El Prototipo Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—¿Por qué decidió concentrarse en ese coche en lugar de en el badén? —continúa el inspector.

—Como la calle estaba vacía, solo me llamó la atención el adelantamiento y el salto que dio; precisamente en un paso peatonal reductor de velocidad.

—Pero, aun así, continuó mirando al coche, intentando memorizar la matrícula, en vez de mirar al paso de cebra que ya sí debía tener usted encima ¿no? —insiste Santos.

—Pero… porque no había nadie en mi ángulo de visión. Estaba despejado.

—No muy despejado porque, de hecho, atropelló a la víctima. ¿No es cierto? —Santos vuelve a incidir en aquel detalle y continúa—. ¿En qué momento percibió que la víctima cruzaba la calle?

—Verla y el golpe fueron uno. Se me echó encima en décimas de segundo y no sé de dónde salió. Seguro que de alguna puerta próxima.

—¿Sabe si hay cámaras en la zona? —pregunta inmediatamente .

—Hay una al principio, pero no sé si captará algo a esa distancia. Esto era como a mitad de la calle.

—¿Ha visto ya las imágenes, inspector?

—No. El comisario Gómez me mandó a casa un par de días hasta que hablara con ustedes.

—Sí, pero nos han informado que usted venía por aquí a ratos —dice Santos, haciéndole saber que había hecho su trabajo—. Sigamos, inspector. ¿A qué velocidad estaba conduciendo? ¿Lo recuerda? —pregunta Salas.

—Está señalizado a 20 km/hora.

—Le ruego, inspector, que conteste a la pregunta —dice Santos—. ¿Recuerda a qué velocidad estaba conduciendo?

—Creo que debía ir a la velocidad indicada porque uno siempre coge despacio un paso de cebra elevado, pero no miré exactamente el cuentakilómetros, si es a lo que se refiere —comenta Líam.

—Señor Ferrero; estamos intentando evaluar si fue una distracción razonable o si hubo negligencia —explica Santos.

—Yo no iba rápido y lo cierto es que frené en seco en el momento en que la víctima golpeó el lateral. Fue todo muy rápido, pero ya había frenado cuando su cuerpo rebotó en el capó y rodó hacia el suelo.

—¿Recuerda entonces dejar de mirar la matrícula para mirar al paso de cebra? —quiere matizar Salas.

—Podría jurar que sí.

—Inspector, esto es sencillo. ¿Sí o no? —dice Santos.

—Mmm, a ver —titubea Líam, agobiado por la presión a la que le estaban sometiendo—.

El vaivén de los ojos de lejos a cerca es de décimas de segundo, pero creo que sí.

Volví los ojos al paso de cebra y en ese momento la vi impactando en el faro derecho y pegué el pisotón.

Una vez parado sentí el rebote en el capó, pero insisto que fueron segundos entre un golpe y el otro.

—¿Cree que podría haber evitado el accidente?

—Pues… la situación fue tan repentina que no creo que pudiera haber hecho nada para prevenirlo. Literalmente se me echó encima y frené en seco.

Pararon un momento para terminar de tomar sus notas antes de cambiar de tercio.

—Sobre el disparo a la víctima, ¿en qué momento se dio cuenta de que la mujer tenía un impacto de bala?

—Pues, como les expliqué antes, con la mano derecha separé un poco el hombro de la víctima para tomarle el pulso con el índice y el anular apoyados sobre la carótida, justo bajo la mandíbula. Y… fue cuando cogí el móvil para llamar cuando vi mis dedos con sangre.

—¿Es usted diestro? —pregunta el inspector Salas, dispuesto a cogerle en una contradicción.

—Zurdo, señor. Por eso tomé el pulso con la mano izquierda —contesta, percatándose de la intención de la pregunta.

—¿Con qué mano sostiene el móvil, señor Ferrero?

—Con la derecha; para marcar con la izquierda.

—Y ¿dice que el teléfono estaba manchado de sangre?

—Sí, señor.

—Pero marcó con la izquierda y la mano manchada era la derecha. ¿Cuándo vio la sangre en el móvil?

—Es que llevo el móvil en el bolsillo interior de la chaqueta y no hay otra forma de sacarlo que, con la mano derecha; para luego marcar con la izquierda. Para mí es lo más cómodo .

El inspector Salas se limita a asentir y a tomar nota de aquello. Luego, continúa con el interrogatorio.

—¿Cree que podría haber influido el disparo en la caída de la mujer sobre el capó de su coche? —pregunta ahora Santos.

—Totalmente. La víctima recibió el disparo e impactó contra el faro, para caer luego sobre el capó. Al recibir un impacto en el hombro izquierdo uno tiende a levantar el hombro, lo que hace que caiga de frente sobre el capó y ruede hasta el suelo.

