El Prototipo Capítulo 21
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Capítulo 21

Audiencia Nacional – Sala de lo Penal.

Vigésima sesión.

Aunque habían transcurrido ya algunos meses de juicio, la sala estaba más llena que en sesiones anteriores, pues se había filtrado que el Ministerio Fiscal interrogaría al padre de la joven con la intervención de la acusación particular.

Eso significaba que tratarían asuntos relativos a I.S.A.

, como ya la conocían en los medios de comunicación, y esperaban obtener carnaza suficiente para alimentar a la prensa amarilla y a las cadenas de televisión amantes de lo morboso, lo sensacionalista, los chismes y los escándalos.

Aun así, varias filas permanecían vacías por orden expresa del tribunal.

∆∆∆

En el estrado, el tribunal colegiado preside, como siempre, la sesión.

A la derecha, la fiscal de la Fiscalía de la Audiencia Nacional revisa su carpeta de notas y se prepara para intervenir.

Junto a ella, la abogada de la acusación particular —en representación de I.S.A.

— mantiene los brazos cruzados, esperando el momento de actuar.

A la izquierda, la defensa observa en silencio y se gira brevemente para echar un vistazo a las bancadas de la prensa autorizada.

Y desde casa, en conexión remota, Irune y Líam observan nerviosos la sala, desde la seguridad de ver sin ser vistos.

La funcionaria judicial anuncia:

—En pie.

Una vez que la sala colegiada de magistrados toma asiento, la presidenta del tribunal mira al acusado.

—Señor Derek Salazar Cruz, le recuerdo que tiene usted derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable. ¿Ha comprendido sus derechos?

El padre de Irune levanta la vista y responde:

—Sí, señora.

—El Ministerio Fiscal tiene la palabra —dice la presidenta, dando inicio a la sesión.

La fiscal comienza su interrogatorio.

—Señor Salazar Cruz, en sesiones anteriores usted reconoció haber participado en un programa de modificación genética experimental durante la gestación de su hija. ¿Puede explicar a esta sala cuál era el objetivo de ese procedimiento?

El acusado respira hondo antes de hablar.

—El objetivo era aumentar la capacidad de procesamiento neuronal… la plasticidad cognitiva —aclara.

—¿Un experimento aislado? —pregunta.

—No. No era un experimento aislado. Fue el principio de un proyecto más ambicioso.

—¿Cuándo comenzó?

—Comenzó con los tres embriones llevados a término en China, pero como digo, formaba parte de un proyecto más amplio.

—¿Un proyecto financiado por quién?

La defensa se mueve ligeramente, pero no objeta nada .

—Consorcios tecnológicos, fundaciones privadas, hospitales con Unidades de Genética y Reproducción Asistida y… laboratorios que trabajan con inteligencia artificial y neuroingeniería —dice con marcado acento mexicano, fruto del tiempo que vivió en México.

La fiscal lo mira fijamente.

—¿Está usted diciendo que su hija fue concebida con modificaciones genéticas para integrarse con sistemas de inteligencia artificial?

—No. No exactamente —responde el acusado—.

La modificación buscaba mejorar su sensibilidad y dotarla de mayor plasticidad, para que su cerebro pudiera interactuar con sistemas de aprendizaje automático, sin los cuellos de botella habituales de las interfases neuronales que había en aquel momento, ¿cierto?

Un murmullo recorre la sala. Inmediatamente, la presidenta llama al orden.

—Les ruego mantengan silencio, por favor.

La fiscal continúa con su interrogatorio.

—En el procedimiento consta que, desde los cinco años, I.S.A. participó en sesiones regulares de entrenamiento neurocognitivo. ¿Puede explicar en qué consistían dichas sesiones?

—Era un protocolo de adaptación —dice el padre—. El cerebro humano necesita aprender a interpretar las señales de una interfaz, igual que un niño aprende a leer. Si no, esas señales pasan desapercibidas.

—¿Con qué frecuencia se realizaban esas sesiones?

—Tres o cuatro veces por semana.

—¿Hasta qué edad?

—Hasta los doce años .

—¿Qué ocurre a los doce años?

—Que su madre se la lleva y se vienen a vivir a España.

