El Prototipo Capítulo 20
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Capítulo 20

D espués de que el aparato judicial se hubiera puesto en marcha, hicieron falta seis meses para preparar el juicio.

Había que reunir todas las pruebas, clasificarlas y custodiarlas, citar a las partes en tiempo y forma, así como preparar la sala y los anexos que lo albergarían de principio a fin.

Dadas las características del caso, era imprescindible que toda la documentación quedase en la Audiencia, durante meses, protegida y custodiada.

En ese tiempo, Irune repasó una y mil veces su historia con detenimiento.

A la luz de los documentos que le dejó su madre, trató de encontrar las respuestas a sus preguntas e incertidumbres, pero la mayoría de ellas seguían sin estar demasiado claras.

Era como un puzle maldito cuyas piezas no acabaran nunca de encajar.

Aquella mañana, y a pesar de que Líam la había avisado de que sería un juicio largo y farragoso, donde las características del caso llenarían las sesiones de tecnicismos científicos poco esclarecedores para el común de los mortales, la joven amaneció llena de expectativas.

En su mente, una idea destacaba sobre las demás y se convertía en obsesión: escuchar la historia de boca de su padre y contrastarla con la que su madre le había dejado impresa.

Su objetivo era reunir todos los pedazos para tratar de entender quién era en realidad.

Solo así podría reconstruirse, pasar página y empezar una nueva vida.

Seguramente en otro lugar y con una nueva identidad, como Lambert le había comentado.

A nivel personal, los acontecimientos vividos desde el accidente habían acercado a Líam y a Irune hasta hacerlos inseparables.

La atención que le prestó, las visitas constantes al hospital, el acompañamiento tras el tiroteo, la promesa de protección que le hizo a Izel y el sostén que supuso para la joven tras la muerte de su madre, habían creado fuertes vínculos de confianza y complicidad entre ambos que, poco a poco, irían más allá de una simple amistad.

Él la conocía como nadie y, en ocasiones, no necesitaba muchas explicaciones.

Había aprendido a leerla, a interpretarla, a saber lo que necesitaba por su forma de mirar o incluso de respirar.

Ella, por su parte, había encontrado en él apoyo, comprensión, cariño, calidez y cuando lo miraba…

lo sentía como su hogar, como un lugar de paz al que volver para descansar y sentirse a salvo del mundo.

No obstante, como policía, Ferrero trató de conectarla con la realidad y bajar sus expectativas pues, según le había adelantado el jefe de la Interpol, se trataba de un « concurso real de delitos [29] ».

— ¿Qué significa eso? —pregunta ella.

—Significa que los hechos dan lugar a una serie de delitos independientes que se sumarán y pueden dar lugar a una condena más alta —responde.

—¿Como cuáles?

Y cogiendo el escrito de acusación que le había hecho llegar Lambert, comienza a leerle algunos de ellos.

—Pues… los que más directamente hablarán de ti serán: delito de manipulación genética con alteración del genoma humano, según artículos 159 a 162 del código penal; lesiones en el tipo agravado; delito de detención ilegal en grado de tentativa….

—¡Ya veo! —interrumpe ella—. ¿Y los que no tienen que ver directamente conmigo?

—Delito de pertenencia a organización criminal en calidad de cooperador necesario; delito de descubrimiento y revelación de secretos de empresa, artículo 278 y siguientes del Código Penal…

¿Te los leo todos? —pregunta Líam, levantando los ojos para mirarla con una pícara sonrisa que pretendía hacerla reír.

—No, no. ¡Ya me hago una idea! —dice, con voz apesadumbrada—. Quieres decir que no sacaré nada en claro entre todo eso, ¿no?

—Bueno, quizá te aclare alguna cosa, pero será un juicio largo y lento. Muy técnico. Con peritos, forenses, científicos…

Entonces, cerró el portafolios y, cogiéndole las manos, la miró fijamente a los ojos.

—Mira, solo quiero que estés preparada —comenta con cariño—, porque se le juzga por tantos delitos que quizá tú seas una piececita en medio del caos y… puede que no des con las respuestas que esperas.

