El Prototipo Capítulo 18
74%

Capítulo 18

C uando terminaba la jornada, o cada vez que el trabajo se lo permitía, Líam pasaba por el hospital para saludar a Irune y hacer su propio seguimiento sobre cómo evolucionaba. Lo que empezó siendo trabajo, fue cambiando a un vínculo de confianza y atracción entre ambos.

—Hola Líam —susurra Izel, cuando el inspector entra en la habitación.

—Perdón, ¿interrumpo? —dice en voz baja, señalando a Irune que parece dormida.

—No, no. Es que ha pasado mala noche y como, además, entran a verla a cada rato… no ha pegado ojo —explica Izel, entre susurros.

—Entiendo.

—De hecho… tengo una cita con el notario en media hora —dice ella—. ¿Vas a quedarte un rato?

—Sí, tranquila, Izel. Voy a esperar a que despierte. Tengo que charlar con ella.

—Pues aprovecho y me voy ya. —Da unas palmaditas en el hombro de Líam, coge su bolso y se marcha sin hacer ruido.

Él se acomoda en el silloncito, junto a la ventana, observando a la joven en silencio y mirando hacia la calle de tanto en tanto. Quince minutos más tarde, recibe la llamada de Lambert y lo coje al primer toque.

—¿Sí? —susurra.

—He revisado las cámaras del hospital y hay novedades. ¿Dónde estás? —le pregunta.

—En el hospital .

—Voy para allá.

Un rato después, unos toques en la puerta hacen que Líam levante la cabeza. Lamber se asoma y le hace una seña para que salga.

—Creo que tenemos al celador.

—¡No me digas! ¿Lo habéis detenido?

El jefe de la Interpol le muestra las fotografías del cadáver de Sasha y las extraídas de las cámaras el día del tiroteo.

—¿Sasha Reyes era el celador que escapó? ¡Maldito cabrón!

—¿Crees que podría identificarlo? —dice Lambert, haciendo un gesto con la cabeza hacia el interior de la habitación.

—Podemos probar —responde el inspector.

Decididos, entran en la habitación. Irune abre los ojos y ve a Líam con un hombre desconocido.

—Líam, ¿qué ocurre? —pregunta ella con familiaridad.

—Mira, este es el señor Lambert. Es el jefe de la Interpol que está trabajando en tu caso —dice a modo de presentación.

— Enchanté mademoiselle . —dice en francés, cogiéndole cortésmente la mano y acercándosela a los labios sin llegar a tocarlos.

Sin pensar, cuando una chica atractiva se cruzaba en su camino, a Lambert le salía el idioma del amor de forma automática; aunque no pretendiera nada con ella.

—¡Es francés! —susurra el inspector en voz baja, dirigiéndose a Irune.

—¡Ya veo! —dice ella, respondiéndole con una sonrisa.

—Señorita, estas fotos… —Lambert duda en cómo planteárselo—. Espero que no le desagrade demasiado lo que voy a enseñarle, pero… necesitamos ver si puede reconocerlo .

—¿Debería? —pregunta, extendiendo la mano y agarrando las fotografías.

—Tú míralas —indica el inspector.

Nada más empezar a pasarlas arruga la frente y el rostro, tuerce la boca hacia abajo y levanta la vista preguntando:

—¿Está… muerto?

—Sí. Lo siento —dice Lambert.

Una vez superada la primera impresión las mira en silencio, con calma. Las extiende sobre sus piernas y trata de identificarlo, frotándose la frente con la mano que no lleva la vía.

—Mmm… El caso es que… —Se queda pensativa—. Es que… no sé, quiere sonarme; pero… se mezclan las imágenes —dice, levantando la vista hacia los presentes—. Lo intento, pero…mi mente da vueltas tratando de buscar el lugar donde situar el recuerdo —comenta angustiada.

—Tómate tu tiempo; es importante.

Se hace un silencio expectante que parece quedar suspendido en el aire.

—¡Sí, sí! —exclama de repente sorprendida—. Es… el celador que me subió en el ascensor.

Lambert y Lían se miran, apretando los labios.

—¿Ha muerto? ¿Cómo se llamaba? ¿Lo sabes? —pregunta Irune, mirando a Líam.

—Sasha Reyes.

—Sasha… ¡Ah! Mi madre dice que tengo un novio que se llama Sashhh... —No logra terminar de pronunciar el nombre cuando le asalta un pensamiento—. No es él, ¿no? —Mira a uno y luego al otro, con los ojos muy abiertos y el terror dibujado en el rostro—. Solo es el celador, ¿verdad ?

—No lo sabemos seguro —miente el inspector, que gira su rostro hacia Lambert.

—Es muy posible —asevera, seco, el jefe de la Interpol.

—¡Dios mío! —dice Irune, llevándose la mano a la boca y mirando de nuevo las fotos con ojos bien abiertos—. ¡No me acuerdo! ¡No me acuerdo! ¡No me acuerdo! —repite, golpeándose la cabeza una y otra vez, con el talón de la mano.

—Bueno, tranquila —dice Líam, sujetándosela—. No te agobies. Ya irás recordando poco a ...

—¡O no! —interrumpe ella, sin dejarle terminar.

Al instante, los ojos se le llenan de agua y gira la cabeza hacia la ventana, disimulando la angustia que la embarga.

∆∆∆

Una vez que Lambert se marchó, Líam fue a la máquina de bebidas del pasillo para sacarle un chocolate caliente, con la idea de que se relajara. Irune recostó la cabeza en el almohadón y cerró los ojos con la intención de olvidar. Pero la mente, en ocasiones, es traicionera.