La fiscal levanta una hoja del expediente y prosigue mientras los mira.

—Según los informes técnicos, durante esas sesiones su hija ya llevaba implantes neuronales experimentales. ¿Es así?

Salazar guarda silencio unos segundos antes de responder.

—Sí.

—¿Con qué finalidad? Si puede saberse.

—Entrenar la comunicación bidireccional; entre su actividad cerebral y sistemas externos de procesamiento —aclara.

—Explique a esta sala, si es tan amable —dice la fiscal—, cómo se obtenía información a través de esos implantes.

—Protesto —interrumpe la defensa—. La pregunta invade áreas confidenciales.

La presidenta consulta brevemente, girándose a un lado y al otro, con los dos magistrados del tribunal.

—El acusado responderá en términos generales —puntualiza al fin.

El padre de Irune habla con voz más baja.

—Los implantes registraban patrones neuronales…

—¿Patrones neuronales?

—Mapas neuronales, patrones sinápticos asociados al razonamiento lógico, al aprendizaje acelerado, a intuiciones, a la creatividad computacional… A respuestas del cerebro a estímulos específicos que intervienen en la toma de decisiones o en la resolución de problemas algorítmicos —concluye.

Se para unos instantes y continúa.

»El cerebro humano es especialmente eficaz detectando relaciones complejas entre datos, que una máquina tarda mucho tiempo en procesar .

—¿Qué tipo de datos?

—Modelos científicos, estrategias tecnológicas, proyecciones económicas... ¡Información compleja!

—¿Podría ser más específico y decirlo de forma que podamos entenderlo mejor?

—Datos que permiten… predecir conductas… —Derek duda unos instantes y prosigue—, manipular respuestas, desarrollar armas cognitivas, controlar sistemas sin contraseñas, dominar tecnologías futuras...

La fiscal inclina la cabeza.

—¿Y esa información se transmitía a quién?

Salazar duda y echa una mirada a su abogado.

—A centros de análisis y redes de investigación —responde al fin.

—¿A lo que en el sumario se denomina «hubs de decisión tecnológica o lobbies tecnológicos»? —interviene la acusación particular, con el fin de lograr que conste en el procedimiento de forma expresa la relación con los lobbies.

El acusado no responde inmediatamente y se toma unos largos segundos para contestar.

—Sí —dice, con un hilo de voz.

—¿Puede hablar un poco más alto?

—Sí —repite Salazar, elevando la voz.

Acto seguido, la fiscal continúa con su interrogatorio.

—Señor Salazar Cruz, ¿quién dirigía realmente ese sistema?

—No era una dirección única. Era una red formada por entidades privadas, centros de investigación y estructuras de financiación que operaban de forma coordinada.

—¿Y con capacidad de decisión estratégica? —pregunta la fiscal .

—Sí —responde el acusado.

—¿Puede explicarse un poco más?

Salazar mira al tribunal, ya que le ha pedido generalidades, y luego vuelve a mirar a la fiscal.

—Son empresas diversas y todas ellas forman, de hecho, redes de decisión e intercambian información estratégica.

—Ruego al tribunal —interviene la defensa— que se limite la respuesta a términos generales.

—Así se acuerda —dice la presidenta de la sala—. El acusado responderá sin identificar entidades concretas.

La sala llevaba más de dos horas en absoluto silencio, apenas roto por algún que otro leve murmullo.

—Señor Salazar Cruz —retoma la fiscal—, ha descrito usted una red de entidades privadas que coordinaban la extracción y explotación de información obtenida a través de su hija.

La fiscal hace una leve pausa para captar la atención y continúa.

»¿Puede precisar quiénes dirigían esa estructura?

La defensa interrumpe de inmediato, como un resorte.

—Protesto, señoría. La pregunta invade nuevamente la materia declarada parcialmente reservada.

La presidenta del tribunal no responde al instante, sino que mira al magistrado ponente antes de dirigirse a la fiscal.

—Reformule la pregunta.

La fiscal asiente.

—¿Puede indicar, sin mencionar nombres concretos, qué tipo de entidades ejercían la dirección efectiva?