—Y… ¿por dónde crees que empezarán?

—No lo sé —responde con sinceridad—. Lo que sé es que estaremos pendientes. Lo que te afecta a ti y a la violación de tus derechos se abordará con la intervención de la acusación particular.

Irune levanta la mirada y la deja suspendida en el horizonte que hay tras la ventana, mientras Líam acaricia suavemente sus manos con los movimientos de sus pulgares.

—No importa —dice ella al fin—. Si no averiguo quién soy, quiero entender de dónde vengo y qué tipo de monstruo era mi padre .

—¡Vaya! Si solo era eso… pudiste aprovechar para preguntárselo cuando te secuestró —bromea, tratando de quitar hierro al asunto.

—¡Muy gracioso, Líam! De verdad. ¡Muy gracioso! —dice dando unas palmadas.

—No te enfades. Solo quería destensar el ambiente —responde él, siendo sincero.

A pesar de que todos sabían de antemano que sería imposible hacer caer una red de lobbies que dirigía la economía y la política mundial, la estrategia que Lambert había planteado a la fiscalía, para resarcirse de toda una vida inútilmente entregada a la causa, era la de bordear las líneas de lo «intocable» para llevar «la cosa juzgada» [30] más allá de un mero caso personal y colocar la «conciencia social», si es que aquello aún existía, al borde del precipicio.

Tal vez así, con más legislación y más supervisión, sería posible provocar algún cambio en una sociedad tecnológica que llevaba décadas saltándose las leyes y que avanzaba hacia el control exhaustivo de la vida humana; dejándola a merced de un poder corrupto que manejaba el mundo a su antojo desde las altas esferas.

∆∆∆

La mañana amaneció despejada. Los rayos de sol se colaban a través de las ventanas, calentando un pasillo con mucho trasiego de abogados y fiscales, en el que se arremolinaba un pequeño grupo de periodistas.

Eran las diez en punto cuando los funcionarios de sala abrieron las puertas de acceso. Unos minutos después, abrieron también las conexiones para los que seguirían el juicio oral en directo, aunque preservando el anonimato.

La sala no estaba llena. De hecho, estaba extrañamente vacía para tratarse de un caso que llevaba semanas ocupando titulares imprecisos en prensa y telediarios.

Apenas una fila, con los periodistas más relevantes del país, había sido autorizada; lo que levantó suspicacias entre los pertenecientes al gremio.

Sin grabadoras, sin cámaras. Esas eran las órdenes.

Audiencia Nacional – Sala de lo Penal.

Sesión primera del juicio oral.

La funcionaria judicial anuncia:

—En pie.

El juicio se celebra ante una sala colegiada con tres magistrados; algo que suele ser habitual en casos de delitos graves.

La presidenta ocupa su lugar en el centro y los otros dos magistrados se sientan uno a cada lado.

Frente a ellos, en el estrado, las partes.

A la derecha la acusación y a la izquierda la defensa.

La acusación pública está representada por la fiscal de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, quien se identifica.

—Con la venia, señora presidenta. Comparece el Ministerio Fiscal, en el ejercicio de la acción penal.

—Señora fiscal, en el escrito de conclusiones provisionales de acusación se atribuyen al acusado varios delitos—dice la presidenta—. Puede usted leerlos ahora .

—Sí, señoría.

En concurso real de delitos , los hechos son constitutivos de:

●         delito de manipulación genética con finalidad no autorizada , en concurso con gestación y desarrollo del embrión modificado genéticamente;

●          delito de experimentación biomédica ilícita no consentida sobre menor;

●          lesiones en el tipo agravado, con utilización de tecnología invasiva;

●          delito de detención ilegal y secuestro;

●          delito de pertenencia a organización criminal en calidad de cooperador necesario,

●          delito de apropiación y revelación de secretos de empresa;

●          delito continuado contra la libertad individual

●          y delito de asesinato en calidad de inductor.

