El Proyecto Urania Ruido blanco #3
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Ruido blanco #3

—¿Como en un Noise Gate? No, eso no serviría de nada. Un Noise Gate eliminaría del todo el ruido. En este caso también la voz. Voy a aplicar un así llamado perfil de ruido. Es decir, que puedo restar luego el carácter individual de ese ruido y la voz resaltará más clara de entre toda esa sopa.

Chris necesitó varios minutos para crear el perfil de ruido, y necesitó otros varios minutos más antes de que el software lo hubiera sacado mediante cálculo de la pista de audio.

Mientras tanto, el novio de Susan no paraba de mirar su reloj de muñeca.

Al parecer esperaba que sus alumnos regresaran en los próximos minutos.

Pero entonces surgió de repente el mensaje. Rachel dejó de respirar, pues había contado con muchas cosas, menos con algo así. Al contrario que el archivo original, el archivo de audio limpio sonó como si se hubiera grabado en un estudio profesional. Al menos en la primera pasada.

—Aquí Urania-1. Respondan, por favor.

Era una voz de hombre que repetía esa frase una y otra vez. Esa voz hizo que a Rachel se recorriera un escalofrío por toda la espalda. Le sonaba de alguna forma familiar. ¡No, eso era totalmente imposible!

—¡Por Dios! —dijo Chris entusiasmado—. Funciona jodidamente bien. ¿Y ahora me decís ya de qué va todo esto? ¿De dónde puñetas habéis sacado eso?

—Eso … eso es … —Rachel buscaba las palabras adecuadas—. Bah, si Susan seguro que te lo contará más tarde. Es un mensaje del espacio, que hemos logrado captar.

—A dos millones de kilómetros de la Tierra —añadió Shawn.

Chris tenía los ojos como platos.

—¡Es la repera! Apenas se oye un efecto Doppler. Un par de artefactos de modulación, sí, ¡pero eso no impide que se oiga perfectamente!

—¿Estás bien, Rachel? —preguntó Shawn—. Te has puesto muy pálida.

—Siempre parezco muy pálida —dijo rápidamente Rachel.

—No, en serio. ¿Te encuentras mal?

—Todo maravilloso … —logró decir.

—Aquí Urania-1. Respondan, por favor —seguía oyéndose en un bucle sin fin.

Rachel se obligó a concentrarse en la respiración. Había una cierta familiaridad en esa voz. Y una opresiva sensación de inquietud. Que viniera de las profundidades del espacio no era siquiera lo peor de todo. Tampoco que esas pocas palabras fueran emitidas en inglés y no en ruso.

—Pero eso no suena a mensaje que se envía al espacio para que lo oigan alienígenas —comentó Shawn—. Para mí es más una llamada de emergencia.

—¡Uauu! —Chris estaba fuera de sí de tanta alegría—. ¿Un mensaje real del espacio? ¡De locos!

—¡Rachel! —gritó Shawn—. ¡Debe ser una nave o una estación espacial! Posiblemente una nave estadounidense que se lanzó en los años setenta u ochenta al espacio. ¡Eso explicaría por qué Harlowe está tan pesado con todo esto!

—¿Qué o quién es Harlowe? —preguntó Chris.

Rachel oía lo que decía Shawn, pero se veía incapaz de responder. Estaba como paralizada y en shock; comparado con eso, los cien años de Blancanieves dormida eran una nadería.

Cada vez que salían las palabras «Aquí Urania-1. Respondan, por favor» de los altavoces, era como si le clavaran un cuchillo. En su ojo interior veía las viejas películas en Súper-8 que guardaba su madre con mucho cariño en el desván.

Esa voz era idéntica a la de esas películas. El hombre tras el micrófono del misterioso objeto a dos millones de kilómetros de distancia parecía ser el mismo que el detrás de la cámara en los recuerdos de infancia de Rachel. ¿Cómo era eso posible?

Rachel notó una mano sobre el hombro. Se asustó y miró la cara de preocupación de Shawn. Sacudió la cabeza en silencio. Le vino a la mente la foto en blanco y negro en la repisa del salón, en su casa.

—¡Ya te he oído! —dijo, y se asustó de su propia voz quebrada.

—¿Y los dos creéis que es auténtico? —insistió Chris.

Se quitó las gafas para limpiar los cristales con la camisa que sobresalía de sus pantalones.

—¡Es auténtico! —juró Shawn.

¡Era imposible que fuera auténtico! Al menos, a esas alturas, no podía quedar nadie con vida ahí arriba.

—Entonces, esta es la prueba, Rachel —dijo Shawn—. Hemos descubierto una vieja nave espacial que seguramente esté enviando un mensaje automatizado por radio.

—Sí, prácticamente parece eso ...

—Pero la tripulación habría muerto hace años ya —concluyó Shawn.

—¡Claro que sí! —dijo Rachel en un tono inesperadamente brusco.

—¿Qué pasa contigo? —Shawn la miraba confundido e incluso Chris notó que algo no cuadraba en todo eso—.

Para mí sería simplemente lógico. Se lanzó en aquella época una nave al espacio sin que nadie se enterara.

Y todo parece indicar que sigue ahí arriba.

Igual hasta se olvidaron de ella. Pero ahora está en dirección a la Tierra y envía mensajes por radio.

Y si no sacaron de ahí dentro a la tripulación, aún debería estar a bordo. Eso es lo que el mensaje hace suponer.

—Lo sé —Rachel intentaba recuperar la compostura—. Perdonad que haya reaccionado así. Es solo que … conozco esa voz.

—¿En serio? —preguntó Shawn extrañado—. ¿Estás realmente segura?

—Muy segura —dijo Rachel—. Es la voz de mi padre.