—El acusado responderá en términos generales, sin identificar personas físicas o jurídicas —puntualiza la presidenta .

El padre de Irune asiente lentamente, pensando cómo decirlo.

—Era una red…

Se detiene un instante y algo en su expresión cambia; lo que llama la atención de la fiscal, que no deja de observarlo.

—Continúe —le anima.

El acusado respira hondo y retoma la cuestión.

—Era una estructura distribuida. Participaban centros de investigación, fondos de inversión y…

Salazar se calla de nuevo y la sala parece contener el aliento esperando esa respuesta sin nombres.

La fiscal lo presiona para que continúe.

—¿Y…?

El acusado levanta la mirada hacia la fiscal y prosigue.

—Y empresas tecnológicas con capacidad de procesar grandes volúmenes de datos… Algunas de ellas con sede en…

—¡Señoría! —interrumpe la defensa, elevando bastante la voz—. Está a punto de vulnerar el régimen de clasificación —explica.

Entonces, la presidenta levanta la mano.

—Un momento —pide.

El silencio se vuelve denso. El magistrado ponente inclina la cabeza hacia ella y susurra algo apenas audible.

La presidenta vuelve a mirar al acusado.

—Señor Salazar Cruz, le recuerdo que determinadas identidades y localizaciones forman parte de materia reservada. No debe mencionarlas en esta vista pública.

El acusado duda entonces unos segundos.

—Era una de las grandes —dice finalmente—. Una de las que controlan …

—¡Señoría! —insiste la defensa haciendo aspavientos con los brazos.

La presidenta eleva la voz, que resuena en toda la sala.

—¡Se suspende la respuesta! La última afirmación del acusado queda sin efecto y no se tendrá por incorporada al acta en su integridad.

La fiscal frunce el ceño. La acusación particular observa al acusado sin pestañear.

—Se advierte al acusado —continúa la presidenta— que deberá limitarse estrictamente a descripciones funcionales.

La presidenta hace una breve pausa antes de seguir hablando.

—Y se advierte a las partes que cualquier intento de eludir el régimen de clasificación dará lugar a la adopción de medidas.

El silencio vuelve a la sala, pero ya no es el mismo.

Durante un instante, muy breve, la sala había estado a punto de escuchar algo que no debía ser dicho.

Esa fue la estrategia de la fiscal, ya que en la mente de todos quedaba grabado que la pregunta importante había quedado sin responder; dando pábulo a elucubraciones sobre quién poseía esa gran base de datos.

Acto seguido, la fiscal cierra lentamente su carpeta y guarda silencio unos minutos con la intención de crear el ambiente que necesita para formular la siguiente pregunta.

—¿Y… su hija era parte de ese sistema?

El padre de Irune baja la mirada unos segundos antes de contestar.

—Era… un nodo humano.

Lejos de levantarse un revuelo, un silencio frío recorre la sala .

—¿Un nodo humano… o una persona utilizada? —interviene la acusación particular con voz firme.

—Protesto —dice la defensa—. Pregunta valorativa.

—La pregunta se reformulará —replica la presidenta de la sala.

La acusación particular pregunta de nuevo, sin apartar la mirada del acusado.

—Reformulo. ¿Su hija sabía para qué servían esas sesiones?

Después de unos segundos, el acusado responde.

—No completamente.

Ya sin papeles en la mano, la fiscal realiza una última pregunta.

—Señor Salazar Cruz, ¿por qué aceptó que su hija fuera parte de ese programa?

El acusado levanta la vista. Irune y Líam, desde su casa, esperaban la respuesta con impaciencia.

—Porque… siempre he creído que el futuro depende de quiénes controlan la información.

Hace una pausa, que nadie osa interrumpir, y continúa.

»Y quien controla la información… controla el mundo.

La sala permanece callada. Nadie habla. Ni siquiera los periodistas autorizados toman notas. Como si el tiempo se hubiera congelado en aquella respuesta. Y es que todos saben que una parte de lo que acaba de decirse no aparecerá nunca en ningún titular.

—No hay más preguntas, señoría —dice la fiscal.

La presidenta vuelve a alzar la voz.

—Se levanta la sesión hasta el viernes a las nueve de la mañana.