»La fiscalía no menciona nombres de empresas ni de instituciones —añade la fiscal—, ya que esos fragmentos están clasificados a nivel estatal.

—¿Comparece la defensa? —pregunta la presidenta.

El padre de Irune está sentado junto a su abogado; un penalista de fama reconocida en causas complejas.

—Sí, señoría. Comparece la defensa en nombre del señor Derek Salazar Cruz.

El acusado, cabizbajo, permanece en silencio.

—En defensa de la perjudicada por los hechos, comparece la acusación particular en nombre y representación de I.S.A. ¿Es así? —pregunta la presidenta, nombrando con iniciales a la víctima para preservar su intimidad ante una posible filtración.

—Con la venia, señoría. Comparece la acusación particular en defensa de los derechos fundamentales de I.S.A.

en calidad de persona afectada, por ser concebida mediante modificación genética prohibida y posteriormente utilizada, por su propio padre, en un proyecto experimental de interfaces neuronales de carácter no reversible —explica la abogada especializada en bioética, seleccionada entre los abogados de la Interpol y respaldada por una fundación científica de prestigio.

Por su parte, la defensa del acusado ya había anunciado que impugnaría esa interpretación que sostenía la acusación particular.

Presentadas las partes intervinientes, y antes de comenzar la sesión, la presidenta del tribunal toma la palabra.

—Esta sala recuerda a las partes, y a los medios de comunicación presentes, que determinadas pruebas obrantes en la causa han sido declaradas materia reservada por su eventual afectación a intereses estratégicos de Estado, por causas que no voy a comentar.

Nadie en la sala necesitó preguntar qué significaba aquello. Lo tenían claro desde el principio. Una parte sustancial del procedimiento permanecería sellada, custodiada y accesible solo para el tribunal y las partes acreditadas.

Acto seguido, la presidenta consulta el expediente.

—Se abre la sesión correspondiente al procedimiento número 335857/2052.

La presidenta del tribunal hace una pausa y levanta la cabeza para mirar por encima de las gafas que se apoyan en la punta de su nariz.

—¿Ratifican las partes sus escritos de acusación y defensa ?

Y mirando a cada una de las partes, las va nombrando y espera sus respuestas:

—¿Fiscalía?

—El Ministerio Fiscal se ratifica.

—¿La acusación particular?

—Se ratifica.

—¿La defensa?

—La defensa se ratifica y anuncia cuestión previa sobre la admisibilidad de determinadas pruebas de origen clasificado.

La presidenta del tribunal mira en ese momento al magistrado ponente, sentado junto a ella, y este toma nota.

La presidenta cierra el expediente y anuncia:

—Comenzamos con las cuestiones previas.

Fuera de la sala, los periodistas que no habían sido acreditados se iban agolpando tras las puertas, a la espera de alguna filtración.

Sin embargo, lo que a ellos de verdad les parecía noticia era el origen y la razón de ser de una vida manipulada, de manera irreversible, desde el mismo momento de su concepción y por su propio padre.

El titular que llegaría al público en general sería: « I.S.A. La vida de alguien que no pudo elegir» .

∆∆∆

Fue un juicio largo, como se preveía desde un principio. Los meses se sucedieron entre declaraciones, pruebas, testimonios, expertos y aplazamiento de las partes en varias ocasiones.

Irune no asistió en ningún momento a la sala, sino que el tribunal le permitió ver el juicio en directo de manera telemática.

No obstante, una de las sesiones que más llamó su atención fue aquella en la que su propio padre hablaba del proceso como un científico hablaría de un experimento con cobayas.

Aunque estaba al tanto de casi todos los detalles por los documentos de su madre, la frialdad del relato terminó de partir en pedazos la parte del corazón que aún albergaba la esperanza de reconocer a un padre que, a pesar de las circunstancias, la amaba.

Ese día, Irune tomó una necesaria distancia emocional y decidió que su padre había muerto para ella. Así pues, tuvo que volver a hacer un duelo, ocho meses después de enterrar a su madre; respecto a la cual aún tenía sentimientos encontrados y alguna que otra duda razonable.