la posibilidad de establecer comunicación con ellos.
De golpe comenzaron todos los monitores a mostrar un mensaje en rojo parpadeante. Y todo ello acompañado de una fuerte sirena de alarma. Rachel supo que a partir de ahora tendrían problemas.
—¡Mierda! —soltó Octavia Johnson—. El DSN ha disparado una alarma.
—Pues la OSAP sabrá ya lo que acabamos de hacer —dijo Rachel.
—¡Puedes apostar tu culo a que sí! —refunfuñó Octavia, mientras recuperaba varios programas a la vez de la barra de tareas y los volvía a abrir en las pantallas.
—¿Qué está haciendo?
—Cortando la comunicación. La OSAP no debe enterarse de dónde se ha realizado el envío. Además, una alarma independiente también llega al servicio de seguridad.
—Entonces tendremos pronto visita —dijo Shawn.
—Inicie la retransmisión —exigió Rachel—. No me lo puedo explicar, pero ahí arriba parecen estar todos vivos. Debemos advertirles.
—¿Advertirles? —Octavia Johnson no parecía entender ya nada.
—¡Inicie la maldita retransmisión, joder! —ordenó Rachel con aspereza.
Detectado uplink no autorizado , pudo leer en uno de los monitores.
¡Harlowe lo sabía, entonces! Elliot y Shawn estaban ya junto a la puerta para salir escopeteados de allí. Rachel cogió el micrófono y se lo acercó a la boca. Con una mirada de enfado, Octavia Johnson hizo clic con el ratón de su ordenador y asintió.