A medida que se sume en una especie de somnolencia…

…un zumbido. No, no viene de la habitación. No lo oigo. Lo sé. Viene de dentro. Se genera en mi cabeza. No es un sonido continuo. Son pulsos breves. Como los parpadeos del cursor sobre el fondo negro de una pantalla cuando el sistema operativo se reinicia. Es mi trabajo. Ordenadores…

No quiero recordar.

Ahora no.

Quiero descansar…

Luz blanca. Demasiada. No es la luz del hospital. Es más fría. Más limpia. Una mesa metálica. Voces. Voces detrás de un cristal…

—No va a sentirlo —dice alguien.

—Es el procedimiento —susurran.

—No, no es una voz. Otra vez lo sé, lo entiendo dentro de mi cabeza. Un clic seco…

Irune abre los ojos de golpe, sobresaltada, y sus párpados se vuelven a cerrar despacio.

— Un pitido… Otro…

El monitor cardíaco se acelera. Emite un pitido, otro, otro… que ella incorpora a su sueño. La enfermera lo oye. Acude corriendo. Abre la puerta.

—Tranquila —le dice desde la puerta—. Ha sido solo un espasmo.

Irune asiente desde su duermevela, pero sabe que no.

El zumbido vuelve. Es más intenso...

Líam ha vuelto con el chocolate, pero se da cuenta de que algo no va bien. Llama a Lambert, quien sale corriendo desde la sala de reuniones del hospital, donde instaló su centro de operaciones, y acude a la habitación. Mientras sube en el ascensor, se conecta en línea con la Task.

—Algo pasa. Todos atentos —dice.

En la habitación, Líam mira frustrado por no saber qué está ocurriendo. Clara se acerca a la cabecera y la acaricia con suavidad para que vuelva en sí poco a poco.

—…un campo abierto. Noche estrellada. ¿Noche? ¿Estrellas? —Irune sigue agitada por sus visiones y parlotea incoherencias.

— Estrellas… estrellas. Formas de mirar estrellas… —dice en voz baja, hablando en sueños de forma poco inteligible.

— …¿Silencio? Mirar en silencio las estrellas… el infinito …

Irune continúa en su mundo. Está de pie o cree estarlo.

— Mira arriba — dice la voz masculina en su cabeza. —Ella levanta la cabeza.

— Hay dos formas de contar estrellas: respirando o… — dice de nuevo la voz.

—¿Qué? No oigo el final.

Algo se activa en su cerebro y emite una señal que capta Cyber. El implante vibra sutilmente. Las imágenes no llegan completas a la mente de Irune; se superponen. Cyber avisa a Lambert de lo que ocurre cuando está entrando a la habitación.

—…un pasillo. Hospital. Estoy en el hospital. Un carro metálico. Manos empujando. Bata azul… — Una mano se detiene demasiado tiempo sobre su hombro.

—¡Ahora! — oye decir a alguien por un auricular .

No ve el arma, pero siente el impacto antes de oírlo y eso hace que se encoja en la cama.

—¿Irune? —la voz de la enfermera ahora es más cercana.

Ella no responde, porque el recuerdo no ha terminado.

—…¿qué? ¿qué edad tengo? ¿seis, siete años? Cables... cables en mi cabeza. Ordenador…

— Confía en mí — le dice su padre.

Y… por primera vez en su vida, algo en su voz no encaja. El zumbido se corta.

Silencio absoluto .

Irune jadea, como si acabara de salir del agua tras aguantar largo tiempo la respiración. Clara trae del baño un paño húmedo y lo pone sobre su frente.

—¿Qué le ocurre? —pregunta alguien fuera de su cabeza. Reconoce la voz del inspector .

Ella gira la cara lentamente, de un lado al otro, sobre la almohada.

—No son recuerdos —dice Cyber al fin, mientras Lambert contempla la escena, en la habitación—. Son… activaciones.

El inspector se queda inmóvil. Lamber observa a la joven detenidamente, queriendo descifrarla de algún modo.

—¿Activaciones de qué? —pregunta Líam, que ha oído a Cyber por el auricular.

—¡Shhh! Ahora no, Ferrero —le interrumpe el Lead, llevándose un dedo a los labios.

El monitor vuelve a acelerarse. Clara pasa el paño húmedo por toda la cara. Irune se lleva una mano en la sien mientras realiza unas respiraciones profundas; como si quisiera tomar contacto con la realidad tras despertar de un sueño largo y agitado.

—No creo que le estén suministrando recuerdos —interviene Bío—. Los recuerdos son suyos.

—Está recibiendo información—dice Cyber—. Me atrevería a decir que la están preparando suministrándole datos que han activado trozos de recuerdos. Emocionalmente lucha contra algo.

Se hace el silencio de nuevo sin que nadie se atreva a romperlo. Todos observan. Solo se oye la máquina retomando el ritmo normal de las pulsaciones.

—Los implantes no guardan recuerdos   —asevera Cyber —. Los estimulan con micropulsos que el cerebro decodifica en señales.

El jefe de la Interpol lo entiende antes que nadie:

—Siguen queriendo sacarla del país. La quieren cómplice en la huida, pero ella tiene miedo —concluye .

En ese mismo instante, Irune abre lentamente los ojos. Se queda en silencio mirando a su alrededor. Trata de ubicarse en el espacio de la habitación.

—Líam, sácame de aquí. Quiero irme a casa —dice de repente, mirándolo fijamente mientras busca su mano.

Pero Lambert agarra a Líam del brazo y tira de él hacia afuera.

—Refuerza la seguridad en la puerta —ordena el Lead—. Día y noche. Ella sigue en peligro.

—Y… ¿Qué es eso de lo que hablabais? ¿Quién le suministra información? ¿Cómo?

—Tiene unos implantes híbridos bio-IA

—¿Unos qué?

—Unos implantes que aprenden con ella y de ella.

—No entiendo nada