El Prototipo Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

—Sí. Gracias —dice cogiendo la tarjeta y sujetando la mano de Líam entre sus manos—. Por favor, vigile a mi hija si la encuentra antes que yo. ¡Ah…! y cuide de ella si me pasara algo —añade—. ¡Extraoficialmente, claro! —exclama dibujando una sonrisa forzada .

—Me está asustando —comenta el inspector, frunciendo el ceño.

Los ojos vidriosos de Izel, más allá de su gesto forzado, le dieron a entender que aquello podía ir muy en serio.

—No se preocupe. Cuidaré de ella. No descansaré hasta saber qué está pasando. Y… por favor, contácteme. Tiene mi tarjeta. No puedo ayudarlas si me ignora.

—Sí, sí. Ande, deme un rato antes de presentarse en el despacho de Vera, ¿sí?

Líam asiente con un leve cabeceo y un parpadeo lento. No dice más. Izel, por su parte, con la cabeza puesta en encontrar a su hija en aquel dichoso hospital, en cuanto sale de la cafetería encamina sus pasos hacia el despacho del director. En el pasillo, la intercepta Leire.

—Señora Arnaiz, justo iba a buscarla.

—Pues aquí me tiene —contesta muy dispuesta—. ¿Ya saben dónde está mi hija?

—Mire, le acompaño a la sala de reuniones, donde el señor Vera y el señor Lambert la esperan —responde Leire, sin más explicación.

Aunque Izel tenía una exquisita educación estaba algo cansada de que la ningunearan y, sobre todo, vivía muy preocupada; así que nada más entrar, se dirigió al director, ignorando al otro individuo:

—Buenos días de nuevo, señor Vera. ¿Ya sabe dónde está mi hija?

—Señora Arnaiz —interviene Vera—, permítame presentarle al señor Arnold Lambert que quiere hacerle unas preguntas …

—Me parece fenomenal que este señor quiera hacer sus preguntas —le interrumpe, sin dejarle terminar las presentaciones—, pero yo solo tengo una y hasta que no tenga la respuesta no pienso contestar las preguntas de nadie.

Y apoyando las dos manos sobre la mesa, los mira a los ojos y vuelve a preguntarle a Vera:

—¿Dónde está mi hija? —Y sin darle tregua, da un golpe en la mesa con la palma de la mano y luego añade— ¡Quiero verla ya!

En ese mismo momento, entra en la sala el doctor Serrano.

Demacrado, con los ojos hinchados y con un humor de perros.

Lleva varios días durmiendo muy poco o nada y, cada vez que llega a su casa con la intención de descansar, vuelven a hacerle ir al hospital para endosarle algún nuevo marrón en aquel culebrón mexicano —nunca mejor dicho.

—Buenos días —dice Serrano, serio y sin dirigirse a nadie en especial—. ¿Esto va a ser así siempre?

—¡Hombre! —exclama Izel sarcástica al verle aparecer—. ¡Ya estamos todos!

—¿Qué es lo que ocurre ahora, Vera? No consigo dormir ni seis horas seguidas en cuatro días —dice, ignorando a Izel y a Lambert.

—¡De todo! —comenta nervioso el director, haciéndole señas con los ojos para que se callara—.

Este es el señor Arnold Lambert, de la Interpol —dice, remarcando el nombre de la agencia y elevando una ceja—.

Ha venido a interrogar a todo el mundo que tenga o haya tenido relación con Irune Salazar Arnaiz.

Por otro lado, la paciente no aparecía y la señora Arnaiz estaba muy preocupada —continúa, remarcando la frase y haciendo partícipe con ello al doctor de la información que se estaba dando en ese instante a la madre y a Lambert—.

No obstante, me ha comunicado el intensivista de UCI que la han despertado, pero que no recuerda nada —prosigue, poniéndole al día de las novedades para que nada le cogiera desprevenido—.

Parece que estaba en otro box por necesidades del servicio, pero la van a subir a planta en breve.

—Muy bien, pero ayer tuve una guardia muy larga y me han hecho venir con urgencia. Supongo que no era solo para informarme de que se perdió una paciente dentro del hospital o de que el señor Alber…

—Lambert —matiza Vera.

—…pues que el señor Lambert va a interrogar a todo el hospital, ¿verdad? —comenta Serrano, muy molesto, dejando claro que el caso Irune Salazar le tenía ya bastante quemado.

—Señor Serrano —dice Lambert—, he sido yo quien solicitó su presencia porque el caso ha pasado a ser de la Interpol y necesito interrogar a todos los que han tenido contacto con la Señorita Salazar Arnaiz.

—Siéntate, Carlos; por favor —trata de persuadirle Vera, echándole una mirada que Serrano traduce para sí de inmediato como: «No me jodas, Carlos, y siéntate de una puta vez; que no está el horno para bollos».

Luego, mirando a Lambert, y manteniendo una sonrisa de «Mona Lisa», Vera comenta:

—Yo voy un momento a mi despacho y luego me acerco a planta con la señora Arnaiz, para que vea llegar a su hija. Si le parece bien, le dejo con el doctor Serrano para que le haga las preguntas pertinentes y pueda marcharse a descansar .

—Perfecto —dice Lambert, mientras se prepara para interrogarle—. Pero luego quiero hablar con la señora Arnaiz; no lo olvide —añade.

—No, por supuesto. Soy el primer interesado. Cuanto antes se resuelva lo que sea que busque… antes podremos seguir con nuestras vidas.

Marcos Vera sale de la sala, acompañado de la señora Arnaiz. La deja unos instantes en la antesala de su despacho, con Leire, mientras él entra un momento para enviar un mensaje al busca de Serrano.

M. Vera: «No menciones de momento a los visitantes.

Luego hablamos».