—¿Es usted también analista, señor Ferrero?

—No, señor. Disculpe. Es que aquí somos pocos y trabajamos codo a codo con la analista. Estoy harto de verlo.

—¿Y en el suelo, también cayó boca abajo? —pregunta Salas, queriendo de nuevo pillarle en alguna incoherencia.

—No. Cuando salí del coche, para ver cómo estaba, la encontré de lado. Entonces le aparté el hombro un poco para tomar el pulso en la arteria y es cuando debí mancharme de sangre —contesta.

Salas no dice nada más al respecto. Se limita a tomar notas de nuevo.

—Entonces, ¿usted cree que cuando impactó contra su coche ya le habían disparado? —quiere saber Santos.

—Yo diría que sí. Cruzó siguiendo el impulso que llevaba, pero todo indica que lo hizo sin mirar.

—¿La culpa, entonces, fue de ella? —pregunta de nuevo, aunque de forma capciosa.

—Bueno, no fue culpa de nadie. Fue un cúmulo de circunstancias. Además, habrá que ver las imágenes de la operación y la trayectoria de la…

—Inspector Líam Ferrero, ¿nos está diciendo cómo tenemos que hacer nuestro trabajo? —le interrumpe Santos .

—No, señor.

Tras unos segundos de incómodo silencio, Óscar Santos hace dos últimas preguntas.

—¿Cómo se sintió en ese momento en el que se dio cuenta de que acababa de atropellar a alguien? —interroga.

—Bueno, lo primero fue asustarme. ¡Lógico! Aunque he visto de todo, no suelo ir atropellando gente. Pero cuando vi el disparo me quedé algo más tranquilo, porque eso planteaba varias circunstancias además del atropello.

—Después de que llegara la ambulancia usted decidió seguirla.

—Sí. Fui tras la ambulancia y me aseguré de que la víctima quedaba bien atendida.

—¿Se encontraba en condiciones de conducir?

—Pues sí. Había pasado un rato cuando vino la ambulancia y, además, yo pensaba más en el disparo que en el atropello en sí.

—De acuerdo, inspector Ferrero. Eso es todo de momento. Ahora vamos a valorar el resto de pruebas y, si nos queda alguna duda, le llamaremos.

Líam asiente con la cabeza y se levanta para irse. Al llegar a la puerta, el inspector jefe le pide que llame al comisario Gómez.

El interrogatorio generó en Líam bastante tensión y le impactó emocionalmente hasta el punto de comenzar a dudar de si era o no culpable, o de si pudo o no haberlo evitado.

De alguna forma, había empezado a plantearse que era responsable del accidente; aunque ciertas circunstancias, como el disparo, no estuvieran bajo su control directo.

Avisado por Líam, el comisario Gómez se presenta en la sala.

—¿Qué tal ha ido, señores ?

—Aún no podemos decirle nada —comenta Santos—.

Muy al contrario, necesitamos ver con usted las imágenes de la cámara que parece que hay al principio de la calle.

Y… tráiganos una copia del informe de balística, para cotejarlo con las fotos o el vídeo de la intervención quirúrgica; así como las visitas e interrogatorios a los vecinos de la zona que, supongo, ya habrán hecho, ¿no?

—Sí. Lo tenemos todo. Si me acompañan al despacho les muestro las imágenes de la calle y les entrego copia de lo que tenemos del caso.

∆∆∆

Tras el interrogatorio, y el visionado de las cámaras de seguridad de la calle del accidente, se llevaron toda la información a la sede para tratar de reconstruir la cronología de los hechos, analizar la trayectoria de la bala, averiguar si el disparo se hizo antes o después del atropello y comprobar las declaraciones de los testigos de la calle.

Trabajaron hasta altas horas de la madrugada para llegar al fondo del asunto y no dejar ningún cabo suelto que pudiera inclinar la balanza hacia una inhabilitación por accidente imprudente.

Al fin llegaron, por consenso, a la conclusión de que la versión del inspector parecía consistente y estaba en coherencia con las pruebas analizadas.

A media mañana, comunicaron al comisario Raúl Gómez, de manera oficial, que el informe era favorable.

La Unidad de Asuntos Internos exoneraba a Líam Ferrero Robles y determinaba que, a tenor de las pruebas examinadas y del interrogatorio realizado, el accidente fue una combinación de circunstancias desafortunadas, sin negligencia grave por su parte.

A partir de ahí, cedían los análisis realizados sobre la trayectoria de la bala y sobre el ángulo y la altura del disparo al comisario Gómez; por si fuera de utilidad para adelantar en la resolución del caso en sí. Nuevamente, el asunto quedaba en manos de la comisaría del distrito.