El Proyecto Urania Despertar #3
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Despertar #3

—Sí, envíalas igualmente. Conecto el módem y meto un disquete en la unidad. —Un momento. Cathy se había llevado todos sus diskettes y había olvidado ir a por nuevos. Mierda. Bueno, pues guardaría los datos en su memoria privada. Lo organizó todo y derivó el terminal a la transmisión por módem.

—Listo —dijo, mientras el módem comenzaba a lucir con sus pilotos rojos y verdes.

—¿Qué me querías decir, Walt?

—¿Yo? Solo quería hablarte de la extraña visita de hoy.

—Ah, vaya, ¿ha aparecido por ahí también esa Cathy de la DARPA?

—Sí, se me llevó todos mis disquetes. Incluso los que no tenían nada que ver con el asunto.

—Al parecer, algún idiota ha fotografiado cosas que no debería haber fotografiado —dijo Jim—. A mí me ha dado mucho miedo; me ha amenazado con que perdería mi trabajo si apoyaba ese tipo de cosas.

Uuuups. Ese idiota era él. Lo mejor sería serle honesto a Jim.

—Pues sí, me temo que fui yo el que hizo esas fotos.

—Oh. Pues supongo que te habrás quitado ya de la cabeza ese asunto. ¿Es por eso que, para variar, habéis pedido fotos de nada? —Jim soltó una risa artificial.

—Jeje, podría decirse así. Pero creo que los colegas se han equivocado sistemáticamente con las coordenadas.

—Bueno, lo que sea. Espero al menos no volver a ver a esa Cathy en lo que me queda de vida. Me pudo los pelos bastante de punta.

—¿A ti? Bueno, pues ya es decir mucho. —El módem había acabado el envío—. Parece que ya llegó todo.

—Sí, claro, la nada se puede comprimir mucho.

Un momento. Walter se acercó al aparato de fax y sacó la lista que había creado por encargo del profesor, con sus propias coordenadas añadidas.

Sonrió de oreja a oreja. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?

Clark había tenido la misma idea que él.

Tuvo que haberse anotado las coordenadas cuando le explicó sus observaciones.

Había añadido un par de objetos como coartada, para que no llamara la atención.

El añadido de Walter hizo que todo resaltara bastante más de lo deseado, por lo que incluso Jim se dio cuenta; y eso que no tiene apenas interés por su trabajo científico.

Profesor, profesor, … es usted más curioso que lo que la DARPA permite.

Volvió al terminal gráfico donde estaba con la sesión iniciada y se sentó en la silla giratoria frente a él.

Se acercaba a la resolución del misterio.

Walter metió las manos bajo los muslos de lo nervioso que estaba.

La imagen fue apareciendo poco a poco. Había guardado juntas en la memoria todas las imágenes de la región en cuestión, lo que llevaba a su ordenador al límite de sus capacidades.

Pero tenía la ventaja de que su pregunta tendría respuesta con un solo vistazo.

Walter notó una corriente de aire a su espalda. Se giró con la silla.

—¡Profesor Clark! —dijo—. Creí que estaba ...

—Lo siento, pero no aguantaba más.

—¿El qué? —Igual ayudaba un poco hacerse el inocente.

—Las observaciones de hoy. Pensé que llamarían su atención.

—¿Qué?

Clark se acercó.

—¿Guarda todas las imágenes juntas en la misma memoria? Muy inteligente. Así veremos lo grande que es el hueco central. Ya sabía yo que podría confiar en usted, Walter. Llegará muy lejos con su curiosidad.

—O acabaré en un almacén de la CIA y nunca más sabrá nadie algo de mí.

—Bah, no tiene de qué preocuparse tanto. Yo he solicitado esas coordenadas. Usted solo ha seguido mis instrucciones.

Walter asintió. No quería mentir a Clark de forma activa, al menos.

—¡Mire!—Clark señalaba a la pantalla. El gráfico había llegado ya a la mitad de la pantalla.

Un mar de puntos verdes sobre fondo negro, sin estructura visible.

Ese era el aspecto de la nada, entonces.

Solo que no era el espacio vacío lo que les interesaba, sino la zona en cuyo centro el SAS 3 no había fotografiado nada por los cambios en su programación.

Pero ...

—No hay un centro —Clark expresó el pensamiento primero. Al parecer, el telescopio de rayos X había escaneado toda la zona donde ayer observaron el objeto.

¿Qué significaba eso? O había fotografiado un artefacto inexistente en la realidad, o el objeto de ayer había dejado de existir, entre el diecinueve y el veinte de mayo.

—Ya no hay nada allí —dijo Walter.

—La DARPA ha generado un estrés innecesario —dijo Clark—. Igual no hubo nunca nada allí.

—No lo creo. —Le informó sobre el diskette borrado y la confiscación posterior de todos los disquetes—. Algo habrá pasado entretanto que les hizo cambiar su estrategia.

—O empeorado, diría yo.

—Sí, empeorado. Seguro que no era nada agradable. Una catástrofe, un fallo.

—Del que nadie debe enterarse jamás —añadió Clark.

—Y nosotros los hemos pillado —dijo Walter.

—Y de eso tampoco debe enterarse nadie.

—¿No?

—Walter, a veces no queda otra que dejar las cosas como están. No hemos logrado satisfacer del todo nuestra curiosidad, pero sí que sabemos ya más que cualquier otra persona en la Tierra. Debería bastarnos. Nadie se beneficiará si alardeamos de ese conocimiento.

Walter asintió. Era una postura comprensible. No podían imaginar hasta donde llegaría la DARPA y no le apetecía en absoluto acabar en manos de la CIA.

—¿Profesor Clark? Ha sido divertido, al menos.

—También lo veo así. Ahora borre los datos y a por el trabajo de fin de máster.

Walter cumplió solo con la mitad de esa petición.

Las fotos vacías no tenían importancia alguna.

Solo mostraban algo si se ordenaban correctamente en la forma correcta, unas junto con otras o encima de ellas.

Eran un acertijo que solo podría desvelar quien supiera cómo buscar.

Así que las metió en un archivo y se propuso guardarlas al día siguiente en disquetes.

Un objeto volando en dirección a Marte que, de golpe, desaparece.

Walter estaba muy emocionado por saber si lo iban a mencionar en las noticias y cuándo.

Se imaginaba en secreto que se trataba de alienígenas que, ante la estupidez humana que habían experimentado durante su estancia secreta en la Tierra, prefirieron salir huyendo hacia Marte.

Pero uno se lo pensó mejor, discutieron, llegaron a las manos y desembocó todo en el violento final de su nave extraterrestre.

Los alienígenas había aprendido demasiado de los humanos.