Despertar #2
—¿Y qué motivos ha dado a Clark?
—El mismo que a usted.
Al menos era justa. Walter respiró hondo. No parecía poder hacer nada. Solo le sabía mal por sus colegas, porque perdían toda una serie de mediciones.
—¿Es eso por mí?
—No, es por nosotros, Walter. Nadie le recrimina que haya realizado investigaciones. Es un comportamiento natural. Fuimos nosotros los que tomamos unas decisiones que, al final, han resultado incorrectas.
¿Sería por eso por lo que el asunto había escalado tanto? Al parecer, ya había entrado alguien en el despacho para borrar el disquete. Y ahora aparecía Cathy y se los llevaba consigo. Alguien parecía querer asegurarse al cien por cien. ¿Cómo no lo habían pensado antes?
Porque ha pasado algo.
¡Claro! Se daba golpecitos con el dedo en la frente, inmenso en sus pensamientos.
Entre la destrucción oculta de pruebas y la visita oficial debió pasar algo que ha hecho que reevaluaran la situación.
La DARPA, que normalmente actuaba bajo un manto se secretismo, había decidido que no debían quedar pruebas de ningún tipo, por lo que habían enviado a Cathy a verle.
Pero ¿qué había pasado?
Debía estar relacionado con el objeto que emitía rayos X.
—¿Nos devolverán los disquetes? Esos eran, al menos, propiedad del MIT.
—Me temo que no. Ya le he expedido al profesor Clark un recibo. Su valor les será reembolsado de las arcas estatales.
Al menos no se escatimaba en gastos. Pero los colegas se cabrearían porque nadie les reembolsaría el tiempo de observación con los detectores del SAS 3. ¿De quién era la culpa? De él, de Walter, por ser demasiado curioso.
—Si se le ocurre algo que pudiera haber olvidado, por favor, avísenos.
—Cathy puso en su mano una tarjeta de visita.
No constaba dirección alguna en ella, pero sí un teléfono de California—.
Está obligado a hacernos llegar todo lo que esté relacionado con este caso.
Si incumple esta obligación, podría considerarse un delito.
—Pero ¿con qué caso? —preguntó.
Cathy sonrió.
—Buen intento. Pero creo que sabe de sobras de qué estoy hablando.
La visitante cerró su cartera, saludó con un gesto de los dedos hacia su gorra, y abandonó la sala.
Eso resultaba interesante. Frustrante porque no le había quedado nada; pero mucho más interesante que todo lo que había experimentado como encargado de servicio del SAS 3 hasta ahora.
Y parecía no haber acabado, pues la puerta se abrió entonces de par en par. El profesor Clark entró a grandes zancadas. Debió estar esperando en la habitación de al lado hasta que se marchó Cathy.
—Walter, ¿qué le había dicho?
Vaya, ahora tocaba bronca. Walter se preparó mentalmente.
—Que me ocupe de mi trabajo de máster.
Pero Clark se limitó a soltar una carcajada.
—No me refiero a eso. Siempre los he sermoneado a todos que debían pasar por la vida científica prestando atención e incluso recolectando las florecillas que crecieran al borde del camino.
Y usted lo ha hecho a la perfección, como he podido oír.
¡Un hallazgo casual! Así es como se han hecho los mayores descubrimientos.
¿Puede resumirme en pocas palabras qué es lo que ha descubierto?
—Sí, claro. —Y le explicó la historia entera.
—Resulta la mar de interesante. Y si consideramos la reacción de la DARPA, parece que estaba usted tras la pista correcta.
—¿Entonces seguiremos ocupándonos de eso?
—Ni hablar, ¿qué se ha creído? Es una clarísima señal de Stop.
Además, SAS 3 acaba de recibir una pequeña actualización de su programa de control.
Y no solo nuestro satélite de rayos X. Nadie nos ha desvelado de qué se trata, pero he podido echar un vistazo al programa.
Hace que el satélite mire hacia otro lado en determinadas situaciones.
Lo han ocultado con el aseguramiento de la calidad.
Cuando la fuente muestra un movimiento propio fuerte, que indica una posición dentro del Sistema Solar, la imagen es automáticamente descartada.
—Muy inteligente. Nuestros ojos de rayos X tiene a partir de ahora un punto ciego.
—Correcto. ¡Pero mejor así, Walter! Ahora al fin puede concentrarse en su trabajo de fin de máster. ¿Sabe por qué le insto tanto a que lo acabe? Porque valoro su trabajo. Necesitamos a gente como usted, de los que piensan también fuera de los senderos más pisoteados.
Cuando Clark se hubo marchado, Walter levantó los pies sobre la mesa y suspiró.
Tenía muchas ganas de seguirle la pista a ese asunto.
¿Podría la DARPA realmente impedir que un telescopio de rayos X echara un vistazo al objeto?
Podía ser que hubieran intervenido en los programas de control, pero ¿no había también movimientos casuales de vez en cuando del mismo eje del detector sobre la zona observada?
Los satélites de rayos X estaban en órbita y tenían que ser constantemente reorientados.
