El Proyecto Urania Arqueología informática #2
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Arqueología informática #2

Rachel pensó en el satélite mencionado en el cuaderno. ¿Cuál de ellos habría confeccionado esas imágenes? ¿HEAO-1? ¿Uhuru? ¿SAS-3?

—¿Como sabes que son imágenes de rayos X? —quiso saber Shawn.

—Por las zonas claras. Son típicas de fuentes de rayos X. Y la distribución por el firmamento se ve con la intensidad que ya conozco.

Rachel captó una instantánea de la pantalla con esa representación y repitió el proceso con el script en los otros dos juegos de datos.

Abrió entonces los tres pantallazos que había realizado e hizo clic para pasar de una imagen a otra.

Ya tras la primera pasada pudo ver que algo se movía dentro de ellas. No mucho, sino solo un simple punto.

—¿Qué crees que es eso? —preguntó Shawn—. Así, a primera vista, tiene un cierto parecido con nuestro objeto, ¿no?

—No eres el único que lo ve así —reconoció Rachel—. ¿Ves el brillo de rayos X alrededor del punto? A ello hay que añadir que la sección del espacio se corresponde hasta cierto punto con el lugar donde hemos encontrado el nuestro.

—¿No puede ser un asteroide o cometa? —comentó Herbert—. Ya sabéis; ambos tienen también trayectorias fijas.

—Pero no brillan en rayos X —sabía Shawn—. Además, el objeto es demasiado lento para ser un cometa. Todo eso ya lo habíamos descartado.

—Como digáis.

—Pero hay algo que me molesta mucho en estas imágenes —dijo Rachel—. En 1978 se encontraba este objeto más o menos en el mismo lugar que hoy.

—Un cometa … —comentó Herbert con voz ronca.

—No, no lo creo —le contradijo Rachel—. ¿Y si lo que tenemos aquí es nuestra nave? ¿Y si estos datos no fueron recopilados expresamente?

—¿A qué te refieres? —preguntó Shawn.

Rachel sujetó el cuadernillo en alto.

—Por lo que pone aquí, el o la que realizó las observaciones no era de ese campo. Al menos no directamente. ¿Y si era alguien de la universidad? SAS-3, por ejemplo, lo gestionaba entre otros el MIT.

Shawn tomó un trago de su café.

—¿Quieres decir que alguien observó casualmente nuestro objeto? ¿En 1978? Podría ser el caso; pues si era un proyecto secreto, nadie sabría nada del asunto excepto los directamente implicados.

—Entiendo —le dijo Herbert a Rachel—. Crees que la DARPA se enteró de que alguien lo había descubierto; que alguien había observado el objeto, por lo que se llevaron consigo todas las pruebas.

Eso explica los disquetes desmagnetizados.

Y ahora se supone que míster Harlowe ha redescubierto el objeto.

—¡Nosotros, no él! —exclamó Shawn.

Herbert lo miró irritado.

—Quiere decir que nosotros lo encontramos antes — concluyó Rachel—. Harlowe se enteró y nos quitó las observaciones. Y como todo el asunto es ultrasecreto y debe continuar así, supongo que Harlowe pretende tomar el control de la nave y hacerla caer de forma controlada.

Los tres cruzaron las miradas. El salón de Rachel parecía la central de mando de una organización secreta. Portátiles abiertos, múltiples cables por doquier, lector de disquetes forense ...

—¿Qué pasaría si controláramos nosotros la nave de Harlowe? —pensó Rachel en voz alta.

Tanto Shawn como Herbert sacudieron la cabeza con vehemencia.

—¡No, escuchad! —dijo Raquel en seguida—. Harlowe quiere hacerla caer sí o sí, para eliminar cualquier rastro y enterrar el proyecto definitivamente. No sabemos qué pasó entonces, pero del OCC sé que Harlowe tiene eso en consideración.

—Rachel, por favor —dijo Shawn—. Estoy dispuesto a hacer muchas cosas, ya lo sabes; pero esto me parece ya algo demasiado arriesgado.

—No pareces entenderlo. Si controlamos la nave, podemos evitar su trayectoria hacia la Tierra. Le quitaríamos a Harlowe su base de argumentación. Entonces podría analizarse la nave a fondo.

Herbert hizo un gesto de rechazo y cojeó hasta la mesilla del salón. El tiempo pasado ante el portátil había repercutido en sus articulaciones. Se sirvió más café. Shawn extendió las manos frente a él a modo de rechazo.

—No estoy seguro de si entiendes el riesgo de un enlace ascendente con la nave, Rachel —dijo—.

Un enlace ascendente, un uplink , es en muchos aspectos tan peligroso como poco inteligente.

Aparte del hecho de que ni siquiera podrías hacerlo.

Primero: Harlowe se enteraría de inmediato.

Segundo: Con la comunicación podrías causar problemas imprevisibles en el mando.

No es moco de pavo con un objeto que está en trayectoria directa hacia la Tierra.

A ver, … yo ya te entiendo … en el fondo.

Pero ¿por qué estás tan obsesionada con esa nave? ¿Es por tu padre?

—No. No solo por él. Esa nave ha estado, al parecer, ilocalizable durante decenios.

Si los que encargaron el proyecto sabían dónde tenían que buscar, ¿por qué la encontramos nosotros solo cincuenta años más tarde?

Además, quiero saber cuál era el destino de esa nave. ¿Iba a la Luna? ¿O igual iba a Marte?

Rachel notó cómo estaba casi perdiendo los nervios. ¿Por qué tenía siempre que justificar sus actos ante terceros? ¿No bastaba con que no podía dejarse en el olvido un proyecto de viaje espacial tripulado?

Y no, su padre tenía que ver en esto menos de lo que Shawn pensaba.

Claro que habría estado bien tener la certeza de lo que le había ocurrido.

Pero Rachel sabía muy bien que su padre llevaba mucho tiempo muerto.

Suponer algo distinto era una estupidez.

No solo porque Richard tendría ahora más de noventa años.

No; a bordo de esa nave ya no podía quedar oxígeno ni, desde luego, comida alguna.

Herbert arrastró los pies de regreso al escritorio con la taza llena de café.

Afuera seguía lloviendo. Los grandes cristales de la ventana estaban repletos de gotitas que impedían ver la calle y admirar ese paisaje de Halloween de tan pésimo gusto.

Herbert apoyó con cuidado una mano sobre el hombro de Rachel.

En su ajada cara apareció una expresión paternal.

—Igual no sea yo la fuente más fiable para estas cosas, pero permíteme un consejo: déjalo estar. Un enlace ascendente no solo sería un esfuerzo técnico astronómicamente costoso, sino un auténtico peligro para el resto del mundo. Además, arriesgas tu puesto de trabajo.

—Eso ya lo hice al pedirte esta documentación —dijo Rachel, más valiente de lo que en realidad se sentía—.

Herbert, valoro tus consejos y tu preocupación.

Pero tengo que hacerlo. Si ahí arriba están los cuerpos de astronautas, sus familias tienen derecho a saberlo.

¡Antes de que Harlowe hunda la nave en el océano!