Pero el programa intervendría si reconocía que un objeto se movía demasiado rápido.
¿Qué se consideraría aquí como demasiado rápido ?
Eso debía encontrarse en algún lugar del programa.
Walter bajó las piernas. El código fuente lo habían desarrollado en el mismo MIT.
Walter sabía dónde se guardaba. Inició sesión y navegó hasta el lugar correcto.
Aquí solo tenía derechos de lectura y no de escritura.
No podía cambiar nada, pues su cuenta no era miembro del equipo de programación.
Y tampoco le interesaba eso. Repasó las estructuras en FORTRAN.
Debía constar en algún lugar lo de la velocidad.
Y lo encontró.
10 CONTINUE
IF (CONT) THEN
CURVEL = GETVEL()
IF (CURVEL .LE. MAXVEL) THEN
CALL TRIGGR
ELSE
WRITE(*,*) '= Imagen rechazada.'
END IF
CALL PAUSE(1)
GOTO 10
END IF
END
MAXVEL era el límite decisivo. Walter siguió buscando.
¡Allí! El valor estaba guardado como variable REAL.
Lo anotó y reconstruyó su estimación de ayer, donde quedaron Marte y Saturno como posibilidades finales.
Ahora ya podía decidir entre los dos destinos con los nuevos parámetros.
Saturno quedaba ya descartado. MAXVEL era demasiado pequeño para eso.
Pero el valor iba de maravilla con Marte.
Walter dio un golpe sobre el escritorio. La DARPA había ganado, pero él les había sacado una información más: El objeto estaba claramente de camino hacia Marte.
Walter se relamió. Había logrado sonsacar información a la reservada DARPA, y la gente de allí ni siquiera se había dado cuenta.
Eso le abrió el hambre. ¿No podría engañarla también de otra manera?
La DARPA tenía una desventaja: Debía proteger un territorio relativamente grande, además de también contra los ojos de científicos curiosos.
Que en el satélite de rayos X hubieran programado un punto ciego era como un muro alto y coronado, además, con alambre de espino electrificado.
Pero el territorio protegido seguro que contenía pequeños túneles de los que nadie sabía nada.
Bastaba con encontrarlos.
Para ello repasó de nuevo el funcionamiento del programa.
Descartaba toda imagen que mostrara un movimiento propio rápido.
El objeto que había encontrado él era luminoso, pero muy pequeño.
¿Qué pasaría si enfocaba con el detector la zona alrededor del objeto?
En las imágenes solo aparecería ruido blanco.
No llegaría a ver nunca las imágenes que mostraran el objeto.
Si unía entonces todas las imágenes, vería mucho ruido blanco...
y en el centro, un agujero negro. Y su mera existencia demostraría que el objeto se hallaría en ese punto negro.
Una prueba negativa, y lo mejor de todo: no podrían reprocharle nada, pues no había intentado mostrar el objeto.
Aunque la idea tenía sus desventajas: tendría que traicionar a Clark.
Walter respiró hondo. Seguramente Clark ni se diera cuenta si incluía un par de objetivos adicionales. Las imágenes estarían vacías, Su jefe las descartaría. A veces, el eje del SAS 3 se desviaba tanto que las imágenes fracasaban.
La puerta se abrió. Como si el profesor le hubiera leído los pensamientos, le entregó una hoja de papel.
—¿Puede pasar esta petición al Goddard, por favor? Debemos repetir algunas observaciones de ayer.
—Claro, ahora mismo lo hago.
Era la primera vez que se alegraba de recibir ese encargo.
La espera había resultado hoy muy cansina.
Walter intentó concentrarse en su trabajo de máster, pero solo logró media página en la que tuvo que corregir una de cada dos palabras.
¿Y si Clark se daba cuenta al final? Podría costarle su carrera científica.
Y esa Cathy seguramente tampoco tuviera mucho sentido del humor.
Sacó la tarjeta del bolsillo y estuvo a punto de llamar a ese teléfono de California para entregarse.
Tonterías, Walter, no seas tan gallina. Lo que no está prohibido está permitido.
Está prohibido fotografiar el objeto; pero nadie ha dicho nada del espacio a su alrededor.
La DAPRA tampoco podría dictaminar el cielo entero como zona prohibida de estudio.
Y tenían suerte de que los rusos no hubieran lanzado aún ningún satélite de rayos X al espacio.
Esos seguro que no se dejarían intimidar por la DARPA.
Igual debería al menos advertir a Jim. Ese hombre era algo parecido a un amigo, y seguramente estuviera en esos momentos ejecutando el encargo. Walter tamborileaba en el borde de la mesa.
Sonó el teléfono. Era Jim. ¡Telepatía pura!
—Estaba a punto de llamarte —dijo Walter—. Es que ...
—Espera, primero solucionemos algunos asuntos de negocio. Parece que últimamente ya no habláis entre vosotros. ¿Qué os pasa? Casi la mitad de los objetivos aparecía en la lista por duplicado. Y luego, en las imágenes no se puede ver siquiera nada. ¿Te las envío igualmente?
¿Objetivos duplicados? ¿Cómo se explicaba eso?